sábado, 22 de septiembre de 2012

SANTO TOMAS DE VILLANUEVA



       
En el siglo 16, Alemania y España presentaron un contraste curioso: la primera se dividió, escandalizado, pervertida  por un monje agustino apóstata: Luther. La segunda fue elevada y santificada por otro monje agustino de Santo Tomás de Villanueva.

St. Thomas nació el 18 de septiembre 1488 en Fuentellana, España, hijo de una familia noble pero empobrecida.
Sus padres eran extremadamente virtuoso y le transmitió su amor por los pobres. Su madre había recibido el don de milagros. El niño fue fruto digno de unos padres santos.

Después de una infancia virtuosa en Villanova, se graduó con honores en la Universidad de Alcalá.
A los 28 años se unió a los frailes de San Agustín en Salamanca y tomó sus votos el 25 de noviembre de 1517, el mismo año de la apostasía de Lutero. En Salamanca fue profesor de Teología Escolástica, y pronto comenzó a predicar en los púlpitos de toda España. Dedicó su vida al confesionario y el púlpito.

Sus sermones eran tan convincente que fue nombrado predicador de la corte del emperador Carlos V y uno de sus consejeros de Estado.
Se dice que nunca Carlos V le había negado nada a Santo Tomás, porque - como el emperador afirmó - tenía el don de mover los corazones.

Se le ofreció la sede de Granada, pero se negó al cargo.
Años más tarde, en 1544, se vio obligado a aceptar por obediencia el Arzobispado de Valencia. En ese momento, el Reino de Valencia sufría de una grave sequía. Cuando se anunció que Santo Tomás había sido elegido el nuevo arzobispo,caía lluvia  en abundancia, un signo de los días de gracia y redención por venir. De hecho, esta lluvia resume bien la tenencia de Santo Tomás de Villanueva, quien llegó a ser conocido como "Limosnero" y "Padre de los pobres" por su caridad, y  "modelo de los Obispos" por su gobierno y las leyes. Hizo una reforma gradual y constante del Clero, y luego se extendió a todos los fieles.

Continuó su vida mortificada, viendo siempre en los pobres su tesoro más preciado.
Era generoso con todos, pero muy parsimonioso consigo mismo hasta el punto de que llevaba el mismo hábito que había recibido en el noviciado. Una vez  se le acusaba de avaricia por un sastre que recibió un viejo abrigo para mejorarlo para él. No obstante, algún tiempo después de San Esteban dio 150 monedas de plata como dote para las hijas del sastre.

Cien pobre  llegaban a la puerta de Santo Tomás cada mañana y les dieron comida, el vino y el dinero.
Su caridad era a menudo acompañado por milagros de curación de los enfermos, la multiplicación de las extraordinarias conversiones y de los alimentos. Sus éxtasis eran tan comunes que a veces él los describió en sus sermones sobre la Transfiguración.

Después de 11 años de su episcopado, St. Thomas cayó gravemente enfermo y murió 08 de septiembre 1555, el día de la Natividad de Nuestra Señora.
En su agonía, le dio la cama en la que estaba acostado a un hombre pobre. Era lo último que tenía.

Santo Tomás de Villanueva dejó un gran número de sermones y escritos teológicos, su estilo grandioso es una reminiscencia de St. Bernard.

Comentarios del Prof. Plinio:

Esto no es una selección muy fácil hacer comentarios sobre los informes ya que principalmente los datos sobre Santo Tomás de Villanueva  son característicos de muchos santos. Son admirables y dignos de elogio, pero un poco demasiado genérico y repetir lo que hemos oído hablar de los demás. Me limito, pues, a comentar algunos puntos más característicos aquí y allí para nuestra meditación.

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Carlos V la paz con los protestantes alemanes
príncipes en Augsburg, 1530
En primer lugar, hay que destacar el hecho de que Carlos V eligió a Santo Tomás de Villanueva como predicador y consejero. Él era una persona que en muchos aspectos dirigió a la conciencia del Emperador. Usted ve el dedo de la Providencia Divina dirigiendo este gran estadista.

Carlos V, emperador del Sacro Romano Imperio alemán, un hombre sobre cuyos dominios nunca se ponía el sol, era un hombre extraordinariamente importante. Siguió la vocación de los Habsburgo de la Casa de Austria. Hay un texto de María de Agreda que describe los designios de la Providencia para la Casa de Austria y todas las gracias que Dios dio a los Habsburgo a cumplirlas. Es muy hermoso ver cómo la Divina Providencia ayudó a la realización de los diseños mediante el envío de Santo Tomás de Villanueva a ser el predicador de la corte y consejero de Carlos V.

