domingo, 23 de septiembre de 2012

LOS MISTERIOS DE LA CORONA DE ESPINAS



               
BAR                                                                         Los Misterios
                                            de la Corona de Espinas

        
 
TOMADO DE El Misterio de la Corona de Espinas
por un Padre Pasionista

1879


Publicado por preservar Christian Publications, Inc.
"En aquel día Yahvé de los ejércitos será corona de gloria y brillante díadema para el resto de su pueblo." (Is. 28:5)
De dos maneras diferentes, a saber, en un sólo humano, o en un punto de vista verdaderamente cristiano, podemos considerar los sufrimientos y humillaciones de Jesús, nuestro Señor.
Si nos fijamos en ellos, no con la vista meramente humana, como los Judíos carnales, y los paganos orgullosos,que les gustan, incurrir en el peligro de ser escandalizados por su estupidez aparente. El exceso de los sufrimientos de nuestro querido Redentor, la profundidad de sus humillaciones, su aparente impotencia total, han sido a menudo un obstáculo de escándalo para los hombres orgullosos. Por lo tanto St. Pablo podía  decir: "Predicamos a Cristo crucificado, para los Judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura". (1 Cor. 1:23) Si, no obstante, con el ojo iluminado de la fe cristiana que tratamos de penetrar en los profundos misterios de la Pasión de nuestro Salvador, descubriremos las maravillas del poder de Dios, y los designios de misericordia de Su sabiduría divina. "A los que son llamados, es decir, a los cristianos sinceros, y reflexionar, Cristo es el poder de Dios, y sabiduría de Dios". (1 Cor. 1:24) A la luz de la fe cristiana por lo tanto,se tendrá en cuenta los misterios de la Corona de Espinas. En el presente capítulo vamos a tener la oportunidad de admirar los diseños de la sabiduría y la misericordia de nuestro Divino Señor. Pronto serás capaz de descubrir significados importantes, y aprender lecciones prácticas de las espinas, caña, y burlas usadas por sus enemigos crueles y maliciosos en contra de nuestro Salvador.
 

SECCIÓN PRIMERA
LA CORONA DE ESPINAS


Las espinas, con la que la cabeza adorable de nuestro Señor fue coronado, no fueron plantadas en la tierra de la mano paternal de Dios, sino que se sembró maliciosamente por un enemigo traicionero.
Del Evangelio aprendemos que este enemigo era el diablo y el pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva fueron la semilla nociva. La maldición de Dios las hizo crecer largas y afiladas. Estas espinas y cardos estaban más destinados a pinchar la conciencia del pecador que a la mano cruel del obrero industrioso. Esta es la sabia reflexión de san Juan Crisóstomo: "cuando Dios le dijo a nuestros padres caídos: Maldita será la tierra, en tu trabajo espinas y cardos encontraras." con la intención de clavar tu conciencia oh pecador, nunca dejarán de producirce espinas y aguijones que pincharán tu alma culpable. Las espinas de esta tierra maldita son por lo tanto, cifras de nuestros pecados. Son la marca de maldición de Dios impresa en la frente de los pecadores. Incluso los eruditos protestantes Grocio han descubierto esta verdad: ". La maldición del pecado fue el origen de las espinas" "Maledictio en spinis Coepit". (Grot. com. En Marcos 15:17)
Ahora, nuestro Señor Jesucristo, siendo la segunda persona de la más adorable Trinidad, la santidad esencial en carne humana, Verbum Caro factum y el objeto más preciado de la predilección eterna de su Padre celestial, nunca podría ser profanado por la menor sombra de pecado y por consiguiente, Él nunca podría ser objeto de la maldición de Dios.
En su infinita misericordia, Él sin embargo podía consentir a experimentar los efectos temporales de ambos. Jesús podía asumir y llevar por nuestro bien la insignia infame del pecado. Podía en su misericordia para nosotros degustar y beber la repugnante amargura de la copa llena hasta el borde con la hiel y el vinagre de la maldición de Dios.
Nuestro Divino Redentor quizo  en el hecho del consentimiento  usar durante su vida mortal en conjunto,el traje de los pecadores y Él bebía todos los días en grandes dosis de la poción repugnante exprimido de los corazones dañados de hombres pecadores a partir de uvas verdes por el peso del anatema de Dios.
Pero debido a que el buque grande y profundo que contiene el veneno del pecado no se había agotado, siendo cada día y cada hora repuesto por nuevos delitos, por lo que nuestro querido Señor se vio obligado a hacer un esfuerzo más doloroso con el fin de drenar todo de una vez y por completo durante su amarga Pasión. Este acto heroico se llevó a cabo en el jardín de Getsemaní, donde Él estaba tan copiosamente mojado con el gran cáliz del pecado que había sido arrojado en un desmayo mortal y sangre de su vida fue forzada a salir por todos los poros de su cuerpo agonizante.
Ahora debe observar con atención que el mismo plan fue seguido por nuestro misericordioso Redentor en el uso de la insignia sucia del pecado.
Habiendo tenido una vez que asumió en su encarnación de nuestra naturaleza humana, Él tenía que llevar continuamente durante toda su vida mortal. En ese momento, sin embargo,  la pasión de nuestro Señor tuvo que ser pública y solemnemente instalado como el rey de los pecadores y de los Dolores. Oh! el misterio grande y sublime de la Corona de Espinas.
Fue entonces a la ciudad de Jerusalén, la capital de Judea, y estaba en el hall de Pilato, el gobernador romano, que nuestro Divino Señor escogió para que lo  coronara de espinas y asumir el uniforme completo de los pecadores y la corona infame del pecado .
Fue en esta ocasión memorable que el gran Hijo eterno de Dios y el Verbo Encarnado fue instalado como el rey de los pecadores y por lo tanto el hombre como la más profunda de la infamia más grande y en la tristeza: "Despreciado como el más abyecto de los hombres ...!" Nuestros pecados son la corona de espinas de Jesús. "Corona ex spinis peccata sunt ... (Theopil. En Mat. 27)Las espinas son la rama y el estigma de la maldición de Dios contra el pecado, por lo tanto, al consentir en ser coronado de espinas, nuestro misericordioso Señor voluntariamente se convirtió en el jefe responsable y víctima voluntaria de anatema de Dios dirigida y destinada a los pecadores solamente. Está de acuerdo con  St. Pablo  que "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecha por nosotros." (Gálatas 3:13) Por lo tanto, llevando la corona de espinas, la mayoría de nuestro santo Redentor recibió sobre su cabeza adorable la maldición pronunciada por la justicia de Dios irritado contra nuestra raza pecadora, y por medio de este acto de misericordia que nos protegía de su golpe terrible. "En corona spinea maledictum solvit antiquum ", dice Orígenes.
Nuestro Salvador misericordioso efectuando aún más en nuestro nombre.
Espinos y cardos, como ya hemos comentado, son la rama principal de la maldición de Dios contra el pecado. Ahora, con previo consentimiento de tomar estas espinas sobre su cabeza adorable, Él eliminó esta maldición y la cambió en una bendición para la humanidad. De esta manera, nuestro Señor Jesucristo disminuyó  la cantidad y la intensidad de nuestros sufrimientos temporales, por medio de Su bendición, gracia y ejemplo, Él hizo de todos nuestros trabajos y fatigas méritos de la recompensa eterna. Los hijos de padres pecadores, concebidos y nacidos en pecado, tenemos en realidad mucho que sufrir todavía, pero no nuestro bendito Señor viene en ayuda de nuestros sufrimientos temporales que deberían haber sido mucho, más numerosos en cantidad y más intensos en la calidad como la experiencia cotidiana demuestra entre las naciones infieles y paganas. Además deberíamos haber sido condenados a pasar de lo temporal a la miseria eterna. A través de Su Corona de Espinas Nuestro misericordioso Salvador ha retirado de la humanidad la marca de infamia eterna y ha asegurado a sus siervos fieles la diadema de la gloria celestial. "En aquel día, dice el profeta Isaías, el Señor de los ejércitos serás corona de gloria, y una guirnalda de alegría para el resto de su pueblo." (Is. 28:5) Por lo tanto San Jerónimo pudo decir con razón que: A través del mérito de la corona de espinas de la cabeza de Jesús, hemos adquirido un derecho a la diadema del reino celestial. "C orona spinea capitis ejus diadema regni Adeptos sumus". (En Marc. 15)
En todos nuestros sufrimientos entonces vamos a buscar al rey de las Angustias coronada de espinas.
Esto se debe hacer más, especialmente cuando por neuralgias molestas, y dolores de cabeza severos, se nos invita a asumir una parte de la corona de espinas de nuestro Divino Maestro. San Bernardo justamente señala que: "Los cristianos deberían avergonzarse de ser miembros muy delicados de una cabeza divina coronado de espinas." Sin embargo, debemos reconocer que las personas que sufren de estos padecimientos merecen más compasión caritativa de lo que por lo general reciben. Estas aflicciones son interna e invisibles no excitar la consideración para aquellos especialmente que nunca habían experimentado sus efectos dolorosos y tristes. También debemos reflexionar que los dolores de cabeza son causados ​​por un exceso de capacidad de la sangre a la cabeza, que produce un color en la cara y este es un error por muchos observadores superficiales de un signo de salud vigorosa. Por los tantos sonidos  elogiosos que se ofrecen a los oídos  suenan como ironía. Además, estos ataques de dolor de cabeza son, naturalmente, la causa de los errores y de los fracasos torpes, que traen a su víctima burlas y humillaciones inmerecidas. El. Mejor y tal vez el único consuelo y consuelo en estas ocasiones mortificantes, será una mirada piadosa a Jesús coronado de espinas del que se burlaban en la sala de Pilatos. Él es plenamente consciente de los sufrimientos y las pruebas. Sufrió más que nosotros, tanto en el dolor físico y humillaciones. Nuestro Señor puede ser compasivo con nuestra miseria y recompensar abundantemente nuestra humildad, mansedumbre y paciencia.
En las vidas de los Padres del Desierto, leemos que San Pacomio hacia el final de su vida, mientras sufría un intenso dolor en la cabeza y oprimido por la angustia interior de la mente, recurrió a la oración para obtener algo de alivio y el consuelo de Dios .
En esta ocasión nuestro Señor se le apareció acompañado por muchos santos ángeles y con una corona de espinas, pero al mismo tiempo brillante de gloria y deslumbrante. Sorprendido por la visión celestial del siervo sufriente de Dios, se postró con el rostro en el suelo cuando uno de los Ángeles con mucho cariño lo levantó y le informó de que Jesucristo había venido a consolarlo en su aflicción. Nuestro Señor le habló con palabras de consuelo celestial a Pacomio alentando a soportar sus pruebas y sufrimientos con resignación, asegurándole que estaban destinadas a la purificación de su alma, y por un gran aumento de los méritos que no tardó en ser coronado con la gloria que corresponde y la felicidad para toda la eternidad en el Cielo.


