lunes, 22 de febrero de 2010

LA INJUSTICIA P. L. CASTELLANI


LA INJUSTICIA

"El amor a los enemigos no excluye la lucha contra la
injusticia que está en ellos; antes a veces la impone."


H
oy le saqué al viejo un artículo que escribió sobre la injusticia, aunque el título que le puso, para adaptarse al temario, fue Reflexiones sobre la justicia. Lo escribió para un certamen o juegos florales que hicieron en Brescia, para conmemorar el centenario de la aparición de la Psicología y la Ética de Rosmini, los hermanos del Instituto de la Caridad. Contra todo lo que presumíamos ¡sacó un accessit! Estaba tan contento de este modestísimo triunfo que se daba por satisfecho del trabajo de escribirlo en la cárcel sin libros y de haberlo traducido al italiano sin diccionario. El accessit no comportaba ni una sola lira; la honra tan sólo. Lo publicaron los hermanos en una revistucha con el pseudónimo de Aureliano Martínez Robles.

Aquí se ve lo que hubiera producido este viejo cascarudo de tener los incentivos normales que tiene un escritor en su vida; cuando en medio del desierto de hielo en que vive es capaz de sacar de sus entrañas, como una araña flaca, tal cual parsimoniosa tela.

Reflexiones sobre la Justicia.

La injusticia es el disolvente más tenaz que existe.

Una injusticia no reparada es una cosa inmortal.

Provoca naturalmente en el hombre el deseo de venganza, para restablecer el roto equilibrio; o bien la propensión a responder con otra injusticia; propensión que puede llegar hasta la perversidad, a través del afecto que llaman hoy resentimiento.

Es, pues, exactamente, un veneno moral.

Hay una sola manera de no sucumbir a sus efectos: ella consiste en aprovecharlos para robustecer en sí mismo la decisión de no ser jamás injusto con nadie. ¡Ni siquiera consigo mismo!

Con ayuda de los dolores que provoca en el alma la injusticia sufrida –que en los seres de gran temple moral son extremados-, hay que saber ver la fealdad y la deformidad de las propias injusticias-posibles, pasadas y futuras; y de la injusticia en sí.

El que ha sufrido una gran injusticia en sí mismo, y no ha respondido con otra, no necesita muchas consideraciones para contemplar el punto de San Ignacio de Loyola: “considerar la fealdad del pecado en sí mismo, aun dado caso que no estuviese prohibido”. Vemos la fealdad del pecado más fácilmente cuando otro nos lo inflige, que cuando nosotros lo inflingimos.

Devolver injusticia por injusticia, o golpe por golpe, no remedia nada. La venganza, que dicen es “el placer de los dioses”, es un placer solitario y estéril. La vindicta es el placer de los dioses, así como el quijotismo es su deporte.

Nada más común en nuestra época que la indignación por la injusticia: es una de las características de ella. Esa indignación es natural; y nadie dirá que sea mala. Pero el remedio que se busca ordinariamente es malo, porque casi siempre implica otra injusticia.

Repartir la tierra a los campesinos: para eso hay que arrebatarla primero por la violencia –y con injusticia en muchos casos- a los boyardos. Los boyardos cometían injusticias con los mujicks; sea: los tenían reducidos a un estado de primitivismo, les sustraían quizá el salario justo, pecado que según el catecismo “clama al cielo”.

Pero el bolchevismo, que usó como instrumento político el estribillo “¡la tierra a quien la trabaja!” ha acabado por socializar la tierra y convertir al Estado en el Gran Boyardo, de manos más duras y corazón más pétreo que todos los otros juntos.

Pagar con una injusticia la injusticia aumenta la injusticia. El péndulo empujado de un extremo se va al otro; y comienza el movimiento interminable del mal, “el abundar la iniquidad”, que dijo Cristo destruiría en los últimos tiempos hasta la misma convivencia.

Esta actitud de digerir la injusticia resulta a la postre la mejor venganza. En efecto ¿qué se propone el odio? El odio se propone –o busca inconscientemente, pues hay odios inconscientes- esencialmente destruir. ¿Qué es mejor venganza que ofrecerle el resultado contrario, el ensanchamiento del alma propia, la purificación y mejora de la vitalidad interna?

Pero ¿dónde está la alquimia que convierta ese veneno en medicina y alimento?

“La ponzoña más dura y obstinada
es la injusticia social...
Una injusticia que no es reparada
es una cosa inmortal...”.

Si ¿dónde está el medio? Séneca decía: “Si alguien te ofende no te vengues: si el ofensor es más fuerte que tú, tenle miedo; si es más débil, tenle lástima”.

Esta consideración, pronunciada a un hombre bajo el peso de una injusticia real y seria, tiene la virtud de ponerlo prodigiosamente furioso.

El medio de digerir la injusticia es un secreto del cristianismo. Es la actitud heroica, y aparentemente imposible a las fuerzas humanas, devolver bien por mal, de bendecir a los que nos maldicen.

El Evangelio contiene muchos secretos, muchos abismos de filosofía moral. El Evangelio asume a Séneca a las alturas de la eficacia total.

Las fuerzas psicológicas del hombre son limitadas y pueden sucumbir a un gran dolor moral.

“Consolar al triste...” – y eso no con palabras sino con ayuda verdadera, es la mayor de las obras de misericordia.

Un gran dolor moral no consiste en un conjunto de imágenes lúgubres que se pueden espantar o apartar con reflexiones, distracciones o palabrería devota, como creen los santulones. Es pura y simplemente una herida, a veces una convulsión y una tormenta, que puede descuajar el alma y romperle sus raíces.

Un gran dolor no pasa nunca como un nublado tras del cual nace el sol, según la manida metáfora. Penetra en el alma, la cambia, se incorpora a ella y permanece ya para siempre. ¿En que forma permanece, como veneno o como espuela? Ese es el problema.

Un golpe grande que carezca del adecuado lenitivo puede desmoralizar para siempre a un hombre, intimidarlo, anularlo –y aun amargarlo y pervertirlo. Ése es su gran efecto natural. Recordemos al Sylas Marner de la gran novelista inglesa María Evans.

Todos los remedios de la filosofía, elaborados tan sabiamente por Séneca y Boecio, son de efecto local; y en los casos graves son del todo insuficientes. Sólo el amor cura las heridas del alma. Y sólo un amor sin medida las heridas desmedidas.

Cristo amó a la humanidad de ese modo.

