domingo, 31 de julio de 2011

VIDEO POLEMICO




Intereconomía ha lanzado un nuevo anuncio que promete levantar tanta polémica como el que dedicó al Día del Orgullo Gay. Mientras un fondo de fotos de jóvenes con rastas, pañuelos "palestinos" o tatuajes en los brazos se sucede en la pantalla, la cadena va rotulando el siguiente texto:

"Creo en asesinar a los niños antes de que nazcan. Creo en matar abuelos para ahorrar pasta en sanidad. Quiero que a los niños los eduque y programe el Estado. Quiero un país de funcionarios corruptos. Quiero que machaquen a los empresarios. Creo en la mentira como arma política. 'Media España debe liquidar a la otra media' (parafraseando a Dolores Ibarruri, que en ese momento se muestra en imagen)".

Al final del anuncio, con un fondo rojo y utilizando la misma tipografía que el PSOE usa en sus carteles electorales, se muestra el último mensaje: "Lo importante no es lo que votan. Es lo que piensan".
Dejó una nota

Se suicida un sacerdote chileno tras ser denunciado por abusos sexuales

Un sacerdote chileno, al que un joven de 19 años había acusado recientemente de presuntos abusos sexuales en su contra, fue hallado ayer muerto en una iglesia del distrito de La Cisterna, en Santiago de Chile, informaron fuentes eclesiásticas y policiales. Un trabajador de la iglesia lo encontró colgado de una cuerda en uno de los patios del recinto y luego trascendió la noticia de la denuncia por abuso sexual.

(Agencias/InfoCatólica) El portavoz de la Conferencia Episcopal de Chile, Jaime Coiro, informó a Efe de que los padres de la presunta víctima, un joven de 19 años, presentaron ayer una denuncia por presunto abuso sexual ante el vicario de la Zona Sur, Miguel Hoban.
"El vicario le hizo presente a los padres de esa persona, que no es un menor de edad, que lo comunicaran al Arzobispado de Santiago, y entiendo que los padres iban a formular esa denuncia este lunes", añadió el prelado. Mons. Coiro no pudo precisar cuándo se habrían cometido los hechos denunciados.

Suicidio

Fuentes policiales confirmaron a El Mercurio que Allendes Muñoz dejó una carta, en la que "asignaba una casa y dinero a determinadas personas".
La archidiócesis explicó que “por informaciones proporcionadas por personal de la Policía de Investigaciones, que se constituyó en el lugar, el presbítero atentó contra su vida”.

UNA MESA MAL SERVIDA Y UNA EXTRAÑA MISA

Don Dimas Lara Barbosa, el arzobispo de Campo Grande, celebra la Misa del vaticano II en el IV Encuentro de Periodistas de la CNBB, que se celebró en marzo pasado. Detalles para los pobres en medio de terrible altar del tabernáculo.
                                         NIÑOS, LA SOPA QUE SIRVEN EN ESTA MESA NO SE DEBE TOMAR                                       


Ahora veremos siete videos raros de la misa celebrada por Monseñor Lefebvre en San Nicolás de Chardonnet



























Fuente:FratresInUnum

SAN IGNACIO DE LOYOLA, CONFESOR

SAN IGNACIO nació probablemente, en 1491, en el castillo de
Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los
Pirineos. Su padre, don Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola,
jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y
no era menos ilustre el linaje de su madre, Marina Sáenz de
Licona y Balda. Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el
santo en el bautismo) era el más joven de los ocho hijos y tres
hijas de la noble pareja. Iñigo luchó contra los franceses en el
norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó
abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de
cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo
de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición
española capituló.

Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola
(su hogar). Como los huesos de la pierna soldaron mal, los médicos consideraron necesario
quebrarlos nuevamente. Iñigo se decidió a favor de la operación y la soportó estoicamente ya
que anhelaba regresar a sus anteriores andanzas a todo costo. Pero, como consecuencia,
tuvo un fuerte ataque de fiebre con tales complicaciones que los médicos pensaron que el
enfermo moriría antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Sin embargo
empezó a mejorar, aunque la convalecencia duró varios meses. No obstante la operación de la
rodilla rota presentaba todavía una deformidad. Iñigo insistió en que los cirujanos cortasen la
protuberancia y, pese a éstos le advirtieron que la operación sería muy dolorosa, no quiso que
le atasen ni le sostuviesen y soportó la despiadada carnicería sin una queja. Para evitar que la
pierna derecha se acortase demasiado, Iñigo permaneció varios días con ella estirada
mediante unas pesas. Con tales métodos, nada tiene de extraño que haya quedado cojo para
el resto de su vida.

Con el objeto de distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería
(aventuras de caballeros en la guerra), a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único
que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de
santos. Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empezó a interesarse
tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: "Si esos hombres estaban
hechos del mismo barro que yo, bien yo puedo hacer lo que ellos hicieron". Inflamado por el
fervor, se proponía ir en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y entrar como
hermano lego a un convento de cartujos. Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad
de gloria y su amor por una dama, ocupaban todavía sus pensamientos. Sin embargo, cuando
volvía a abrir el libro de la vida de los santos, comprendía la futilidad de la gloria mundana y
presentía que sólo Dios podía satisfacer su corazón. Las fluctuaciones duraron algún tiempo.

Ello permitió a Iñigo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que procedían de
Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos vanos le procuraban
cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vacío. Finalmente, Iñigo resolvió imitar a los
santos y empezó por hacer toda penitencia corporal posible y llorar sus pecados.

Le visita la Virgen; purificación en Manresa
Una noche, se le apareció la Madre de Dios, rodeada de luz y llevando en los brazos a Su Hijo.
La visión consoló profundamente a San Ignacio. Al terminar la convalecencia, hizo una
peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Montserrat, donde determinó llevar vida de
penitente. Su propósito era llegar a Tierra Santa y para ello debía embarcarse en Barcelona
que está muy cerca de Montserrat. La ciudad se encontraba cerrada por miedo a la peste que
azotaba la región. Así tuvo que esperar en el pueblecito de Manresa, no lejos de Barcelona y a
tres leguas de Montserrat. El Señor tenía otros designios más urgentes para Ignacio en ese
momento de su vida. Lo quería llevar a la profundidad de la entrega en oración y total pobreza.

Se hospedó ahí, unas veces en el convento de los dominicos y otras en un hospicio de pobres.
Para orar y hacer penitencia, se retiraba a una cueva de los alrededores. Así vivió durante casi
un año.

"A fin de imitar a Cristo nuestro Señor y asemejarme a El, de verdad, cada vez más; quiero y
escojo la pobreza con Cristo, pobre más que la riqueza; las humillaciones con Cristo humillado,
más que los honores, y prefiero ser tenido por idiota y loco por Cristo, el primero que ha pasado
por tal, antes que como sabio y prudente en este mundo". Se decidió a "escoger el Camino de
Dios, en vez del camino del mundo"...hasta lograr alcanzar su santidad.
A las consolaciones de los primeros tiempos sucedió un período de aridez espiritual; ni la
oración, ni la penitencia conseguían ahuyentar la sensación de vacío que encontraba en los
sacramentos y la tristeza que le abrumaba. A ello se añadía una violenta tempestad de
escrúpulos que le hacían creer que todo era pecado y le llevaron al borde de la desesperación.

En esa época, Ignacio empezó a anotar algunas experiencias que iban a servirle para el libro
de los "Ejercicios Espirituales". Finalmente, el santo salió de aquella noche oscura y el más
profundo gozo espiritual sucedió a la tristeza. Aquella experiencia dio a Ignacio una habilidad
singular para ayudar a los escrupulosos y un gran discernimiento en materia de dirección
espiritual. Más tarde, confesó al P. Laínez que, en una hora de oración en Manresa, había
aprendido más de lo que pudiesen haberle enseñado todos los maestros en las universidades.