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ECHANDO EL BOTE AL AGUA

                                        " AQUAMISA "


                                       Don Bosco estaría horrorizada por su sacerdote

sábado, 22 de septiembre de 2012

SANTO TOMAS DE VILLANUEVA



       
En el siglo 16, Alemania y España presentaron un contraste curioso: la primera se dividió, escandalizado, pervertida  por un monje agustino apóstata: Luther. La segunda fue elevada y santificada por otro monje agustino de Santo Tomás de Villanueva.

St. Thomas nació el 18 de septiembre 1488 en Fuentellana, España, hijo de una familia noble pero empobrecida.
Sus padres eran extremadamente virtuoso y le transmitió su amor por los pobres. Su madre había recibido el don de milagros. El niño fue fruto digno de unos padres santos.

Después de una infancia virtuosa en Villanova, se graduó con honores en la Universidad de Alcalá.
A los 28 años se unió a los frailes de San Agustín en Salamanca y tomó sus votos el 25 de noviembre de 1517, el mismo año de la apostasía de Lutero. En Salamanca fue profesor de Teología Escolástica, y pronto comenzó a predicar en los púlpitos de toda España. Dedicó su vida al confesionario y el púlpito.

Sus sermones eran tan convincente que fue nombrado predicador de la corte del emperador Carlos V y uno de sus consejeros de Estado.
Se dice que nunca Carlos V le había negado nada a Santo Tomás, porque - como el emperador afirmó - tenía el don de mover los corazones.

Se le ofreció la sede de Granada, pero se negó al cargo.
Años más tarde, en 1544, se vio obligado a aceptar por obediencia el Arzobispado de Valencia. En ese momento, el Reino de Valencia sufría de una grave sequía. Cuando se anunció que Santo Tomás había sido elegido el nuevo arzobispo,caía lluvia  en abundancia, un signo de los días de gracia y redención por venir. De hecho, esta lluvia resume bien la tenencia de Santo Tomás de Villanueva, quien llegó a ser conocido como "Limosnero" y "Padre de los pobres" por su caridad, y  "modelo de los Obispos" por su gobierno y las leyes. Hizo una reforma gradual y constante del Clero, y luego se extendió a todos los fieles.

Continuó su vida mortificada, viendo siempre en los pobres su tesoro más preciado.
Era generoso con todos, pero muy parsimonioso consigo mismo hasta el punto de que llevaba el mismo hábito que había recibido en el noviciado. Una vez  se le acusaba de avaricia por un sastre que recibió un viejo abrigo para mejorarlo para él. No obstante, algún tiempo después de San Esteban dio 150 monedas de plata como dote para las hijas del sastre.

Cien pobre  llegaban a la puerta de Santo Tomás cada mañana y les dieron comida, el vino y el dinero.
Su caridad era a menudo acompañado por milagros de curación de los enfermos, la multiplicación de las extraordinarias conversiones y de los alimentos. Sus éxtasis eran tan comunes que a veces él los describió en sus sermones sobre la Transfiguración.

Después de 11 años de su episcopado, St. Thomas cayó gravemente enfermo y murió 08 de septiembre 1555, el día de la Natividad de Nuestra Señora.
En su agonía, le dio la cama en la que estaba acostado a un hombre pobre. Era lo último que tenía.

Santo Tomás de Villanueva dejó un gran número de sermones y escritos teológicos, su estilo grandioso es una reminiscencia de St. Bernard.

Comentarios del Prof. Plinio:

Esto no es una selección muy fácil hacer comentarios sobre los informes ya que principalmente los datos sobre Santo Tomás de Villanueva  son característicos de muchos santos. Son admirables y dignos de elogio, pero un poco demasiado genérico y repetir lo que hemos oído hablar de los demás. Me limito, pues, a comentar algunos puntos más característicos aquí y allí para nuestra meditación.

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Carlos V la paz con los protestantes alemanes
príncipes en Augsburg, 1530
En primer lugar, hay que destacar el hecho de que Carlos V eligió a Santo Tomás de Villanueva como predicador y consejero. Él era una persona que en muchos aspectos dirigió a la conciencia del Emperador. Usted ve el dedo de la Providencia Divina dirigiendo este gran estadista.

Carlos V, emperador del Sacro Romano Imperio alemán, un hombre sobre cuyos dominios nunca se ponía el sol, era un hombre extraordinariamente importante. Siguió la vocación de los Habsburgo de la Casa de Austria. Hay un texto de María de Agreda que describe los designios de la Providencia para la Casa de Austria y todas las gracias que Dios dio a los Habsburgo a cumplirlas. Es muy hermoso ver cómo la Divina Providencia ayudó a la realización de los diseños mediante el envío de Santo Tomás de Villanueva a ser el predicador de la corte y consejero de Carlos V.