El amor del prójimo es el único remedio de la injusticia social; pero el amor que trajo Cristo es un amor desmedido. Él le señaló caracteres enteramente excepcionales: tiene que ser de obras más que de palabras, tiene que llegar hasta a amar al enemigo, y dar la vida por el amigo.

Y para diferenciarlo de la caridad farisaica, el Maestro señaló su raíz, que es la justicia, y su flor, que es la misericordia. “Dais limosnas, pero habéis abandonado lo fundamental de la Ley, que es la misericordia y la justicia...”.

En este gran remedio del veneno de la injusticia, que es ahogarla en el amor, se cumple quizá la promesa de Cristo a sus discípulos: “Et si mortiferum quid biberint, nihil eis nocebit”. Beberéis venenos y no os harán ningún daño. El resentimiento es literalmente un veneno.

Esto no nos fue dicho, obviamente, para que bebamos cianuro a ver qué pasa, sino para que tengamos confianza cuando nos sintamos psíquicamente envenenados.

Éste es el milagro que dijo Cristo harían sus discípulos “mayores de los que Él hizo”. Claro que él también lo hizo primero.

Pero qué gracia, Él era Él.

Amar a los enemigos parece imposible psicológicamente; sobre todo cuando uno los tiene; y más aún cuando los tiene encima. No se puede aprehender a la vez a un hombre como enemigo y como amable; y nuestro amor depende de nuestra aprehensión. No puedo amar sino lo que es “bueno para mí”.

Además, parecería que eso de amar a todos destruye la actividad moral, paraliza la lucha contra el mal, infunde una apatía y una inercia budista, convierte a la sociedad en una tropa de borregos silenciosos o dulzones.

Pero hay que advertir, al que hiciere estas objeciones tolstoyanas o gándhicas, tres cosas:

Jesucristo no dijo que “no hay enemigos” como Buda; al mandarnos amar aún a nuestros enemigos, implica esa gran división entre los hombres, y no deroga el natural amor a los amigos, mayor que a los enemigos.

Jesucristo no dijo: amad más a vuestros enemigos o amadlos igual que a vuestros amigos… Eso sería contra el orden de la caridad, cualesquiera sean las expresiones acaloradas de los santos, cuando tomados de la locura de la Cruz parecerían a veces expresar lo contrario.

Jesucristo dijo: “Amad a vuestros enemigos”: pero no dijo: Poneos en las manos de vuestros enemigos.

Cuando no hay jueces capaces de irrumpir contra la iniquidad cunde la injusticia, se propala el resentimiento y se vuelve casi imposible la convivencia. Esto profetizó claramente nuestro Redentor: “Porque abundó la iniquidad se resfrió la claridad en la mayoría”. Como una de las partes de la claridad es la amistad cívica, que Aristóteles explica es la base de la convivencia, se sigue que el resentimiento vuelto plaga endémica pone a la sociedad en condiciones casi invivibles. Eso es lo que esta pasando hoy.

El resentimiento esa especie de rencor abstracto ha sido bastante explicado por Nietzsche y Max Scheler para ser ignorado por nadie. Basta abrir los ojos, tropezamos con él a cada paso.

El “resentimiento”, así con comillas, no es vulgar rencor, odio o despecho; es indignación reprimida mal o insuficientemente, por fuerza y no por razón, que se irradia concentricamente de objeto en objeto y de zona en zona anímica, hasta contaminar, cosa curiosa, el mismo entendimiento. Hay hoy día ideologías de resentidos expuestos en lenguaje científico y con las mayores apariencias de objetividad. Max Scheler ha descubierto el resentimiento en las ideologías socialistas, en muchas herejías medioevales, en la apostasía del emperador Juliano –en lo cual le precedió la aguda observación de San Gregorio- y hasta en el libro DE CONTEMPTU MUNDI del Papa Inocencio II.

Pero esta definición del resentimiento y su análisis en:

Indignación por una ofensa
represión violenta,
tristeza,
ansia de vindicta o venganza,
desplazamiento concéntrico a objetos lejanos
irradie sentimental
contaminación intelectual

son cosas pedantes. Bergson lo definiría rápidamente:

ira ulcerada o bien
rencor en septicemia.

Esta septicemia no tiene más penicilina que una gran inyección de amor tan tremenda que sólo es posible por la Fe y por la Gracia –ayudados de intermediarios humanos, como suele Dios hacer sus cosas. “Dios y ayuda” como dicen en España.

El amor a los enemigos no excluye la lucha contra la injusticia que está en ellos; antes a veces la impone.
Hay algunos que tienen la misión o el deber profesional de luchar por la justicia. Sea que ella nos alcance personalmente o no, la injusticia es un mal terrible, perceptible a los que poseen el sentido moral –sexto sentido que diferencia al noble del plebeyo- y luchar contra ella es obra de procomún, aunque en ocasiones parezca como una locura. Don Quijote tuvo esa locura, que en el ideal caballeresco, creado por la Iglesia en Europa, no era locura.

Decía uno:

Dios que permitiste contra
mí, la mayor injusticia
y vida nueva y caricia
me das ¿para qué? ¡Recontra!
Tu ley santa me confronta,
primero perdonaré
y después olvidaré
y habiendo vida y milicia
lucharé por la justicia
y un día veremos qué.

Hombres hay que la injusticia
no pueden tragar ni ver
pues los enferma, anoser
que luchen por la justicia
morirían de ictericia
si no luchan. Dejenlós
quijotes los llaman los
emboscados, que son tantos
ellos son locos o santos.
a mi me hizo de ellos Dios.

Unos locos y otros santos
son; y otros entreverados
yo nací por mis pecados
de estos que hoy ya no son tantos.
Llena de lacras y espantos
esta época no los pare
quien hallarlos deseare
no vaya a cortes de rey
porque ellos nacieron buey
¿y a dónde irá el buey que no are?...

Los que tienen el deber profesional de luchar por la justicia son los jueces (los juristas), los gobernantes (los pastores) y los soldados (los guerreros). Desgraciadamente la época moderna ha transformado a los jueces en máquinas, a los gobernantes en economistas y a los soldados en militares; y padecemos una gran escasez de caballeros andantes.