Sin embargo, al principio de su conversión, Ignacio estaba tan sugestionado por la mentalidad
del mundo que, al oír a un moro blasfemar de la Santísima Virgen, se preguntó si su deber de
caballero cristiano no consistía en dar muerte al blasfemo, y sólo la intervención de la
Providencia le libró de cometer ese crimen.
Tierra Santa
En febrero de 1523, Ignacio por fin partió en peregrinación a Tierra Santa. Pidió limosna en el
camino, se embarcó en Barcelona, pasó la Pascua en Roma, tomó otra nave en Venecia con
rumbo a Chipre y de ahí se trasladó a Jaffa. Del puerto, a lomo de mula, se dirigió a Jerusalén,
donde tenía el firme propósito de establecerse. Pero, al fin de su peregrinación por los Santos
Lugares, el franciscano encargado de guardarlos le ordenó que abandonase Palestina,
temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el proselitismo de Ignacio, le raptasen y
pidiesen rescate por él. Por lo tanto, el joven renunció a su proyecto y obedeció, aunque no
tenía la menor idea de lo que iba a hacer al regresar a Europa. Otra vez, la Divina Providencia
tenía designios para esta alma tan generosa.
De nuevo en España donde es encarcelado por la inquisición.
En 1524, llegó de nuevo a España, donde se dedicó a estudiar, pues "pensaba que eso le
serviría para ayudar a las almas". Una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le
asistió mientras estudiaba la gramática latina en la escuela. Ignacio tenía entonces treinta y
tres años, y no es difícil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gramática a esa edad. Al
principio, Ignacio estaba tan absorto en Dios, que olvidaba todo lo demás; así, la conjugación
del verbo latino "amare" se convertía en un simple pretexto para pensar: "Amo a Dios. Dios me
ama". Sin embargo, el santo hizo ciertos progresos en el estudio, aunque seguía practicando
las austeridades y dedicándose a la contemplación y soportaba con paciencia y buen humor las
burlas de sus compañeros de escuela, que eran mucho más jóvenes que él.

Al cabo de dos años de estudios en Barcelona, pasó a la Universidad de Alcalá a estudiar
lógica, física y teología; pero la multiplicidad de materias no hizo más que confundirle, a pesar
de que estudiaba noche y día. Se alojaba en un hospicio, vivía de limosna y vestía un áspero
hábito gris. Además de estudiar, instruía a los niños, organizaba reuniones de personas
espirituales en el hospicio y convertía a numerosos pecadores con sus reprensiones llenas de
mansedumbre.

Había en España muchas desviaciones de la devoción. Como Ignacio carecía de los estudios y
la autoridad para enseñar, fue acusado ante el vicario general del obispo, quien le tuvo
prisionero durante cuarenta y dos días, hasta que, finalmente, absolvió de toda culpa a San Ignacio y sus compañeros, pero les prohibió llevar un hábito particular y enseñar durante los tres años
siguientes. Ignacio se trasladó entonces con sus compañeros a Salamanca. Pero pronto fue
nuevamente acusado de introducir doctrinas peligrosas. Después de tres semanas de prisión,
los inquisidores le declararon inocente. Ignacio consideraba la prisión, los sufrimientos y la
ignominia como pruebas que Dios le mandaba para purificarle y santificarle. Cuando recuperó
la libertad, resolvió abandonar España. En pleno invierno, hizo el viaje a París, a donde llegó
en febrero de 1528.
Estudios en París
Los dos primeros años los dedicó a perfeccionarse en el latín, por su cuenta. Durante el verano
iba a Flandes y aun a Inglaterra a pedir limosna a los comerciantes españoles establecidos en
esas regiones. Con esa ayuda y la de sus amigos de Barcelona, podía estudiar durante el año.