 Carlos V,
hay que añadir que la tristeza, no corresponde enteramente a los planes de Dios. Tenía un santo como concejal, pero él era un hombre cuya suavidad y el espíritu de tolerancia a permitido ampliar el protestantismo en sus tierras. Es cierto que tenía muchos enemigos diferentes para luchar. Uno de ellos fue la liga formada por musulmanes de Turquía y Francia católica, que también se convirtió indirectamente responsable de la expansión del protestantismo.

Pero Carlos V tuvo largos períodos de paz cuando podría haberse opuesto a la expansión del protestantismo. Sus temporizaciones famosas lo han convertido en objeto de fuertes críticas y objetivas por historiadores de la Iglesia.

Pero él acabó con su vida también. Dejó a un lado todas sus propiedades y sus bienes y se retiró a un monasterio como un penitente. Pasó sus últimos años viviendo una vida que edifica toda la cristiandad. ¿Los buenos consejos de Santo Tomás de Villanueva, finalmente se  trasladaron a su corazón? Solía ​​decir que Santo Tomás tenía el don de mover los corazones. ¿Sabía St. Thomas también doblar su corazón de hierro? Es un punto a tener en cuenta.


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Un ángel sostiene un retrato del emperador Carlos V, que murió penitente en el monasterio de San Yuste en España - Antonio Pereda
Alguien podría objetar: ¿Por qué dice que él tenía un corazón de hierro? Un hombre que hace concesiones es un hombre suave y no se puede considerar un hombre con un corazón de hierro.

Yo respondería que la larga experiencia de vida me ha enseñado que nada es más difícil de cambiar que el corazón de un hombre suave y convertirlo en un hombre lleno de energía. Es más difícil hacer un hombre suave enérgico que hacer que un hombre enérgico se ablande. Creo que un santo que podría haber hecho a Louis XVI perder su suavidad habría realizado una hazaña sobrenatural mayor que el que convencería a Luis XIV que se abstengan de usar la fuerza. Por lo tanto, el cambio de Carlos V, que fue a un monasterio para hacer penitencia, puede haber sido debido a un buen consejo de Santo Tomás de Villanueva.

En segundo lugar, es interesante ver que Santo Tomás tenía tantas éxtasis  que se utilizan para hablar de ellos en sus sermones.
Es admirable ver cómo se informó, sincera y noblemente, sin vanidad, las manifestaciones de la gracia en su alma desde el púlpito. Sólo un alma verdaderamente superior puede hacer esto porque entiende que la gracia no depende de su mérito personal, sino únicamente de la generosidad de Dios.

Esta actitud es lo contrario de una forma calvinista cierta comprensión de la humildad que se ha infiltrado en muchos ambientes católicos.
De acuerdo con ella, el individuo se siente orgulloso si alguna vez se alaba o permite que alguien más sabe de sus cualidades o dones, porque la humildad siempre exigiría que ocultar estas cosas. Esto no siempre es cierto. Es una imagen simplificada.

Sé, por supuesto, que puede ser peligroso  decirle a una persona que pueda alabar a sus propias cualidades.
A menudo sucede que la persona no tiene una visión objetiva de sí mismo, sino que exagera sus cualidades y se convierte en orgullo. Lo sé, y estoy de acuerdo en que hay que tener cuidado de alentar este tipo de orgullo.

Pero esto es diferente a la que obliga a todos a ocultar sus cualidades en el nombre de la humildad.
Se puede ver en la vida de Santo Tomás de Villanueva cómo hizo una manifestación hermosa y natural de las gracias que recibió y las cosas maravillosas que Dios ha hecho en su alma. Podía hablar de ellos, incluso en un sermón porque él fue separado de ellos y fue glorificar a Dios solamente, y no a sí mismo.

En la riqueza de la Iglesia Católica, podemos encontrar los modelos, tanto para el Estado, que consiste en guardar silencio sobre las propias cualidades, y también para la excepción, que es para alabar a una de las gracias y cualidades propias con el fin de honrar a Dios.


Esta es otra faceta hermoso de la vida de Santo Tomás de Villanueva.



                                  

PARA NO OLVIDAR

COMO NACE LA TRAICIÓN Y QUIENES SON LOS RESPONSABLES; (primera parte de una serie de documentos de la fsspx de donde podemos analizar quienes son los responsables en diversos grados de la destrucción de la orden fundada por Mons. Lefebvre




Por la amabilidad de conceder la casa general de la Fraternidad San Pío X,
la revista fideliter , en su número 88, marzo-abril de 2009, publicado exclusivamente
el texto de la carta de agradecimiento que los cuatro obispos de la Fraternidad
se remitió al Supremo Pontífice Benedicto XVI
tras el decreto de 21 de enero 2009

Carta de agradecimiento de los cuatro obispos de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X
al Papa Benedicto XVI


Texto italiano
Texto en francés
el contenido de N º 88 de fideliter



A Su Santidad el Papa Benedicto XVI
Santo Padre,
Está llena de acción de gracias que deseamos expresar a Vuestra Santidad nuestro profundo agradecimiento por el acto de su bondad paternal y su valentía apostólica con la que ha hecho inoperante la medida nos llamó la atención hace veinte años, como resultado de nuestra consagración episcopal.

Su decreto de 21 de enero 2009 rehabilita de alguna manera el venerado fundador de nuestra Fraternidad Sacerdotal de San El arzobispo Marcel Lefebvre.
Nos parece que adquiere un gran bien para la Iglesia, haciendo justicia a los sacerdotes y fieles de todo el mundo, unidos a la tradición de la Iglesia, ya no serán injustamente estigmatizados por haber mantenido la fe de sus padres.
Es debido a esta batalla de fe que asegurar a Vuestra Santidad, como ella espera, a "no escatimar esfuerzos para profundizar las discusiones necesarias con la Autoridad de la Santa Sede las cuestiones pendientes."
En realidad, quiero empezar lo antes posible, con los representantes de Su Santidad, de comercio relativo a las doctrinas de oposición al Magisterio de todos los tiempos.
De esta manera es necesario, que evoca Vuestra Santidad, esperamos ayudar a la Santa Sede para poner el remedio adecuado a la pérdida de fe en la Iglesia.
La Virgen María Inmaculada visiblemente guiado los pasos de Su Santidad para nosotros, y que va a mantener su intercesión bonita.
Es con esa confianza que filialy pedir al pastor universal para bendecir a cuatro de sus hijos más apegado al Sucesor de Pedro ya su misión de apacentar los corderos y las ovejas del Señor.
Menzingen, 29 de enero de 2009, Fiesta de San Francisco de Sales.
+ Bernard Fellay
+ Bernard Tissier de Mallerais
+ Richard Williamson
+ Alfonso de Galarreta

MENDIGANDO EL PERMISO PARA CRITICAR LAS HEREJÍAS

 Ya entraron a la fiesta de la iglesia conciliar, aquí es donde quieren estar, en comunión con esto.........




FSSPX-Roma: Importante - Padre Schmidberger habla de las condiciones y el estado actual de las negociaciones con Roma

Fr. Schmidberger habló en el último Capítulo General, la situación actual de los asuntos entre Roma y la Fraternidad San Pío X, y en la relación con  Müller (director de la Congregación para la Doctrina de la Fe - y Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei).

    
            
                                                              
                     
Lo que sigue es una adaptación, pero razonablemente precisa, resumen del video 17:21 de duración.