Los caballeros andantes son los que tienen, más que el deber profesional, la pasión, la manía y el vicio de la justicia. Esta disposición natural –sea temperamental, sea adquirida- de suyo debería coincidir con el deber profesional; de hecho hoy día andan los dos a veces separados. De suyo, así como sacerdotes deberían ser ordenados los que tienen carismas, así jueces deberían ser nombrados los que tienen quijotismo, como pide la ESCRITURA: (ECLI., VII-6) “Noli quarere fieri judex, nisi valeas virtute irrumpere in iniquitates; ne forte extimescas faciem potentis, et ponas scandalum in cequitate tua”. El juez débil no sólo no hace bien, pero causa escándalo: porque se espanta a la faz del potente; por lo cuál, el hagiógrafo pide al que quiere ser hecho juez –o gobernante- que tenga “fuerza para atropellar la iniquidad”; y simplemente disuade a todos de “buscar ser nombrados magistrados”.

Las reinas de la Edad Media se hacían perdonar de los leprosos la pompa y la alegría de una época quizá más feliz que la nuestra –pues tenía reinas santas en lugar de “estrellas” de cine- besándoles las llagas. Hoy día los leprosos se tienen que contentar con autógrafos. Rita Hayworth ha visitado el Leprosario de Barcelona. Los diarios de hoy lo cuentan; y cuentan una anécdota. Dicen que la Rita (la Gilda) recorrió el lazareto acompañada de una monjita joven y no mal parecida, que allí presta sus servicios. Al salir se volvió a ella y le dijo:

-Hermana, yo no haría lo que usted hace aquí por un millón de dólares.

La española le contestó muy templada:

-Yo tampoco.

Esta anécdota es muy vieja: me la contaba a mí mi difunta abuela cuando yo era niño de teta.

La represión del natural deseo de venganza por razones intelectuales o por amor de Dios produce en alma esa “hambre y sed de justicia” a la cual se prometió la bienaventuranza. Ella es la sublimación del rencor y de la natural pasión por la vindicta; pasión por el restablecimiento del equilibrio moral. El odio a la injusticia padecida se convierte en horror de la injusticia padecida por los otros. Los sentimientos heridos no se cicatrizan –como pasa por el olvido en las heridas pequeñas- sino que comienzan, como si dijéramos, a sangrar hacia arriba. Por eso nuestro Salvador lo comparó a una pasión tan pertinaz y luchadora como el hambre.

“Esto que me ha pasado jamás cicatrizará”, se oye decir a veces: “Sí que cicatrizará” es la respuesta vulgar, a veces falsa. Tiene razón el herido muchas veces. La respuesta exacta es: “Conviértete en un herido de Dios, deja atrás a los hombres. Sé místicamente cruel contigo mismo”.

Esa herida siempre abierta nos hace solidarios del dolor del mundo; nos establece en comunidad con todos los que sufren; y hacerse solidario del dolor del mundo fruto del pecado fue la razón de tomar cuerpo y naturaleza humana el Verbo de Dios. Hombre sin pecado. San Pablo decía que llevaba en su cuerpo los estigmas del Cuerpo de Cristo: y que su vida real estaba escondida con Cristo en Dios. Hombre en medio de los hombres, capaz de interesarse por todo lo que era humano, lleno de virtudes sociales, o como dicen hoy, de “humanismo”, ganándose el pan con sus manos y predicando la salvación con desinterés sumo y en medio de riesgos y molestias indecibles, el Apóstol de los Romanos, llevaba escondida su llaga secreta, que era la razón de su poder. “Mi debilidad es la razón de mi fuerza”. “Cum infirmor tunc fortior sum” (“Cuando soy débil es cuando soy más fuerte”).

Nunca fue más fuerte que cuando atadas las manos, inclinó el cuello a la segur del verdugo. Entonces fue saciada su sed de justicia y las palabras de sus cartas, pasadas de sangre, se volvieron eternas.

Todo esto es más o menos sabido, pluguiera a Dios que fuese practicado. Que esta época es dura e injusta, todos lo dicen. Que esta época es la peor época que ha existido, lo han dicho hombres parecidos a nosotros en todas las épocas.

Lo que interesa sería saber qué va a salir de todo esto.

Pues bien, no pueden salir más que dos cosas, o una restauración de la justicia o la ruina total de la convivencia.

O se produce una gran efusión de amor fraterno, que habrá de tener caracteres casi milagrosos, por el cual sea restaurada la justicia en todas partes, arriba y abajo, en la Iglesia lo mismo que en el Estado, en la sociedad y en la familia, en la vida pública, en el comercio y en el trabajo, en las leyes externas y en el corazón de los hombres –que es de donde todo lo demás brota…

O las actuales de condiciones de iniquidad campante y triunfante se continúan y multiplican, prevalecen de más en más los sin corazón y sin ley –“sine afectione absque foedere, sine misericordia”- se produce un universal e implacable sálvese quien pueda y las masas egoístas y atemorizadas caen bajo el poder de los tiranos violentos y mistificadores sutiles, o de esa mezcla de ambos que ha de ser el Gran Emperador Plebeyo; ese “Hombre de la Iniquidad” que hace ya dos mil años la Cristiandad apoda con el dictado apostólico de Anticristo.



Texto: CASTELLANI, Leonardo: Los papeles de Benjamín Benavides. Bs. As., Dictio, 1978, Parte Cuarta, Cap. III.


EL CREDO DEL INCRÉDULO


EL CREDO DEL INCRÉDULO


Evolución: una de las creencias populares de los incrédulos.

CREO en la Nada Todoproductora d'onde salió el Cielo y la Tierra.

Y en el Homo Sápiens su único Hijo Rey y Señor,

Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.

Nació de Santa Materia

Bregó bajo el negror de la Edad Media.

Fue inquisionado, muerto achicharrado

Cayó en la Miseria,

Inventó la Ciencia

Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.

Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.

Creo en el libre pensante

La Civilización de la Máquina

La Confraternidad Humana

La Inexistencia del pecado,

El Progreso inevitable

La Rehabilitación de la Carne

Y la Vida Confortable. Amén.






Extraído de
“Las ideas de mi tío el cura" Leonardo Castellani.


HILLARY CLINTON IRÍA A URUGUAY Y CHILE PERO EVITARÍA IR A LA ARGENTINA

Se estaría por confirmar en las próximas horas un viaje de la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton a la región Sur de las Américas.

Clinton estará -según fuentes no oficiales- en Montevideo el lunes 1 de marzo para la asunción oficial del gobierno de “Pepe” Mujica en el Uruguay. Saldría desde Washington en un avión oficial, acompañada de otros funcionarios y periodistas norteamericanos, el domingo 28 y volaría directo hacia Montevideo.