Pasó tres años y medio en el Colegio de Santa Bárbara, dedicado a la filosofía. Ahí indujo a
muchos de sus compañeros a consagrar los domingos y días de fiesta a la oración y a practicar
con mayor fervor la vida cristiana. Pero el maestro Peña juzgó que con aquellas prédicas
impedía a sus compañeros estudiar y predispuso contra Ignacio al doctor Guvea, rector del
colegio, quien condenó a Ignacio a ser azotado para desprestigiarle entre sus compañeros.
Ignacio no temía al sufrimiento ni a la humillación, pero, con la idea de que el ignominioso
castigo podía apartar del camino del bien a aquéllos a quienes había ganado, fue a ver al rector
y le expuso modestamente las razones de su conducta. Guvea no respondió, pero tomó a
Ignacio por la mano, le condujo al salón en que se hallaban reunidos todos los alumnos y le
pidió públicamente perdón por haber prestado oídos, con ligereza, a los falsos rumores. En
1534, a los cuarenta y tres años de edad, Ignacio obtuvo el título de maestro en artes de la
Universidad de París.


El Señor le da compañeros
Las palabras fervorosas de Ignacio, llenas del Espíritu Santo, abrió los corazones de algunos
compañeros. Por aquella época, se unieron a Ignacio otros seis estudiantes de teología: Pedro
Fabro, que era sacerdote de Saboya; Francisco Javier, un navarro; Laínez y Salmerón, que
brillaban mucho en los estudios; Simón Rodríguez, originario de Portugal y Nicolás Bobadilla.
Movidos por las exhortaciones de Ignacio, aquellos fervorosos estudiantes hicieron voto de
pobreza, de castidad y de ir a predicar el Evangelio en Palestina, o, si esto último resultaba
imposible, de ofrecerse al Papa para que los emplease en el servicio de Dios como mejor lo
juzgase. La ceremonia tuvo lugar en una capilla de Montmartre, donde todos recibieron la
comunión de manos de Pedro Fabro, quien acababa de ordenarse sacerdote. Era el día de la
Asunción de la Virgen de 1534. Ignacio mantuvo entre sus compañeros el fervor, mediante
frecuentes conversaciones espirituales y la adopción de una sencilla regla de vida. Poco
después, hubo de interrumpir sus estudios de teología, pues el médico le ordenó que fuese a
tomar un poco los aires natales, ya que su salud dejaba mucho que desear. Ignacio partió de
París, en la primavera de 1535. Su familia le recibió con gran gozo, pero el santo se negó a
habitar en el castillo de Loyola y se hospedó en una pobre casa de Azpeitia.