Sobre el primer punto, relativo al Capítulo General, P.. Observaciones, Schmidberger sobre la ganancia de la misma Fraternidad San Pío X: "El Capítulo General nos ha proporcionado una nueva unidad dentro de nuestras propias filas, [a la unidad], que había sufrido un poco en los últimos tiempos, y eso es una gran gracia de Dios, lo haría decir ". En cuanto al aspecto externo del Capítulo General, el Padre señala que hay tres puntos que deben ser exigidos a las autoridades en caso de una unión visible con Roma se establecerá. Estos son: en primer lugar, que la Fraternidad San Pío X se le dará la libertad para exponer los errores del Concilio Vaticano II, en segundo lugar, que la Fraternidad San Pío X se le permitirá utilizar sólo los libros litúrgicos de 1962, y en tercer lugar, que siempre debe haber un obispo en la Fraternidad desde dentro de sus propias filas.

La segunda cuestión con la situación entre Roma y la FSSPX. Alrededor de Pentecostés (de este año), la gente pensaba que una unión visible estaba cerca, pero, como observa el padre, la reunión del Cardenal Levada y Mons. Fellay cambiado esto. La propuesta que fue presentada por el cardenal contenía no sólo la propuesta [nota del traductor: para un preámbulo doctrinal] que el obispo Fellay había enviado a Roma antes, pero contribuyó a que la propuesta de nuevos requisitos a cumplir por la Fraternidad San Pío X, pero que el Obispo considera inaceptable que la Fraternidad.

Estos requisitos adicionales se componen, según el padre, del reconocimiento de la "licitud" [en alemán: Lizeität - nota del traductor: ver también el prólogo de alemán de la FSSPX Distrito Mitteilungsblatt nr. 404 de septiembre de 2012, en la que la misma palabra se usa, se refuerza la creencia de que estas palabras se deriva directamente de la propuesta del cardenal Levada] de la nueva liturgia [Nota del traductor: Padre, en primer lugar se presenta la Lizeität término como "permisividad", pero luego inmediatamente se interpreta en el sentido de "legitimidad"], y también del reconocimiento de la continuidad ininterrumpida entre el Vaticano II y todos los consejos anteriores y las declaraciones doctrinales de la Iglesia. Y eso es imposible, según el padre, ya que sin lugar a dudas son rupturas con el Vaticano II y "por lo tanto, no puede aceptar la hermeutic de continuidad como tal" [las cursivas son del traductor].

Tras esa reunión, el obispo Fellay envió una carta al Papa, pidiéndole que si estos requisitos adicionales deseada por Su Santidad, o que eran las demandas de sus compañeros de trabajo lo es. El Papa aseguró Mons. Fellay que él realmente desea que estos requisitos se han cumplido.

La Fraternidad San Pío X le enviará su preocupación acerca de estos requisitos adicionales a Roma con la esperanza de que puedan ser resueltos. Ya con las discusiones doctrinales se hizo evidente que hay grandes diferencias entre la enseñanza de la Iglesia durante los últimos siglos (representados por la Fraternidad San Pío X) y los conceptos doctrinales de los representantes de las autoridades actuales de la iglesia. Siempre y cuando estas no se resuelven, el padre dice que cree que no habrá éxodo real de la Iglesia de los problemas actuales.

La tercera pregunta, entonces, trata de la relación entre el arzobispo Müller, el actual prefecto de la CDF, y la FSSPX. El Arzobispo no ha sido muy favorable de la Fraternidad San Pío X, cuando era el ordinario local de la diócesis en la que la Fraternidad San Pío X tiene su seminario alemán, sin embargo, lo que preocupa Padre mucho más es la heterodoxia del Arzobispo en ciertos puntos de la Fe , mientras que el jefe de la CDF se supone velar por la fe y protegerla.

Padre Steiner preguntó entonces si p. Schmidberger espera excomuniones nuevas, si la Fraternidad San Pío X no cumple con los dos requisitos antes mencionados. Padre Schmidberger, sin embargo, piensa que eso es muy improbable. Él ve la Fraternidad no sólo como una comunidad de unos 570 sacerdotes, hermanas algunos y algunas escuelas católicas, pero - sin querer venir a través como pretencioso - él también cree que la Fraternidad San Pío X es en cierto modo la columna vertebral de todos los que quieren mantener la Tradición viva de la Iglesia. Para todos ellos, la Fraternidad San Pío X es en cierto modo un punto de referencia. Si este punto de referencia se desacreditó de tal manera, esto significaría un enorme "desmoralización" de las fuerzas tradicionales y conservadoras de la Iglesia. Por tanto, sería una catástrofe enorme, no tanto por la Fraternidad, sino por la misma Iglesia.

Finalmente, la última pregunta recabó la opinión del padre. Schmidberger respecto a si las conversaciones con Roma han tenido ningún beneficio. Padre cree que las conversaciones han tenido enormes beneficios. En primer lugar, se ha demostrado que la Fraternidad San Pío X realmente buscar una normalización, que la Fraternidad San Pío X se refiere a su situación actual a la luz de la crisis actual, ya que no es normal, y cada anormalidad persiste para una normalización. La situación actual es anormal, sin embargo, no es culpa de la Fraternidad, sino que es una necesidad en la crisis actual, si se quiere mantener la antigua liturgia, la doctrina antigua, la antigua disciplina integral y si se quiere vivir homogéneamente como católico en esta plenitud.

Por otra parte, los debates han demostrado que no existen diferencias doctrinales, y las desviaciones no existen en el lado de la Fraternidad, pero en el lado de - uno tiene que, lamentablemente, admitir esto - los representantes de la Iglesia que organizan los encuentros de Asís, que la práctica lo que ha sido explícitamente condenado en el pasado por la Iglesia, por los Papas, por los consejos.

Y en tercer lugar, las negociaciones han dado lugar a un proceso de clarificación de la sociedad. La sociedad no está de acuerdo con aquellos que, por principio, rechazan las conversaciones con Roma. Padre termina la entrevista diciendo:. "La Fraternidad nunca ha trabajado para sí mismo, nunca se ha considerado como un fin en sí mismo, pero siempre se ha esforzado para servir a la Iglesia, para servir a los Papas Arzobispo Lefebvre siempre ha dicho esto: quiere estar a disposición de los obispos, de los Papas, queremos servirles, queremos ayudarles a dirigir la Iglesia salir de esta crisis, para restaurar la Iglesia en toda su belleza, en toda su santidad, pero esto puede Por supuesto, sólo se dan fuera de cualquier compromiso, de cualquier compromiso falsa. Esto es de gran importancia para nosotros y tenemos en verdad trató de reubicar a este tesoro en la Iglesia, para darle el derecho de residencia de nuevo. Y tal vez uno u otro ha funcionado de una manera determinada. La Fraternidad ha, a través de estas discusiones doctrinales que acabo de mencionar, la gente ciertamente hicieron pensar en el Concilio Vaticano II y sobre determinadas declaraciones de este Consejo. "

[Traducción: IM. Fuente: Pius.info]

LOS ENGAÑOS DEL DIABLO


                                      


Autor: San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia


                                       



Los engaños que el diablo pone en la mente de los Pecadores
                              


                                     