Luego la Secretaria Clinton viajaría a Santiago de Chile en la noche del 1 de marzo y permanecería allí en el trasandino país hasta entrada la tarde del 2 de marzo, momento en el cual el avión norteamericano viajaría hacia el Brasil (habrá que esperar el detalle final, pero se rumorea que visitará San Pablo y Brasilia).

En Santiago de Chile conversará con el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera -que asume el 11 de marzo- y mantendrá una reunión con la saliente mandataria, Michelle Bachelet.

En Brasil -encuentro que se venía anticipando hace tiempo- tendrá una entrevista con su par Celso Amorim seguramente en Itamaraty, reunión que se estima para el miércoles 3 de marzo. Entre los temas de la agenda bilateral entre ambos países, posiblemente se incluyan los recientes contactos “brasileños” con Irán que le preocupan a Estados Unidos. También se hablará de comercio bilateral, incluido los biocombustibles, que tanto interesan a ambas partes.

Luego la Secretaria volará hacia Centroamérica a un encuentro de Libre Comercio que se celebrará en Costa Rica, y posteriormente terminará su gira en Guatemala, para retornar finalmente a Washington el fin de semana siguiente.

Como vemos, visitará a los vecinos argentinos, pero no está incluido Buenos Aires en su periplo. Una situación similar a la vivida con la ex Secretaria Condoleeza Rice, en marzo del 2008.

Seguramente de confirmarse esta gira, será una nueva instancia en la que se “note” que la relación con Argentina no está prioritizada. El funcionario de más alto rango estadounidense -que estuvo en Argentina hace unos dos meses- fue el Subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, que como recordamos tuvo un “encontronazo” con la administración kirchnerista al citar en una conferencia de prensa en la Embajada norteamericana en Buenos Aires el haber oido de los empresarios norteamericanos “cierta falta de seguridad jurídica”.

8 Comentarios »

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  1. mariandl dice:

    Para EE.UU. Argentina tiene una presidenta populista. Valenzuela vino a lo que vino: a hacer lobby por Kraft. El nuevo presidente de Chile es del palo. Mujica, un bicho raro que hay que conocer de primera mano. Brasil, sabemos, un gran “mercado” y proveedor de biocombustibles. Casi casi es una bendición que la doña Clinton no nos visite. Obama no es Busch… pero el imperio continúa.

  2. baires dice:

    cada dia mejore mejore, cada dia mejore mejore como dice la canción.-

  3. fab dice:

    Nos harìa una gauchada. Buena señal.

  4. javier dice:

    mejor!!! ni te vamos a extrañar gil-ari!!

  5. eugenio dice:

    Es loable destacar el cumplimiento de los objetivos k. Su objetivo era descolgar a nuestro país del mapa del mundo y lo han logrado. Claro que esto no nos beneficia en nada, y bueno.. paciencia.. Es curioso como algunos comentarios rescatan lo bueno que es que no nos visiten funcionarios norteamericanos, mostrando una enorme ignorancia sobre la historia y la dinámica de la economía mundial. En los años sesenta, cuando argentina tenía el tres por ciento de pobreza y no el treinta como ahora, lo que nos caracterizaba era que estábamos entre las “diez potencias comerciales del mundo”, además del elevado nivel de educación y profesionalización que tenímamos.

  6. hector dice:

    QUE BIEN NUESTRA CANCILLERIA BRILLANTE, CADA DIA MEJOR, ME PODRÍAN RECORDAR CUALES FUERON LOS PRESIDENTES EXTRANJEROS QUE NOS VISITARON ????? VAMOS ADELANTE, EL FAVOR QUE NOS HACEN DEJARNOS OUT, GILES DE SEGUNDA

  7. Juan Pablo Pablo dice:

    Claro cuando estaba Menem sí venían con su marido porque ese sí era un gobierno serio, no como este que son unos antiimperialistas.

  8. Marcos dice:

    Ver que muchos lectores se alegran por la no venida de la máxima representante de la política exterior de la primera potencia mundial es una prueba más de por qué Argentina sigue hundiéndose en el barro de la miseria y el atraso. Con mentes infradotadas como las de esta gente, nunca habrá otro futuro que no sea de más y más miserabilidad.

  9. JORGE dice:
    Tu comentario est� esperando ser moderado.

    con toda la podredumbre que tenemos en el país, ya no es posible soportar más olor nauseabundo, el gobierno aunque se dicen de políticas opuestas , tienen algo en común con esta bestia son anticatólicos y pro ABORTO unos zurdos y el otro liberal