Bendición del Papa; aparición del Señor
Dos años más tarde, se reunió con sus compañeros en Venecia. Pero la guerra entre
venecianos y turcos les impidió embarcarse hacia Palestina. Los compañeros de Ignacio, que
eran ya diez, se trasladaron a Roma; Paulo III los recibió muy bien y concedió a los que todavía
no eran sacerdotes el privilegio de recibir las órdenes sagradas de manos de cualquier obispo.
Después de la ordenación, se retiraron a una casa de las cercanías de Venecia a fin de
prepararse para los ministerios apostólicos. Los nuevos sacerdotes celebraron la primera misa
entre septiembre y octubre, excepto Ignacio, quien la difirió más de un año con el objeto de
prepararse mejor para ella. Como no había ninguna probabilidad de que pudiesen trasladarse a
Tierra Santa, quedó decidido finalmente que Ignacio, Fabro y Laínez irían a Roma a ofrecer sus
servicios al Papa. También resolvieron que, si alguien les preguntaba el nombre de su
asociación, responderían que pertenecían a la Compañía de Jesús (San Ignacio no empleó
nunca el nombre de "jesuita". Este nombre comenzó como un apodo), porque estaban
decididos a luchar contra el vicio y el error bajo el estandarte de Cristo. Durante el viaje a
Roma, mientras oraba en la capilla de "La Storta", el Señor se apareció a Ignacio, rodeado por
un halo de luz inefable, pero cargado con una pesada cruz. Cristo le dijo: "Ego vobis Romae
propitius ero" (Os seré propicio en Roma). Paulo III nombró al padre Fabro profesor en la
Universidad de la Sapienza y confió a Laínez el cargo de explicar la Sagrada Escritura. Por su
parte, Ignacio se dedicó a predicar los Ejercicios y a catequizar al pueblo. El resto de sus
compañeros trabajaba en forma semejante, a pesar de que ninguno de ellos dominaba todavía
el italiano.
La Compañía de Jesús
San Ignacio y sus compañeros decidieron formar una congregación religiosa para perpetuar su
obra. A los votos de pobreza y castidad debía añadirse el de obediencia para imitar más de
cerca al Hijo de Dios, que se hizo obediente hasta la muerte. Además, había que nombrar a un
superior general a quien todos obedecerían, el cual ejercería el cargo de por vida y con
autoridad absoluta, sujeto en todo a la Santa Sede. A los tres votos arriba mencionados, se
agregaría el de ir a trabajar por el bien de las almas adondequiera que el Papa lo ordenase. La
obligación de cantar en común el oficio divino no existiría en la nueva orden, "para que eso no
distraiga de las obras de caridad a las que nos hemos consagrado". No por eso descuidaban la
oración que debía tomar al menos una hora diaria.
La primera de las obras de caridad consistiría en "enseñar a los niños y a todos los hombres
los mandamientos de Dios". La comisión de cardenales que el Papa nombró para estudiar el
asunto se mostró adversa al principio, con la idea de que ya había en la Iglesia bastantes
órdenes religiosas, pero un año más tarde, cambió de opinión, y Paulo III aprobó la Compañía
de Jesús por una bula emitida el 27 de septiembre de 1540. Ignacio fue elegido primer general
de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empezó a
ejercerlo el día de Pascua de 1541 y, algunos días más tarde, todos los miembros hicieron los
votos en la basílica de San Pablo Extramuros.