PUNTO 1
 
Imaginemos que un joven, reo de pecados graves, se ha confesado y recuperado la divina gracia. El demonio nuevamente le tienta para que reincida en sus pecados. Resiste aún el joven; mas pronto vacila por los engaños que el enemigo le sugiere. «¡Oh hermano mío!—-Te diré—, ¿qué quieres hacer? ¿Deseas perder por una vil satisfacción esa excelsa gracia de Dios, que has reconquistado, y cuyo valor excede al del mundo entero? ¿Vas a firmar tú mismo tu sentencia de muerte eterna, condenándote a padecer para siempre en el infierno?» «No---me responderá—, no quiero condenarme, sino salvar mi alma. Aunque hiciere ese pecado, le confesaré luego...» Ved el primer engaño del tentador. ¡Confesarse después! ¡Pero entre tanto se pierde el alma!
Dime: si tuvieses en la mano una hermosa joya de altísimo precio, ¿la arrojarías al río, diciendo: mañana la buscaré con cuidado y espero encontrarla? Pues en tu mano tienes esa joya riquísima de tu alma, que Jesucristo compró con su Sangre; la arrojas voluntariamente al infierno, pues al pecar quedas condenado, y dices que la recobrarás por la confesión.
Pero ¿y si no la recobras? Para recuperarla es menester verdadero arrepentimiento, que es un don de Dios, y Dios puede no concedértele. ¿Y si llega la muerte y te arrebata el tiempo de confesarte?
Aseguras que no dejarás pasar ni una semana sin con¬fesar tus culpas. ¿Y quién ha ofrecido darte esa semana? Dices que te confesarás mañana. ¿Y quién te promete ese día? El día de mañana—dice San Agustín—no te le ha prometido Dios; tal vez te le concederá, tal vez no (2) como acaeció a muchos, que fueron sanos de noche a dormir en sus camas y amanecieron muertos. ¡ A cuántos, en el acto mismo de pecar, hizo morir el Señor, y los mandó al infierno! Y si hiciese lo propio contigo, ¿cómo podrías remediar tu eterna perdición?
Persuádete, pues, de que con ese engaño de decir «después me confesaré», el demonio ha llevado al infierno millares y millares de almas. Porque difícilmente se hallará pecador tan desesperado que quiera condenarse a sí mismo. Todos, al pecar, pecan con esperanza de reconciliarse después con Dios. Por eso tantos infelices se han condenado y hecho imposible su remedio.
Quizá digas que no podrás resistir a la tentación que se te ofrece. Este es el segundo engaño que te sugiere el enemigo, haciéndote creer que no tienes fuerza para combatir y vencer tus pasiones. En primer lugar, menester es que sepas que, como dice el Apóstol (2 Co., 10, 13): Dios es fiel y no permite que seamos tentados con violencia superior a nuestro poder.
Además, si ahora no confías en resistir, ¿cómo tienes esperanza de lograrlo después, cuando el enemigo no cese de inducirte a nuevos pecados y sea para ti más fuerte que antes y tú más débil? Si piensas que no puedes ahora extinguir esa llama, ¿cómo crees que la apagarás luego, cuando sea mucho más violenta?... Afirmas que Dios te ayudará. Mas su auxilio poderoso te le da ya ahora; ¿por qué no quieres valerte de él para resistir? ¿Esperas, acaso, que Dios ha de aumentarte su auxilio y su gracia cuando tú hayas acrecentado tus culpas?
Y si deseas mayor socorro y fuerzas, ¿por qué no se los pides a Dios? ¿Dudas, tal vez, de la fidelidad del Señor, que prometió conceder lo que se le pidiere? (Mt., 7, 7). Dios no olvida sus promesas. Acude a Él y te dará la fuerza que necesitas para resistir a la tentación. Dios, como nos dice el Concilio de Trento, no manda cosas imposibles.
Al dar el precepto, quiere que hagamos lo que pudiéremos, con el auxilio actual que nos comunica; y si este auxilio no nos bastare para resistir, nos exhorta a que se lo pidamos mayor, que pidiéndole como se debe, nos le concederá (Ses., 6, c. 13).

(1) Aunque muchos pensamientos incluidos en esta meditación han sido ya considerados en las precedentes, es útil, sin embargo, compendiarlos y reunirlos aquí, a fin de combatir los engaños usuales de que el demonio suele valerse para lograr que los pecadores reincidan en sus culpas.
(2) Crastinum Deus non promisit; fortasse dabit, fortasse non dabit. en sus culpas.


SÚPLICA

¿Y por haber sido Vos, ¡oh Dios mío!, tan benévolo para conmigo, he sido yo tan ingrato con Vos? Como a porfía, Señor, apartaba me yo de Vos, y Vos me buscabais. Me colmabais de bienes, y yo os ofendía.
¡ Oh Señor mío! Aunque sólo fuese por la bondad con que me habéis tratado, debiera yo estar enamorado de Vos, porque a medida que yo acrecentaba las culpas, me aumentabais Vos la gracia para que me enmendase. ¿Acaso he merecido yo la luz con que ilumináis mi alma?
Gracias os doy, Dios mío, con todo mi corazón, y espero que os las daré eternamente en el Cielo, pues los méritos de vuestra preciosísima Sangre me infunden consoladora esperanza de salvación, fundada en la inmensa misericordia que habéis conmigo usado.
Espero, entre tanto, que me daréis fuerzas para no haceros traición, y propongo que con el auxilio de vuestra gracia preferiré mil veces la muerte a ofenderos más. Basta con lo mucho que os ofendí. En la vida que me resta quiero entregarme a vuestro amor. ¿Cómo no amar a un Dios que murió por mí, y me ha sufrido con tanta paciencia, a pesar de las ofensas que le hice?...
Arrepiéntome de todo corazón, Dios de mi alma, y quisiera morir de dolor... Y si en la vida pasada me aparté de Vos, ahora os amo sobre todas las cosas, más que a mí mismo… Eterno Padre, por los merecimientos de Jesucristo, socorred a un miserable pecador que desea amaros...
María, mi esperanza, ayudadme Vos, y alcanzadme la gracia de que acuda siempre a vuestro divino Hijo y a Vos, no bien el enemigo me induzca a cometer nuevos pecados.

PUNTO 2

Dices que el Señor es Dios de misericordia. Aquí se oculta el tercer engaño, comunísimo entre los pecadores, y por el cual no pocos se condenan. Escribe un sabio autor que más almas envía al infierno la misericordia que la justicia de Dios, porque los pecadores, confiando temerariamente en aquélla, no dejan de pecar, y se pierden.

El Señor es Dios de misericordia, ¿quién lo niega? Y, sin embargo, ¡ a cuántas almas manda Dios cada día a penas eternas! Es, en verdad, misericordioso, pero también es justo; y por ello se ve obligado a castigar a quien le ofende. Usa de misericordia con los que le temen (Sal., 102, 11-13).
Pero en los que le desprecian y abusan de la clemencia divina para más ofenderle, tiene que responder sólo la justicia de Dios. Y con grave motivo, porque el Señor perdona el pecado, mas no puede perdonar la voluntad de
pecar.
El que peca—dice San Agustín—pensando en que se arrepentirá después de haber pecado, no es penitente, sino que hace burla y menosprecio de Dios. Además, el Apóstol nos advierte (Ga., 6, 7) que de Dios nadie se burla; ¿y qué irrisión mayor habría que ofenderle cómo y cuándo quisiéramos, y luego aspirar a la gloria?

«Pero asi como Dios fué tan misericordioso conmigo en mi vida pasada, espero que lo será también en lo venidero.» Este es el cuarto engaño. De modo que porque el Señor se ha compadecido de ti hasta ahora, ¿habrá de ser siempre clemente y no te castigará jamás?... Antes bien, cuanto mayor haya sido su clemencia, tanto más debes temer que no vuelva a perdonarte, y que te castigue con rigor apenas le ofendas de nuevo. «No digáis—exclama el Eclesiástico (5, 4)—he pecado, y no he recibido castigo, porque el Altísimo, aunque es paciente, nos da lo que merecemos.»

Cuando llega su misericordia al limite que para cada pecador tiene determinado, entonces le castiga por todas las culpas que el ingrato cometió. Y la pena será tanto más dura cuanto más largo hubiere sido el tiempo en que Dios esperó al culpado, dice San Gregorio.

Si vieras, pues, hermano mío, que, a pesar de tus frecuentes ofensas a Dios, aún no has sido castigado, debes decir: «Señor, grande es mi gratitud, porque me habéis librado del infierno, que tantas veces merecí.» Considera que muchos pecadores, por culpas harto menos graves que las tuyas, se han condenado irremisiblemente, y trata además de satisfacer por tus pecados con el ejercicio de la paciencia y de otras buenas obras.