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MÁS SOBRE LOS CARISMATICOS


Movimiento de la Prosperidad:
Echar el espíritu de Pobreza como si fuera un demonio
Los bienes terrenales como fin.
Avaricia. La aceptación de la doctrina protestante
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El Milagro como obligatorio:
El milagro no es un signo obligatorio del cristiano. Falsos milagros. La propaganda del milagro como prueba de fe. El Milagro por lo terreno y no por lo espiritual. La vanagloria del milagro. Ministerio de Sanidad como metodología protestante. La necesidad de ver para creer contra la bianaventuranza de los que creen sin haber visto.
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Biblia y sólo Biblia:
Libre Exámen (protestante). Rema, Pedir Palabra (autoridad "infalible" en el azar). Interpretación protestante y pentecostal de la Biblia.
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Ecumenismo:
La aceptación de los PANCRISTIANOS. (´Pio XII: "Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos.") .La negación explícita de la doctrina eterna de QUE FUERA DE LA IGLESIA CATÓLICA NO HAY SALVACIÓN". Se relativiza el INFIERNO, EL PURGATORIO, JESUCRISTO COMO JUEZ JUSTO, La importancia de la Verdad y de la Doctrina depositada en la Iglesia Católica. La incorporación de todo tipos de novedades en cuestión de Fe. La aceptación del pentecostalismo. Se practica la Communicatio in Sacris, penada por el vigente canon 1365 del Derecho Canónico.
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Música Sagrada:
Se mundaniza la música para Dios. La Sensualidad por sobre lo sagrado. Marcos Witt, Adrián Romero y la incorporación de toda música protestante para la Liturgia Católica. (...el artista, que no profesa las verdades de la fe o se halla lejos de Dios en su modo de pensar y de obrar, de ninguna manera debe ejercer el arte sagrado, pues no tiene, por así decirlo, ese ojo interior que le permita ver todo cuanto la majestad y el culto de Dios exigen. (...)
jamás serán dignas de ser admitidas en el templo por la Iglesia, juez y guardiana de la vida religiosa. S.S. Pío XII)
.
Exorcismo Protestante:
La aceptación de doctrinas pentecostales como católicas. La demonización de las tristezas y sufrimientos "provechosos" de la vida. La psicologización de lo espiritual. El endiosamiento del hombre. Se relativiza la naturaleza caída del hombre. Liberaciones a cosas a las que se debe estar sujeto (deberes de estado, compromisos religiosos, devociones, angustias, culpas, remordimientos, etc). Se prescinde del Orden Sagrado, del Agua Bendita, del nombre de la Virgen y de los Santos, etc.
.
Errores de la RCC:
No es católica (contradice la doctrina de siempre) y nació en la herejía protestante.
Niega la Jerarquía Eclesiástica en el orden sacramental e institucional. Adultera la liturgia, etc.
.
Cubrirse con la Sangre de Cristo:
La Sangre de Cristo aplicada por fuera de los Sacramentos y de las devociones católicas; consecuente con la doctrina protestante de Benny Hinn y otros pentecostales, haciendo un falso y libre exámen del pasaje bíblico: "Caiga su Sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos". Explica S. J. Crisóstomo y con él todos los padres de la Iglesia, que esta súplica es una MALDICIÓN que se dict contra sí mismo.
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Falsos Profetas:
Tergiversan las Escrituras y predicen cosas falsas. Enseñan Malas Doctrinas. El desconocimiento de la Doctrina de la Iglesia.
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El neopagananismo y liberalismo:
La división del mundo y del Reinado de Cristo: La aceptación de leyes ateas y anticristianas: (Divorcio, Aborto, Matrimonio Libre, Libertad Política, etc). Control de Natalidad, Anticonceptivos, Contraceptivos. La impudicia y la aceptación de toda moda. La posibilidad de hacer el bien sin la Gracia.
.
Afirmarse a Sí mismo:
Contra el consejo evangélico "Niéguese a sí mismo y tome su Cruz" de Cristo. El hedonismo. "La imposibilidad de que me vaya mal". Los dones personales por sobre la Caridad. La exibición de milagros, de sacrificios. El testimonio de sí mismo como prueba de Dios.
.
Imposición de manos:
"¿qué autoridad tiene un laico para imponerlas manos sobre otro laico, o lo que es peor, sobre un Obispo o un Cardenal? ¿Quién les ha dado esa autoridad?No Cristo, que ha establecido el Sacramento de la Confirmación para conferir el Espíritu Santo; ni la Iglesia, que no sabe nada del Bautismo del Espíritu; ni el mismo Espíritu Santo, puesto que no hay pruebas en la Escritura o en la Tradición de que haya conferido tal autoridad."
.
Gnosticismo:
"Declara y se cumple". Un Superhombre que conoce los misterios del universo a través de su psíquis. Dominio sobre las cosas y el hombre ordenando a Dios, contra el "Hágase tu Voluntad" del mismo Cristo.
.
...Ampliaremos...

domingo, 21 de febrero de 2010

SERMÓN DEL POLVO P. L. CASTELLANI

He aquí las dos grandes mentiras del mundo. Pero no hay ninguna mentira que no tenga algo de verdad —una mentira pura no se podría sostener—. El mundo predica del hombre dos verdades: la grandeza de su alma y la miseria de su cuerpo. Pero ignora del hombre dos verdades: la miseria de su alma, que es el pecado original, y la grandeza de su cuerpo, que es la resurrección final.

Leonardo Castellani.

Sermón del polvo

Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris” (“Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás”).

El polvo quita la vista y el polvo devuelve la vista. En las comarcas de Tierra Santa, la tierra salitrosa y arenosa levanta un polvo finísimo y blanco, que por una parte reflejando vivamente la luz ardiente del sol oriental y por otra parte alzándose con el viento en nubes enceguecedoras, produce numerosas oftalmías y en muchísimos casos la ceguera. Cuando leéis los Evangelios, reparáis cuántas veces se nombra en ellos esta temible desgracia; cuántos ciegos no curó el Señor; la señal que dio a San Juan Bautista para indicarle que el Mesías llegó: “Los ciegos ven”; la comparación que usó en la parábola: “Si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo”.

A uno de estos pobres desdichados curó el Señor en las puertas del Templo, según nos cuenta San Juan en el capítulo IX, poniéndole en los ojos un poco de barro; escupió en el polvo, hizo un poco de lodo, se lo echó en los ojos y le dijo: “Anda a lavarte en la piscina de Siloé”.

Señor, ¿qué hacéis? ¿Polvo para curar a un ciego? ¿Saliva para curar la ceguera? La saliva que es cáustica y el polvo que es fricante, más bien volverán ciego a uno que ve, Señor, que no volverán los ojos a uno que no ve.

Dejadme hacer, dejad hacer al que es la Luz del mundo. “Y fue, y se lavó y vio” —dice San Juan— “volvió viendo, volvió sanado”.

Polvo tenemos en los ojos, polvo de la tierra nos tiene ciegos. Polvo son las riquezas, polvo son los honores, polvo son los placeres; polvo enceguecedor que nos impide ver. Mas la Iglesia, Madre nuestra ansiosa por sanarnos, Esposa de Cristo poderosa para sanarnos, nos echa este día un puñado de polvo a la cara, y a imitación de su Divino Maestro dice a los pobres ciegos: “Con lo mismo que te enfermó, yo te sano. Pero no con lo mismo: porque el polvo solo, el polvo de la tierra, no sirve para sanar, sino para enfermar más, si no se le mezcla la saliva de un Dios, es decir, la palabra de Dios”. Y la Iglesia mezcla a este polvo de la tierra una palabra de Dios, una palabra tomada del Libro del Génesis, una palabra sencilla, verdadera y cáustica.

“¡Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás!” (Libro del Génesis, III, 19).

Si nos pusiese solamente ceniza en la frente para recordarnos la muerte que ha de reducirnos a polvo, no curaría la Iglesia nuestras llagas, sino más bien aumentaría nuestra tristeza; y la tristeza no es el remedio de nuestros males. ¡Bastante tristeza nos da este siglo inquieto! A este asilo de paz, a este puerto de oración en medio del estrépito de la calle abierto, venimos precisamente algunas veces huyendo de la tristeza del mundo. Y bien, señores; no temáis, porque el polvo que allá fuera enferma, aquí dentro sana; el polvo que la Iglesia nos pone en los ojos nos devuelve la vista, aunque sea cáustico en el momento de la operación; y el que ve, señores, no está triste: porque el que ve, sabe adónde va; porque el que ve, camina seguro; el que ve, no tropieza en la piedra ni cae en el hoyo.