El Santo pasó el resto de su vida en Roma, consagrado a la colosal tarea de dirigir la orden que
había fundado. Entre otras cosas, fundó una casa para alojar a los neófitos judíos durante el
período de la catequesis y otra casa para mujeres arrepentidas. En cierta ocasión, alguien le
hizo notar que la conversión de tales pecadoras rara vez es sincera, a lo que Ignacio
respondió: "Estaría yo dispuesto a sufrir cualquier cosa por el gozo de evitar un solo
pecado". Rodríguez y Francisco Javier habían partido a Portugal en 1540. Con la ayuda del
rey Juan III, Javier se trasladó a la India, donde empezó a ganar un nuevo mundo para Cristo.
Los padres Goncalves y Juan Nuñez Barreto fueron enviados a Marruecos a instruir y asistir a
los esclavos cristianos. Otros cuatro misioneros partieron al Congo; algunos más fueron a
Etiopía y a las colonias portuguesas de América del Sur.
Un baluarte de verdad y orden ante el protestantismo
El Papa Paulo III nombró como teólogos suyos, en el Concilio de Trento, a los padres Laínez y
Salmerón. Antes de su partida, San Ignacio les ordenó que visitasen a los enfermos y a los
pobres y que, en las disputas se mostrasen modestos y humildes y se abstuviesen de
desplegar presuntuosa- mente su ciencia y de discutir demasiado. Pero, sin duda que entre los
primeros discípulos de Ignacio el que llegó a ser más famoso en Europa, por su saber y virtud,
fue San Pedro Canisio, a quien la Iglesia venera actualmente como Doctor. En 1550, San
Francisco de Borja regaló una suma considerable para la construcción del Colegio Romano.
San Ignacio hizo de aquel colegio el modelo de todos los otros de su orden y se preocupó por
darle los mejores maestros y facilitar lo más posible el progreso de la ciencia. El santo dirigió
también la fundación del Colegio Germánico de Roma, en el que se preparaban los sacerdotes
que iban a trabajar en los países invadidos por el protestantismo. En vida del santo se fundaron
universidades, seminarios y colegios en diversas naciones. Puede decirse que San Ignacio
echó los fundamentos de la obra educativa que había de distinguir a la Compañía de Jesús y
que tanto iba a desarrollarse con el tiempo.
En 1542, desembarcaron en Irlanda los dos primeros misioneros jesuitas, pero el intento
fracasó. S. Ignacio ordenó que se hiciesen oraciones por la conversión de Inglaterra, y entre los
mártires de Gran Bretaña se cuentan veintinueve jesuitas. La actividad de la Compañía de
Jesús en Inglaterra es un buen ejemplo del importantísimo papel que desempeñó en la
contrarreforma. Ese movimiento tenía el doble fin de dar nuevo vigor a la vida de la Iglesia y de
oponerse al protestantismo. "La Compañía de Jesús era exactamente lo que se necesitaba en
el siglo XVI para contrarrestar la Reforma. La revolución y el desorden eran las
características de la Reforma. La Compañía de Jesús tenía por características la
obediencia y la más sólida cohesión. Se puede afirmar, sin pecar contra la verdad histórica,
que los jesuitas atacaron, rechazaron y derrotaron la revolución de Lutero y, con su predicación
y dirección espiritual, reconquistaron a las almas, porque predicaban sólo a Cristo y a Cristo
crucificado. Tal era el mensaje de la Compañía de Jesús, y con él, mereció y obtuvo la
confianza y la obediencia de las almas" (cardenal Manning). A este propósito citaremos las,
instrucciones que San Ignacio dio a los padres que iban a fundar un colegio en Ingolstadt,
acerca de sus relaciones con los protestantes: "Tened gran cuidado en predicar la verdad
de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y
moderación cristianas. No uséis de palabras duras ni mostréis desprecio por sus errores". El
santo escribió en el mismo tono a los padres Broet y Salmerón cuando se aprestaban a partir
para Irlanda.
Una de las obras más famosas y fecundas de Ignacio fue el libro de los Los Ejercicios
Espirituales. Es la obra maestra de la ciencia del discernimiento. Empezó a escribirlo en
Manresa y lo publicó por primera vez en Roma, en 1548, con la aprobación del Papa. Los
Ejercicios cuadran perfectamente con la tradición de santidad de la Iglesia. Desde los primeros
tiempos, hubo cristianos que se retiraron del mundo para servir a Dios, y la práctica de la
meditación es tan antigua como la Iglesia. Lo nuevo en el libro de San Ignacio es el orden y el
sistema de las meditaciones. Si bien las principales reglas y consejos que da el santo se hallan
diseminados en las obras de los Padres de la Iglesia, San Ignacio tuvo el mérito de ordenarlos
metódicamente y de formularlos con perfecta claridad.
La prudencia y caridad del gobierno de San Ignacio le ganó el corazón de sus súbditos. Era
con ellos afectuoso como un padre, especialmente con los enfermos, a los que se encargaba
de asistir personalmente procurándoles el mayor bienestar material y espiritual posible. Aunque
San Ignacio era superior, sabía escuchar con mansedumbre a sus subordinados, sin perder por
ello nada de su autoridad. En las cosas en que no veía claro se atenía humildemente al juicio
de otros. Era gran enemigo del empleo de los superlativos y de las afirmaciones demasiado
categóricas en la conversación. Sabía sobrellevar con alegría las críticas, pero también sabía
reprender a sus súbditos cuando veía que lo necesitaban. En particular, reprendía a aquéllos a
quienes el estudio volvía orgullosos o tibios en el servicio de Dios, pero fomentaba, por otra
parte, el estudio y deseaba que los profesores, predicadores y misioneros, fuesen hombres de
gran ciencia. La corona de las virtudes de San Ignacio era su gran amor a Dios. Con frecuencia
repetía estas palabras, que son el lema de su orden: "A la mayor gloria de Dios". A ese fin
refería el santo todas sus acciones y toda la actividad de la Compañía de Jesús. También
decía frecuentemente: "Señor, ¿qué puedo desear fuera de Ti?" Quien ama
verdaderamente no está nunca ocioso. San Ignacio ponía su felicidad en trabajar por
Dios y sufrir por su causa. Tal vez se ha exagerado algunas veces el "espíritu militar" de
Ignacio y de la Compañía de Jesús y se ha olvidado la simpatía y el don de amistad del santo
por admirar su energía y espíritu de empresa.
Durante los quince años que duró el gobierno de San Ignacio, la orden aumentó de diez a mil
miembros y se extendió en nueve países europeos, en la India y el Brasil. Como en esos
quince años el santo había estado enfermo quince veces, nadie se alarmó cuando enfermó una
vez más. Murió súbitamente el 31 de julio de 1556, sin haber tenido siquiera tiempo de recibir
los últimos sacramentos.
Fue canonizado en 1622, y Pío XI le proclamó patrono de los ejercicios espirituales y retiros.
• Adaptado del trabajo de Alban Butler et all, edición en español de R.P. Wilfredo Guinea. La Vida de los
Santos de Butler, vol. 3. (Chicago USA: Rand McNally, 1965) pg.222-228.
Reflexiones claves del Diario Espiritual de San Ignacio De Loyola
- Dios me ama más que yo a mí mismo.
- ¡Siguiéndoos, Jesús, no me puedo
perder!
- Dios proveerá lo que le parezca mejor.
- ¡Señor, soy un niño! ¿A dónde me
lleváis?
- ¡Jesús, por nada del mundo te dejaría!
- ¿Qué queréis, Señor, de mí?
- ¡Señor, sostenedme con vuestra
gracia!
- ¡No merezco, Señor, cuanto recibo!
- ¡Dadme, Señor, vuestro amor y
gracia, éstas me bastan!
- Jesús, sé mi guía, condúceme.