La benevolencia con que Dios te ha tratado debe animarte no sólo a dejar de ofenderle, sino a servirle y amarle siempre, ya que contigo mostró inmensa misericordia, a otros muchos negada.

AFECTOS Y SÚPLICAS

Jesús mío crucificado, mi Redentor y mi Dios: a vuestras plantas se postra este traidor infame, avergonzándose de comparecer ante vuestra presencia. ¡Cuántas veces os he menospreciado! ¡Cuántas veces prometí no ofenderos más! Pero mis promesas fueron otras tantas traiciones, pues no bien se me ofreció ocasión de pecar, olvídeme de Vos y os abandoné nuevamente. Os doy mil gracias porque me habéis librado del infierno y me permitís estar a vuestros pies, e ilumináis mi alma y me atraéis a vuestro amor.
¡Quiero amaros, Salvador mío, y no despreciaros más, que bastante me habéis esperado! ¡ Infeliz de mí si, a pesar de tantas gracias, volviese a ofenderos! Deseo, Señor, mudar de vida y amaros tanto como os he ofendido, y me llena de consuelo el considerar que sois bondad infinita.
Duéleme de todo corazón de haberos despreciado, y os ofrezco todo mi amor en lo sucesivo. Perdonadme por los merecimientos de vuestra sagrada Pasión; olvidad los pecados con que os injurié, y dadme fuerzas para seros fiel siempre. Os amo, Sumo Bien mío; espero amaros eternamente, y no quiero volver a abandonaros...
¡ Oh María, Madre de Dios, unidme a mi Señor Jesucristo, y alcanzadme la gracia de que yo no me aparte jamás de sus benditos pies!... En Vos confío.

PUNTO 3

«Aún soy joven... Dios se compadece de la juventud, y más tarde me entregaré a Él.» Consideremos este quinto engaño. Eres joven: ¿mas no sabes que Dios no cuenta los años, sino los pecados de cada hombre?... ¿Cuántos has cometido?... Muchos ancianos habrá que no ha¬yan hecho ni la décima parte de los que tú hiciste. ¿Ignoras que el Señor tiene determinados el número y medida de las culpas que a cada pecador ha de perdonar?
«El Señor—dice la Escritura (2 Mac., 6, 14)—sufre con paciencia para castigar a las naciones en el colmo de sus pecados cuando viniere el día del juicio.» Lo cual significa que el Señor es paciente y sufre y espera hasta cierto limite; mas no bien se colma la medida de los pecados que a cada hombre quiere perdonar, cesa el perdón y se ejecuta el castigo, enviando de improviso la muerte al pecador en el estado de condenación en que éste se halle, o abandonándole a su pecado, que es pena peor que la misma muerte (Is., 5).

Si tenéis una tierra de labor y la cercáis con setos, y a pesar de haberla cultivado muchos años y de haber hecho en ella gastos considerables, veis que, con todo eso, no os da fruto alguno, ¿qué haréis?... Le arrancaréis el cercado y la dejaréis abandonada.

Temed que Dios no haga eso mismo con vosotros. Si seguís pecando, iréis perdiendo el remordimiento de conciencia; no pensaréis en la eternidad ni en vuestra alma; perderéis casi del todo la luz que nos guía, acabaréis por perder todo temor... Pues ya con eso quitada está la cerca que os defendía. Ya llegó el abandono de Dios.

Examinemos, en fin, el último engaño. Dices: «Verdad es que por ese pecado perderé la gracia de Dios y quedaré condenado al infierno. Puede, pues, suceder que me condeno ; mas también puede acaecer que luego me confiese y me salve...» Concedo que así pudiera ser. Quizá te salves. No soy profeta, y no me es dado asegurar con certidumbre que después de ese nuevo pecado no habrá ya para ti perdón de Dios.

Mas no me negarás que si con tantas gracias como el Señor te ha concedido todavía vuelves a ofenderle, es sumamente fácil que para siempre te pierdas. Así lo patentiza la Sagrada Escritura (Ecl., 3, 27): «El corazón obstinado mal se hallará en sus postrimerías.» «Los que proceden malignamente serán exterminados» (Sal. 36, 9). «El que siembra pecados, recogerá, al fin, penas y tormentos» (Gal., 6, 8). «Os llamé—dice Dios (Pr., 1, 24-26)—y me rechazasteis... Yo también me reiré en vuestra muerte.» «Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo» Dt., 32, 35).
Así habla de los pecadores obstinados la Sagrada Escritura, y así lo exigen la razón y la justicia. Y, sin embargo, dices que, a pesar de todo, quizá te salvarás. Repetiré que no es imposible; pero ¿no es tremenda locura confiar la eterna salvación a un quizá, y a un quizá tan poco probable? ¿Es negocio éste de tan corto valer, que podemos ponerle en tan grave riesgo?

AFECTOS Y SÚPLICAS

Amadísimo Redentor mío: Postrado a vuestros pies, os agradezco con toda mi alma que, a pesar de mis muchas culpas, no me hayáis abandonado. ¡ Cuántos que os habrán ofendido menos que yo no habrán recibido las inspiraciones que ahora me dais! Bien veo que deseáis salvarme, y yo uno a los vuestros mis deseos. Quiero ensalzar en el Cielo eternamente vuestra misericordia.
Espero, Señor, que me habréis perdonado; pero si todavía no he recuperado vuestra gracia por no haber sabido arrepentirme de mis culpas, ahora me arrepiento de todo corazón, y las detesto sobre todos los males.
Perdonadme, por piedad, y aumentad en mí el dolor de haberos ofendido a Vos, Dios mío, Bondad Suma e inefable. Dadme dolor y amor, pues aunque os amo sobre todas las cosas, harto poco es; quiero amaros más, y a Vos pido y de Vos espero alcanzar ese amor. Oídme, Jesús mío, ya que prometisteis oír al que os suplica...     

                                             

¡Oh Virgen María, Madre de Dios!, el mundo entero afirma que nunca dejáis desconsolado al que a Vos se en¬comienda. Y pues sois, después de Jesucristo, mi única esperanza, a Vos, Señora, acudo, y en Vos confío. Enco-mendadme a vuestro Hijo y salvadme.















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viernes, 21 de septiembre de 2012

ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA



                               



Ignoras quoniam benignitas Dei ad poenitentiam te adducit?
 
¿No sabes que la benignidad de Dios te convida a penitencia?
Ro., 2, 4.