Y por eso, Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de este día nos manda el ayuno, pero nos prohíbe la tristeza. “Cuando ayunéis —dice— no os pongáis tristes como los hipócritas”.

Y ¿cómo haremos para no estar tristes teniendo que sufrir el cuerpo? No poniendo nuestro tesoro en el cuerpo, que es polvo, ni en las cosas de la tierra, que son polvo, sino más arriba. “Y vuestro Padre que está en los cielos os lo pagará allá arriba. No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y el gorgojo los deshacen, el ladrón rompe y los roba. Amontonad tesoros en el cielo, donde ni polilla ni gusano deshacen, ni el ladrón rompe y roba”.

La polilla y el gorgojo son las miserias de esta vida; el ladrón es la muerte, y el tesoro es lo que buscamos y deseamos, nuestro ideal y nuestro último fin.

El mundo moderno ha exaltado demasiado al hombre y lo ha deprimido demasiado; lo ha adulado y lo ha calumniado, y alternativamente —contra la Iglesia, que le dice: “Tú eres polvo”—, le dice: “Tú eres un semidiós”, y después le dice: “Tú eres una podredumbre”. El mundo miente, y es condición de mentirosos tener que corregir una mentira con otra mentira más grande. El siglo de la filosofía del superhombre es el siglo de la filosofía del pesimismo; el siglo del confort y de los placeres es el siglo del bolchevismo y del pauperismo; y el siglo de los grandes hallazgos científicos, el siglo de las grandes miserias morales; el siglo pacifista es el siglo de la Gran Guerra; el siglo de las luces es el siglo de la ignorancia religiosa.

Yo hojeo nuestras revistas, nuestros periódicos, oigo nuestros doctores y nuestras universidades… ¿Y qué veo?

“Hombre —exclama el mundo— tú eres libre; no te sujetes. Tú eres rey; no obedezcas. Tú eres hermoso; goza; todo es tuyo. Pueblo soberano, tú no debes ser gobernado por nadie, sino gobernarte a ti mismo. Rey de la creación, la ciencia y el progreso ponen en tus manos la tierra toda. Animal erguido y blanco, tu cuerpo es hermoso, no lo ocultes. Tu cuerpo es la fuente y el vaso de un mundo de placeres: bébelos. El dinero es la llave de este mundo: procúratelo. Los honores, las dignidades, el mando son un manjar de dioses; la fama es el ideal de las almas grandes; la ciencia es la aristocracia del alma. ¡A luchar! ¡A arrebatar tu parte! ¡A triunfar! ¡A echar fuera a los otros! ¡Si eres pobre: asalto a los ricos! ¡Si eres rico: exprime a la plebe!”.

Señores, ¿y el gusano y la polilla? El semidiós, el superhombre se encuentra con el gusano y la polilla. Enfermedades del cuerpo, tiranía del pecado y del instinto, hastío de los placeres, temores en la riqueza, pequeñez del entendimiento, disgustos en el poder, miserias de la conciencia, limitación del alma; contrastes familiares, fracasos sociales, grandes desastres nacionales, polillas del polvo humano, ¡cuántas hay! y ¡cómo las llevamos todos escondidas y cómo han aumentado desde que la fe ha disminuido y el pecado crecido!

Y entonces, cuando comienza a deshacerse el ídolo de polvo en el que se había puesto el tesoro y el corazón, cuando la dura realidad tarde o temprano disipa los castillos basados sobre la mentira, ¡ah! entonces, señores, los maestros de la mentira os cantarán otra canción muy diversa, os consolarán con la canción del odio, el desencanto y la desesperación.

“Hombre: eres un absurdo, un enigma, una miseria. Tu nacimiento es sucio; tu vida, ridícula; tu fin es desconocido. Engañado por los fantasmas de las cosas hermosas que te prometen la felicidad, corres sin saber adónde, dando tumbos por la vida, hasta dar el gran salto del que nadie vuelve, a la noche de lo desconocido. Tu hermano, a tu lado, es un lobo para ti; tu superior, arriba, es un tirano; el apóstol que te predica, te engaña y te explota. No sabes nada de nada, no puedes nada contra tu destino. Tus ideales más grandes, tus ensueños más hermosos: el amor, la religión, el arte, la santidad… ¿quieres saber lo que son en el fondo? Son solamente sublimaciones del instinto del sexo que llevas en la subconsciencia. La vida no vale la pena de ser vivida”.

He aquí las dos grandes mentiras del mundo. Pero no hay ninguna mentira que no tenga algo de verdad —una mentira pura no se podría sostener—. El mundo predica del hombre dos verdades: la grandeza de su alma y la miseria de su cuerpo. Pero ignora del hombre dos verdades: la miseria de su alma, que es el pecado original, y la grandeza de su cuerpo, que es la resurrección final.

“Dios modeló al hombre del limo de la tierra y le sopló en la cara un viento de vida”, dice el Libro del Génesis. Por lo tanto, señores, el hombre está hecho de dos cosas: de cuerpo y de alma; está hecho de un poco de barro y de un soplo de Dios: una cosa inferior tomada de la tierra y una superior bajada del cielo. Que lo superior domine lo inferior, que el alma mande y el cuerpo obedezca: aquí tenéis el orden, la armonía, la felicidad; aquí tenéis el primer plan divino, el estado de inocencia original de Adán y Eva, el primer retrato de semidioses que nos hace el mundo. Pero la fe nos enseña y el mundo ignora que el hombre por el pecado subvirtió este orden, deshizo esta armonía, perdió esta felicidad, y entonces el cuerpo se sublevó contra la inteligencia, la carne se zafó de las manos del espíritu, la materia oprimió al alma. “Y conocieron que estaban desnudos; se avergonzaron, temieron la ira de Dios y se escondieron entre las hojas”. Es decir: el hombre sintió el castigo de su desobediencia, en la desobediencia de los miembros de su cuerpo y de las facultades de su alma, en el terrible desorden, guerra, tristeza que no tenían remedio, sino en la misericordia de Dios, porque el hombre culpable, herido en lo natural y despojado de lo gratuito, no podía redimirse a sí mismo.