La hermosa Iglesia de San Ignacio en Roma, con frescos de Andrea Pozzo, incluyendo la famosa cúpula "trompe l'oeil" .


 

viernes, 29 de julio de 2011

LOS SECRETOS DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MIAMI, FRUTO AMARGO DEL VATICANO II

Miami Arquidiócesis: Un Gay Hogwarts

  Esta es una extraña fuente para una historia como ésta, pero no increíble y triste al menos.

Gawker.com , (Precaución: Fotos de gráfico en el enlace) el sitio web de chismes, los informes sobre los maricas  super-cultura en la arquidiócesis de Miami crecida y cultivada por el ex arzobispo Favalora  John.

  La historia se basa en un informe de la Christifideles grupo católico.
  Favalora, quien fue el oficial católico más poderoso en el sur de Florida desde 1994 hasta el año pasado, está acusado de cultivar lo que un grupo de cabreados católicos describe como un corrupto "superculture homosexual" en las 195 iglesias, escuelas, misiones, seminarios y universidades que conforman la Arquidiócesis de Miami. Si sus acusaciones son creíbles, durante dieciséis años Favalora pasó la organización como el don de una turba de lavanda, recompensando a sus hijos homosexuales favorito y perdonando a sus muchas aberraciones de  sexo desenfrenado, el hedonismo, la malversación, el alcoholismo y la casta de los sacerdotes ferrocarriles entre ellos, mientras se castiga a los que tienen la osadía de quejarse.
... ...
." Éstos son sólo algunos de los comportamientos no-católicos que "Miami Vice", acusa de participar a Favalora: Se parte propiedad de una empresa que fabrica Yohimbe, una bebida afrodisíaca comercializadas en calientes  club-niños con la promesa de "el mejor sexo, de lejos de toda su vida. " . Que habrían tenido frecuentes viajes a Cayo Hueso  con sus fabulosos compañeros putos.  Estaba demasiado familiarizado con sus seminaristas.(Un ex-empleado de la diócesis le recuerda decirle a un joven seminarista, en una reunión  "Ven a papá a sentarte en mi regazo.") De segunda, Favalora tercero al mando, Mons. William Hennessey y monseñor Michael Souckar, son a la vez acusado por Christefidelis de ser putos  activos siendo  así , cuentan entre el menor de sus problemas con la ortodoxia católica
Triste y desagradable, si no es del todo sorprendente.