PUNTO 1
Refiérase en la parábola de la cizaña que, habiendo crecido en un campo esa mala hierba mezclada con el buen grano, querían los criados ir a arrancarla. Pero el amo les replicó: «Dejadla crecer: después la arrancaremos para echarla al fuego» (Mi., 13, 29, 30). Infiérase de esta parábola, por una parte, la paciencia de Dios para con los pecadores, y por otra, su rigor con los obstinados.
Dice San Agustín que el enemigo engaña de dos maneras a los hombres: «Con desesperación y con esperanza.» Cuando el pecador ha pecado ya, le mueve a desesperarse por el temor de la divina justicia; pero antes de pecar le anima a que caiga en tentación por la esperanza de la divina misericordia. Por eso el Santo nos amonesta diciendo: «Después del pecado ten esperanza en la misericordia; antes del pecado teme la divina justicia.» Y así es, en efecto. Porque no merece la misericordia de Dios el que se sirve de ella para ofenderle. La misercordia se usa con quien teme a Dios, no con quien la utiliza para no temerle. El que ofende a la justicia—dice él Abulense—, puede acudir a la misericordia; mas el que ofende a la misericordia, ¿a quién acudirá?
Difícilmente se hallará un pecador tan desesperado que quiera expresamente condenarse. Los pecadores quieren pecar, mas sin perder la esperanza de salvación. Pecan, y dicen: Dios es la misma bondad; aunque ahora peque, yo me confesaré más adelante. Asi piensan los pecadores, dice San Agustín (Trac., 33, in Jn.). Pero, ¡oh Dios mío!, así pensaron muchos que ya están condenados.
«No digas—exclama el Señor—la misericordia de Dios es grande: mis innumerables pecados, con un acto de contrición me serán perdonados» (Ecl., 5, 6). No habléis así—nos dice el Señor—. ¿Y por qué? «Porque su ira está tan pronta como su misericordia; y su ira mira a los pecadores» (Ecl., 5, 7).
La misericordia de Dios es infinita; pero los actos de ella, o sea los de conmiseración, son finitos. Dios es clemente, pero también justo. «Soy justo y misericordio¬so;—dijo el Señor a Santa Brígida—, y los pecadores sólo atienden a la misericordia.» «Los pecadores—escribe San Basilio—no quieren ver más que la mitad.» «Bueno es el Señor; pero, además, es justo. No queramos considerar únicamente una mitad de Dios.»
Sufrir al que se sirve de la bondad de Dios para mas ofenderle—decía el Santo Avila—, antes fuera injusticia que misericordia. La clemencia fue ofrecida al que teme a Dios, no a quien abusa de ella. Et misericordia ejus timentibus eum, como exclamaba en su cántico la Virgen Santísima. A los obstinados los amansa la justicia, porque, como dice San Agustín, la veracidad de Dios resplandece aun en sus amenazas (1).
«Guardaos—dice San Juan Crisóstomo (2)—cuando el demonio (no Dios) os promete la divina misericordia con el fin de que pequéis.» «¡Ay de aquel—añade San Agustintín—que para pecar atiende a la esperanza!...(In Sal. 144). i A cuántos ha engañado y perdido esa vana ilusión! > (3). ¡Desdichado del que abusa de la piedad de Dios para ofenderle más!... Lucifer—como afirma San Bernardo— fué con tan asombrosa presteza castigado por Dios, porque al rebelarse esperaba que no recibiría castigo.
El rey Manases pecó; convirtióse luego, y Dios le perdonó. Mas para Amón, su hijo, que, viendo cuan fácil había conseguido el perdón su padre, llevó mala vida con esperanza de ser también perdonado, no hubo misericordia. Por esa causa—dice San Juan Crisóstomo—se condenó Judas, porque se atrevió a pecar confiado en la benignidad de Jesucristo (4).
En suma: si Dios espera con paciencia, no espera siempre. Pues si el Señor siempre nos tolerase, nadie se condenaría; pero la opinión más común es que la mayor parte de los cristianos adultos se condena. «Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él» (Mt., 7, 13).
Quien ofende a Dios, fiado en la esperanza de ser perdonado, «es un escarnecedor y no un penitente»—dice San Agustín—. Por otra parte, nos afirma San Pablo que «Dios no puede ser burlado» (Ga., 6, 7). Y sería bur¬larse de Dios el ofenderle siempre que quisiéramos y lue¬go ir a la gloria. Quien siembra pecados no ha de esperar otra cosa que el eterno castigo del infierno (Gal., 6, 8).
La red con que el demonio arrastra a casi todos los cristianos que se condenan es, sin duda, ese engaño con que los seducía diciéndoles: Pecad libremente, que a pesar de todo ello os habéis de salvar. Mas el Señor maldice al que peca esperando perdón (5).
La esperanza después del pecado, cuando el pecador de veras se arrepiente, es grata a Dios; pero la de los obstinados le es abominable (Jb., 11, 20). Semejante es-peranza provoca el castigo de Dios, asi como provocaría a ser castigado el siervo que ofendiese a su señor precisamente porque éste es bondadoso y amable.
(1) Qui verus est in promittendo, verus est in minando.
(2) Hom., 50 ad pop. Antioch.
(3) Dinumerari non possunt quantos haec inanis spei umbra deceperit.
(4) Fidit in lenitate magistri.
(5) Maledictus homo qui peccat in spe.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Ah Dios mío! ¡Mirad cómo soy uno de los que os han ofendido porque erais bueno con ellos!... ¡ Oh Señor!, esperadme aún. No me abandonéis todavía, que yo espero, con el auxilio de vuestra gracia, no provocaros mas a que me dejéis.
Me arrepiento, ¡oh Bondad infinita!, de haberos ofendido y de haber tanto abusado de vuestra paciencia. Os doy gracias porque hasta ahora me habéis tolerado; Y de hoy en adelante no volveré a ser, como he sido, un miserable traidor. Os amo sobre todas las cosas; aprecio vuestra gracia más que a todos los reinos del mundo, y antes que perderla preferiría perder mil veces la vida.
Dios mío, por amor de Jesucristo, concededme, con vuestro santo amor, el don de la perseverancia hasta la muerte. No permitáis que de nuevo os haga traición ni deje de amaros.
Y Vos, Virgen María, en quien espero siempre, alcanzadme la perseverancia final, y nada más pido.

PUNTO 2

Dirá, quizá, alguno: «Puesto que Dios ha tenido para mi tanta clemencia en lo pasado, espero que la tendrá también en lo venidero.» Mas yo respondo: «Y por haber sido Dios tan misericordioso contigo, ¿quieres volver a ofenderle?» «¿De ese modo—dice San Pablo—desprecias la bondad y paciencia de Dios? ¿Ignoras que si el Señor te ha sufrido hasta ahora no ha sido para que sigas ofendiéndole, sino para que te duelas del mal que hiciste?» (Ro., 2, 4). Y aun cuando tú, fiado en la divina misericordia, no temas abusar de ella, el Señor te la retirará. «Si vosotros no os convirtiereis, entensará su arco y le preparará (Sal. 7, 13). Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo (Dt., 32, 35). Dios espera; mas cuando llega la hora de la justicia, no espera más y castiga.
Aguarda Dios al pecador a fin de que se enmiende (Is., 30, 18); pero al ver que el tiempo concedido para llorar los pecados sólo sirve para que los acreciente, válese de ese mismo tiempo para ejercitar la justicia (Lm., 1, 15). De suerte que el propio tiempo concedido, la misma misericordia otorgada, serán parte para que el castigo sea más riguroso y el abandono más inmediato. «Hemos medicinado a Babilonia y no ha sanado. Abandonémosla» (Jer., 51, 9).
¿Y cómo nos abandona Dios? O envía la muerte al pecador, que así muere sin arrepentirse, o bien le priva de las gracias abundantes y no le deja más que la gracia suficiente, con la cual, si bien podría el pecador salvarse, no se salvará. Obcecada la mente, endurecido el corazón, dominado por malos hábitos, será la salvación moralmen-te imposible; y así seguirá, si no en absoluto, a lo menos moralmente abandonado. «Le quitará su cerca, y será talada...» (Is., 5, 5). ¡Oh, qué castigo! Triste señal es que el dueño rompa el cercado y deje que en la viña entren los que quisieren, hombres y ganados: prueba es de la abandona.
Así, Dios, cuando deja abandonada un alma, le quita la valla del temor, de los remordimientos de conciencia, la deja en tinieblas sumida, y luego penetran en ella todos los monstruos del vicio (Sal. 103, 20). Y el pecador, aban¬donado en esa oscuridad, lo desprecia todo: la gracia divina, la gloria, avisos, consejos y excomuniones; se burlará de su propia condenación (Pr., 18, 3).
Le dejará Dios en esta vida sin castigarle, y en esto consistirá su mayor castigo. «Apiadémonos del impío...; no aprenderá (jamás) justicia» (Is. 26, 10). Refiriéndose a ese pasaje, dice San Bernardo (6): «No quiero esa misericordia, más terrible que cualquier ira».
Terrible castigo es que Dios deje al pecador en sus pecados y, al parecer, no le pida cuenta de ellos (Sal. 10, 4). Diríase que no se indigna contra él (Ez., 16, 42) y que le permite alcanzar cuanto de este mundo desea (Sal. 80, 13). ¡Desdichados los pecadores que prosperan en la vida mortal! ¡ Señal es de que Dios espera a ejercitar en ellos su justicia en la vida eterna! Pregunta Jeremías (Jer., 12, 1): «¿Por qué el camino de los impíos va en prosperidad?» Y responde en seguida (Jer., 12, 3): «Congrégalos como el rebaño para el matadero.»
No hay, pues, mayor castigo que el de que Dios permita al pecador añadir pecados a pecados, según lo que dice David (Sal. 68, 28-29): «Ponles maldad sobre maldad. .. Borrados sean del libro de los vivos»; acerca de lo cual dice San Belarmino: «No hay castigo tan grande como que el pecado sea pena del pecado.» Más le valiera a alguno de esos infelices que cuando cometió el primer pecado el Señor le hubiera hecho morir; porque muriendo después, padecerá tantos infiernos como pecados hubiere cometido.
(6) Serm. 42, in Cant.