Éste se llama el estado de la caída, el segundo que el mundo nos describe, cuando le pedimos un segundo retrato del hombre. El primer retrato es un semidiós, el segundo retrato es un gusano. Y mirad, señores, cómo miente el ciego guía de ciegos. Estos dos estados, estado de semidiós y estado de gusano, estado de justicia original y estado de caída, son dos estados históricos del hombre; porque, efectivamente, hubo un momento en que el primer hombre fue inocente y un momento en que fue irreparablemente culpable, pero dos momentos que no existen más ni volverán a existir, dos estados pasados, ya que el actual estado del hombre implica la caída y la redención, es el estado del hombre lapsus-reparatus, caído en Adán y redimido por Jesucristo Hijo de Dios y Señor nuestro.

Para librarnos de los engaños del mundo, de la seducción, la fascinación, la atracción del polvo de la vida, la Iglesia nos echa a la cara el polvo de la muerte. ¿Cómo haré, dice la Iglesia, para que el hombre no se aprecie demasiado y no se desprecie demasiado, para que no se ensoberbezca y no se desaliente? ¿Cómo haré para que en este tiempo de Cuaresma se abaje y se levante: abaje el cuerpo por el ayuno, levante el alma con la oración; para que desprecie los tesoros de la tierra y ponga su tesoro en el cielo? ¡Es tan irresistible la seducción de lo que se ve, de lo que se toca, de lo que se siente! Pues bien; lo haré ver, tocar, sentir qué cosa es lo que él desordenadamente ama. Llamaré en mi auxilio a la muerte. “Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”. ¡He aquí lo que os impide amar a Dios, he aquí lo que pone en peligro vuestra eterna felicidad! ¡Polvo!

En un antiguo auto sacramental del teatro español, aparece la Muerte armada de espada y daga para hacer un sermón a los hombres. ¡Qué gran predicador la Muerte! Entra la Hermosura, una gran dama vestida, adornada, engalanada; todo es seda y oro, todo jazmines y rosas; todo es gracia y gentileza; los hombres están locos por ella y ella está loca de sí misma. La Muerte la toca con su espada, y se convierte en un cadáver hinchado y repugnante.

No era necesario el ladrón, bastaba la polilla; no era necesaria la muerte, bastaba el tiempo, el tiempo… tranquilo e implacable marchitador de todas las flores, el tiempo con su calva, sus arrugas, su joroba, sus achaques. Pero como hoy han inventado ciertas pinturas y ciertos postizos para matar la polilla y hacer la guerra al Tiempo, vamos al ladrón, a la Muerte. Levantad la losa y mirad la hermosura tocada por la muerte: es un montón de podredumbre, una cosa que no tiene nombre en ninguna lengua. En esto ha parado todo: era, pues, una cosa caduca, pasajera, accidental. Pasó y se llevó mis tesoros, dirá el libertino; la felicidad de mi alma en la otra vida, la paz de mi alma en esta vida, la salud de mi cuerpo, la firmeza de mi carácter. ¡Oh, muerte, cuán amarga es tu lección para el que pone su fin en los placeres!

Entran las Riquezas, señores, pisando fuerte, mirando alto, vistiendo elegantemente, con gran cortejo de criados, de amigos y de parásitos. La Muerte lo toca, y el Rico se convierte en un esqueleto. Huyen los amigos, desaparecen los aduladores; y los parientes, con un ojo llorando y con el otro repicando, se apresuran a esconder bajo tierra al que se fue tan oportunamente. Se fue solo, con las injusticias que cometió para ganarlas, con las iniquidades que hizo para conservarlas y con los pecados que perpetró para gozarlas. En verdad os digo que los ricos difícilmente se salvan. ¡Oh, muerte, cuán amargo es tu recuerdo para el que pone su fin en las riquezas!

Entra el Poder, señores; entra un Rey con su corte, soldados, sabios, políticos, lanzas, clarines, cien pendones al viento. La Muerte lo toca, y todo se convierte en polvo: el polvo que fue Menfis, el polvo que fue Nínive, el polvo que fue Cartago, el polvo que fue Roma. La Muerte, señores, manda más que los reyes y es más duradera que las naciones. Pero la gloria —me decís—, la gloria queda. Sí, señores, la gloria eterna con que Dios glorificará a los pobres y humildes de corazón, la gloria eterna queda. No —me decís—: la gloria terrena, también la gloria terrena queda. ¡Ah, señores! ¿Qué es la gloria terrena?… Un día visitaba el sepulcro de los Escipiones, en Roma. Es un montón de ladrillos medio sepultado en un campo al lado de una calle polvorosa y solitaria. Un guardia lo acompaña al visitante por unos sótanos oscuros y húmedos y le explica que en la Edad Media los campesinos llevaron los mármoles para hacer casas y en la Edad Moderna unos bodegueros hicieron una bodega para guardar el vino, donde reposaban el poeta Ennio, Escipión Emiliano, el primer Africano y Escipión el Asiático. Este pedazo de hueso, este pedazo de húmero, es probablemente del primer Africano. Esta es la gloria de la tierra, señores. Un nombre en la historia: un pedazo de hueso que se muestra a los turistas.

Contra el Gran Ladrón nocturno ninguno puede. A todos espera, a todos alcanza, a todos vence. Ha vencido la Hermosura, el Poder, las Riquezas, las Naciones y la Fama: vamos a juntar a todo el mundo contra él, a ver si lo vence. Mueren los individuos, pero queda la especie; mueren los hombres, pero permanece el género humano; mueren las naciones, pero queda el Mundo. El Mundo contra la Muerte.

Señores, mirad qué es el Mundo. Nosotros somos hormigas al lado de todo el mundo, de los mares, de las montañas y de las estrellas. Los millones y millones de hombres con sus riquezas y sus posesiones, sus inventos; las maravillas del arte, de las letras, de la ciencia; los monumentos, las vías de comunicación, las máquinas; las grandes organizaciones y las grandes edificaciones eternas; el trabajo de siglos acumulado pacientemente para hacer una torre que llega hasta el cielo.

El Mundo Universo contra la Muerte. La Muerte lo toca, ¿y qué sucede? Sabemos lo que sucederá hasta en sus menores detalles. El sol se oscurece, la luna se pone de color de sangre, las estrellas caen del cielo como higos maduros, el mar se pone a dar bramidos, los hombres todos reunidos para hacer la guerra a Dios y su Cristo huyen despavoridos; y en medio de la tribulación más grande que ha habido desde el principio de los siglos y después de una tremenda aunque breve agonía, este mundo pasó y toda su gloria se convirtió en nada.