  Miami es  tal vez uno de los ejemplo más notorio de la cultura gay que funcionó en toda la Iglesia desde hace algunas décadas, no es el único.  Se puede muy bienpasar una generación o dos antes de que esta infección se elimine del cuerpo de Cristo
Eso si están en comunión con el Vaticano II,no tienen límites estos asquerosos perros mudos


Padre Aníbal Morales, ALIAS LILÍ, (derecha, foto a través de la Arquidiócesis de Miami)

De hecho, la Arquidiócesis era un hervidero de sodomía mucho antes de que Favalora pusiera un pie en la Florida.   Puerto Rico, el llamado Miguel Rodríguez Rodríguez, quien era conocido por sus alumnos como "Lili". . Estas fuentes afirman que durante la década de 1970 y 80, Lili trataba a Arecibo como a su propio harem personal, instando a los jóvenes lindos en el sacerdocio a los que navegaba con regalos y dinero a cambio de favores sexuales. Roma supuestamente intercedió en 1990 y desterró a un monasterio a Lili aislándolo, donde permaneció hasta su muerte 20 años después.  Varios de los alumnos antiguos de Lili aterrizaron en Miami en los años 80 y 90. Naturalmente, ellos no estaban dispuestos a tomar su juramento del celibato demasiado en serio.
BUENO HASTA AQUI LLEGO, LA NOTA SIGUE, PERO ES TAN REPUGNANTE  QUE ES IMPOSIBLE SEGUIR , TE REVUELVE EL ESTÓMAGO DE LAS GANAS DE VOMITAR

jueves, 28 de julio de 2011

CARDENAL CONVERTIDO AL ISLAN, LA RELIGIÓN SATANICA

La misa termina con el último Evangelio ...
  ¡Uy, no, lo siento, nos referimos a la última Sura

  Desde el diario francés Ouest-France, en su edición del 19 de julio, según lo informado por La Porte Latine :

"El cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, primado de las Galias, participará el domingo, 24 de julio en la misa de las once de la 57 ª peregrinación islámico-cristiano de Le Vieux-Marché. Presidida por Mons. Denis Mouteel, obispo de Saint-Brieuc et Tréguier, esta celebración se llevará a cabo en la capilla de los Siete Santos [Le Vieux-Marché, Finistère, Bretaña]. Será seguido por la lectura de la sura 18 del Corán, en la fuente Stiffel, a 600 m de distancia. Este texto evoca la leyenda de los Siete Durmientes de Efeso, que también dijo en una [canción tradicional bretona] Gwerz. "[Esta es una imagen del acontecimiento real.]

martes, 26 de julio de 2011

AGREDIDO UN SACERDOTE EN ITALIA POR CELEBRAR LA MISA TRADICIONAL: “LA INTOLERANCIA DE LOS TOLERANTES”


Según informa el diario Il Giornale della Toscana, el párroco de San Michele a Ronta (Florencia, Italia), Rvdo. D. Hernan Garcias Pardo, ha sido agredido el pasado miércoles, en la propia parroquia y en presencia de su madre y de su hermana, por un feligrés exaltado que le causó heridas en la espalda.
 Según parece el sacerdote había sido fuertemente criticado por un grupo de fieles por haber vuelto a celebrar la Santa Misa según la forma extraordinaria del rito romano. Por ello había recibido “delicados” mensajes anónimos de este tenor: “has sido fuerte, pero te romperemos la cabeza, tu amigo Satanás”.
 Todo un ejemplo de la “intolerancia de los tolerantes”.
Imagen del paso de “Nuestro Padre Jesús ante Anás”, vulgo “La Bofetá”, de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús de Sevilla.