AFECTOS Y SÚPLICAS

Bien veo, Dios mío, que en este miserable estado he merecido que me privaseis de vuestras luces y gracias. Mas por la inspiración que me dais, y oyendo que me llamáis a penitencia, reconozco que todavía no me habéis abandonado. Y puesto que así es, acrecentad, Señor mío, vuestra piedad en mi´ alma, aumentadme la divina luz y el deseo de amaros y serviros.
Transformadme, ¡oh Dios mío!, y de traidor y rebelde que fui, mudadme en fervoroso amante de vuestra bondad, a fin de que llegue para mí el venturoso día en que
vaya al Cielo para alabar eternamente vuestras misericordias. Vos, Señor, queréis perdonarme, y yo sólo deseo que me otorguéis vuestro perdón y vuestro amor.

Duéleme, ¡oh Bondad infinita!, de haberos ofendido tanto.
Os amo, ¡oh Sumo Bien!, porque así lo mandáis y porque sois dignísimo de ser amado. Haced, pues, Redentor mío, que os ame este pecador tan amado de Vos, y con tal paciencia por Vos esperado. Todo lo espero de vuestra piedad inefable. Confío en que os amaré siempre en lo sucesivo, hasta la muerte y por toda la eternidad (Sal. 83, 3), y que vuestra clemencia, Jesús mío, será perdurable objeto de mis alabanzas.
Siempre también alabaré, ¡oh María!, vuestra misericordia, por las gracias innumerables que me habéis alcanzado. A vuestra intercesión las debo. Seguid, Señora mía, ayudándome y alcanzadme la santa perseverancia.

PUNTO 3

Refiérese en la Vida del Padre Luis de Lanuza que cierto día dos amigos estaban paseando juntos en Palermo, y uno de ellos, llamado César, que era comediante, notando que el otro se mostraba pensativo en extremo, le dijo: «Apostaría a que has ido a confesarte, y por eso estás tan preocupado... Yo no quiero acoger tales escrúpulos... Un día me dijo el Padre Lanuza que Dios me daba doce años de vida y que si en ese plazo no me enmendaba tendría mala suerte. Después he viajado por muchas partes del mundo; he padecido varias enferme¬dades, y en una de ellas estuve a punto de morir... Pero en este mes, cuando van a terminar los famosos doce años, me hallo mejor que nunca...». Y luego invitó a su amigo a que fuese, el sábado inmediato, a ver el estreno de una comedia que el mismo César había compuesto... Y en aquel sábado, que fué el 24 de noviembre de 1668, cuando César se disponía a salir a escena, dióle de improviso una congestión y murió repentinamente en brazos de una actriz. Así acabó la comedia.
Pues bien, hermano mío; cuando la tentación del enemigo te mueva a pecar otra vez, si quieres condenarte puedes libremente cometer el pecado; mas no digas que deseas tu salvación. Mientras quieras pecar, date por condenado, e imagina que Dios decreta su sentencia, diciendo: «¿Qué más puedo hacer por ti, ingrato, de lo que ya hice?» (Is,, 5. 4). Y ya que quieres condenarte, condénate, pues... tuya es la culpa.
Dirás, acaso, que en dónde está ese modo de misericordia de Dios... ¡Ah, desdichado! ¿No te parece misericordia el haberte Dios sufrido tanto tiempo con tantos pecados? Prosternado ante Él y con el rostro en tierra debieras estar dándole gracias y diciendo: «Misericordia del Señor es que no hayamos sido consumidos» (Lm., 3, 22).
Al cometer un solo pecado mortal incurriste en delito mayor que si hubieras pisoteado al primer soberano del mundo. Y tantos y tales has cometido que si esas ofensas de Dios las hubieses hecho contra un hermano tuyo, no las hubiera éste sufrido... Mas Dios no sólo te ha esperado, sino que te ha llamado muchas veces y te ha ofre¬cido el perdón. ¿Qué más debía hacer? (Is., 5, 4).
Si Dios tuviese necesidad de ti, o si le hubieses honrado con grandes servicios, ¿podría haberse mostrado más clemente contigo? Así, pues, si de nuevo volvieras a ofenderle, harías que su divina misericordia se trocara en indignación y castigo.
Si aquella higuera hallada sin frutos por su dueño no los hubiera dado tampoco después del año de plazo concedido para cultivarla, ¿quién osaría esperar que se le diese más tiempo y no fuese cortada? Escucha, pues, lo que dice San Agustín: «¡Oh árbol infructuoso!, diferido fue el golpe de la segur. ¡ Mas no te creas seguro, porque serás cortado! Fue aplazada la pena—expresa el Santo—, pero no suprimida. Si abusas más de la divina misericordia, el castigo té alcanzará: serás cortado.»
¿Esperas, por tanto, a que el mismo Dios te envíe al infierno? Pues si te envía, ya lo sabes, jamás habrá remedio para ti. Suele el Señor callar, mas no por siempre. Cuando llega la hora de la justicia, rompe el silencio. Esto hiciste y callé. Injustamente creíste que sería tal como tú. Te argüiré y te pondré ante tu propio rostro (Sal. 49, 21). Te pondrá ante los ojos los actos de divina misericordia, y hará que ellos mismos te juzguen y con¬denen.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡ Ah Dios mío! Desventurado de mí si, después de haber recibido la luz que ahora me dais, volviese a ser infiel haciéndoos traición. Esas luces, señales son de que deseáis perdonarme. Me arrepiento, ¡oh Sumo Bien!, de cuantas ofensas hice a vuestra infinita bondad. Por vuestra preciosísima Sangre esperó el perdón ciertamente. Mas si de nuevo me apartara de Vos, reconozco que merecería un infierno a propósito creado para mí.
Tiemblo, Dios de mi alma, por la posibilidad de volver a perder vuestra gracia. Porque muchas veces he prometido seros fiel, y luego nuevamente me he rebelado contra Vos... No lo permitáis, Señor; no me abandonéis en esa inmensa desgracia de verme otra vez convertido en un enemigo vuestro. Dadme otro castigo; pero ése, no. «No permitáis que me aparte de Vos.»
Si veis que he de ofenderos, haced que antes pierda la vida. Acepto la muerte más dolorosa antes que llorar la desdicha de verme privado de vuestra gracia. Ne permitas me separari a Te. Lo repito, Dios mío, y haced que lo repita siempre: «No permitáis que me separe de Vos. Os amo, carísimo Redentor mío, y no quiero separarme de Vos.» Concededme, por los merecimientos de vuestra muerte, amor tan fervoroso que con Vos me una estrechamente y jamás pueda alejarme de Vos.
Ayudadme, ¡oh Virgen María!, con vuestra intercesión y alcanzadme la santa perseverancia y el amor a Cristo Jesús.


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