Señores, es menester decirlo: en el siglo del progreso indefinido, de la evolución creadora, en que muchos hombres, cansados de esperar la Segunda Venida del Cristo, dijeron: “No viene más” y dormitaron y durmieron.

Lo que la razón sospecha, la fe nos lo asegura: este Mundo, que tuvo principio, tendrá también fin. No sabemos el día ni la hora, pero sabemos que tenemos que vivir vigilantes. No sabemos si falta mucho todavía, pero sabemos que vendrá el Gran Ladrón cuando menos lo esperan.

Os he hecho un gran espectáculo de desolación y de ruinas; he tomado la Muerte y he reducido a polvo la carne del hombre, las obras del hombre y el mundo todo del hombre. Sobre este montón de ruinas, ¿qué queda, sino la tristeza y la desesperación? Así es, señores, si fuésemos filósofos pesimistas; pero somos hijos de la Iglesia; no somos cultores de la muerte, sino hijos de la Vida.

El autor del Libro del Eclesiastés, inspirado por el Espíritu Santo, después de haber mostrado amargamente la vanidad de las cosas terrenas, no concluye, señores, la desesperación, sino que concluye la moderación.

Después de haber recorrido la vanidad de los placeres que dan hastío, la vanidad de la ciencia que aumenta el sufrimiento, la vanidad de las riquezas, del poder, del nombre, de la fama, de la hermosura, el autor sacro irrumpe en conclusiones de sentido común, de moderación y de templanza. “Hay que despreciar todo lo caduco, hay que usar moderadamente de la vida, hay que usar también templadamente de los placeres y alivios que la hacen serena y llevadera, y sobre todo hay que temer a Dios, cumplir sus mandamientos y recordar su juicio”. “Teme a Dios y observa sus mandamientos, porque esto es todo el hombre”.

Es curioso que no dice: “Cumple los mandamientos de Dios, porque eso es el alma del hombre. El cuerpo es polvo; cumple los mandamientos para salvar tu alma”. No, señores: “Cumple los mandamientos, porque eso es todo el hombre, cuerpo y alma”. Señores, el que se salva, salva su cuerpo y su alma: envía su alma al cielo y envía el montón de polvo de su cuerpo a la tierra, como semilla de resurrección.

Hombre verdaderamente sabio, prudente y juicioso, señores, el que se salva. No nos está prohibido desear riquezas, sino desear riquezas mentirosas. ¿Cómo se pueden asegurar las riquezas contra un ladrón? Mandándolas a la caja de seguridad. Ese es el consejo de Cristo: por medio de la limosna, enviad vuestras riquezas donde no hay ladrones, para que allá os esperen.

¿Cómo se puede asegurar el grano de trigo contra el gorgojo? Hay que sembrarlo. Es el consejo de Cristo: “Si el grano se hunde en la tierra y muere, después brota y hace grande fruto”.

Así nuestros cuerpos, hundidos por la humillación, deshechos por la mortificación, pulverizados por la muerte, brotarán un día con nueva vida y florecerán como rosas bajo el sol de la Inmortalidad.


Tomado del libro "Cristo, ¿vuelve o no vuelve?"


SANTA IGLESIA CATÓLICA versus Iglesia consiliar

CONTRASTES ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR (II)

Continuando nuestra saga, hablemos sobre la Misa.

Para la Iglesia Católica, la Santa Misa es un verdadero sacrificio en que se inmola de modo incruento Aquel que se ofreció de modo cruento en la Cruz. Es decir, la renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario (por esa razón existe el Altar).


En el Santo Sacrificio de la Misa, se renueva incruentamente la Pasión de Cristo.

En la Iglesia Conciliar (específicamente desde la publicación de la Misa de Pablo "VI"), ya no hay Sacrificio, sino un banquete seglar. Dicho en pocas palabras, un culto protestante o una ceremonia judía.


Con la Misa del Novus Ordo, ¡El verdadero Sacrificio ha sido reemplazado por una comida! (Si no, ved la mesa).

(Continuará)

sábado 7 de noviembre de 2009

CONTRASTES ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR (I)

Son muchas las diferencias entre la Iglesia Católica y la Iglesia Conciliar, pero como escribir es agotador, decidí emplear imágenes en esta larga serie. Por algo se dice: "una imagen vale más que mil palabras".

Hoy trataré sobre las misiones:

La Iglesia Católica busca predicar la Verdad Absoluta, que es Jesucristo, y que las personas salven sus almas perteneciendo a su única Iglesia.


Niños adorando la Cruz (Foto: Misioneros Javerianos en China, Viernes Santo de 1925)


La Iglesia Conciliar corrompe la Doctrina con filosofías vanas y se prostituye con las costumbres impías de las naciones.


"Juan Pablo II" en su viaje a África (1980)

(Continuará)

Fotos cortesía de Radio Cristiandad y Tradición y Patria 1492.

SANTA IGLESIA CATÓLICA versus Iglesia consiliar

CONTRASTES ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR (IV)

Continuando esta serie de fotoreportajes, hablemos de las monjas. Es sabido que el hábito es la divisa de una monja y simboliza los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia.

Las monjas católicas confirman los tres votos con los hábitos largos.

Santa Teresa de Jesús es un ejemplo verídico (entre tantos) de una monja católica.

Las "monjas" conciliares en nada se distinguen de las mujeres mundanas.

Estas tías parecen de todo, menos monjas.

(Continuará)

CONTRASTES ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA IGLESIA CONCILIAR (III)

Luego de varios días de ausencia sobre el tema, recapitulo en esta serie hablando sobre los sacerdotes.

Los sacerdotes católicos llevan diariamente su sotana con dignidad.

Del Abad Jorge de Nantes podemos decir con los ojos cerrados que ES UN VERDADERO SACERDOTE CATÓLICO.

Los "sacerdotes" conciliares no se diferencian en nada a la gente mundana.

Este obispo conciliar luce una camisa dominguera (¡¿y tomando?!).

(Continuará)

CUARESMA CONCILIAR

Los conciliares se desesperan por quedar bien ante todos, pero siempre hacen un disparate. Si no, ved a este cura conciliar imponiendo la ceniza ¡CON UNA PLANTILLA CRUCIFORME! "Simplemente es un poco perfeccionista", dice una señora devota.


¿HASTA CUANDO VEREMOS COSAS COMO ESTAS?