 Carlos V,
hay que añadir que la tristeza, no corresponde enteramente a los planes de Dios. Tenía un santo como concejal, pero él era un hombre cuya suavidad y el espíritu de tolerancia a permitido ampliar el protestantismo en sus tierras. Es cierto que tenía muchos enemigos diferentes para luchar. Uno de ellos fue la liga formada por musulmanes de Turquía y Francia católica, que también se convirtió indirectamente responsable de la expansión del protestantismo.

Pero Carlos V tuvo largos períodos de paz cuando podría haberse opuesto a la expansión del protestantismo. Sus temporizaciones famosas lo han convertido en objeto de fuertes críticas y objetivas por historiadores de la Iglesia.

Pero él acabó con su vida también. Dejó a un lado todas sus propiedades y sus bienes y se retiró a un monasterio como un penitente. Pasó sus últimos años viviendo una vida que edifica toda la cristiandad. ¿Los buenos consejos de Santo Tomás de Villanueva, finalmente se  trasladaron a su corazón? Solía ​​decir que Santo Tomás tenía el don de mover los corazones. ¿Sabía St. Thomas también doblar su corazón de hierro? Es un punto a tener en cuenta.


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Un ángel sostiene un retrato del emperador Carlos V, que murió penitente en el monasterio de San Yuste en España - Antonio Pereda
Alguien podría objetar: ¿Por qué dice que él tenía un corazón de hierro? Un hombre que hace concesiones es un hombre suave y no se puede considerar un hombre con un corazón de hierro.

Yo respondería que la larga experiencia de vida me ha enseñado que nada es más difícil de cambiar que el corazón de un hombre suave y convertirlo en un hombre lleno de energía. Es más difícil hacer un hombre suave enérgico que hacer que un hombre enérgico se ablande. Creo que un santo que podría haber hecho a Louis XVI perder su suavidad habría realizado una hazaña sobrenatural mayor que el que convencería a Luis XIV que se abstengan de usar la fuerza. Por lo tanto, el cambio de Carlos V, que fue a un monasterio para hacer penitencia, puede haber sido debido a un buen consejo de Santo Tomás de Villanueva.

En segundo lugar, es interesante ver que Santo Tomás tenía tantas éxtasis  que se utilizan para hablar de ellos en sus sermones.
Es admirable ver cómo se informó, sincera y noblemente, sin vanidad, las manifestaciones de la gracia en su alma desde el púlpito. Sólo un alma verdaderamente superior puede hacer esto porque entiende que la gracia no depende de su mérito personal, sino únicamente de la generosidad de Dios.

Esta actitud es lo contrario de una forma calvinista cierta comprensión de la humildad que se ha infiltrado en muchos ambientes católicos.
De acuerdo con ella, el individuo se siente orgulloso si alguna vez se alaba o permite que alguien más sabe de sus cualidades o dones, porque la humildad siempre exigiría que ocultar estas cosas. Esto no siempre es cierto. Es una imagen simplificada.

Sé, por supuesto, que puede ser peligroso  decirle a una persona que pueda alabar a sus propias cualidades.
A menudo sucede que la persona no tiene una visión objetiva de sí mismo, sino que exagera sus cualidades y se convierte en orgullo. Lo sé, y estoy de acuerdo en que hay que tener cuidado de alentar este tipo de orgullo.

Pero esto es diferente a la que obliga a todos a ocultar sus cualidades en el nombre de la humildad.
Se puede ver en la vida de Santo Tomás de Villanueva cómo hizo una manifestación hermosa y natural de las gracias que recibió y las cosas maravillosas que Dios ha hecho en su alma. Podía hablar de ellos, incluso en un sermón porque él fue separado de ellos y fue glorificar a Dios solamente, y no a sí mismo.

En la riqueza de la Iglesia Católica, podemos encontrar los modelos, tanto para el Estado, que consiste en guardar silencio sobre las propias cualidades, y también para la excepción, que es para alabar a una de las gracias y cualidades propias con el fin de honrar a Dios.


Esta es otra faceta hermoso de la vida de Santo Tomás de Villanueva.



                                  

PARA NO OLVIDAR

COMO NACE LA TRAICIÓN Y QUIENES SON LOS RESPONSABLES; (primera parte de una serie de documentos de la fsspx de donde podemos analizar quienes son los responsables en diversos grados de la destrucción de la orden fundada por Mons. Lefebvre




Por la amabilidad de conceder la casa general de la Fraternidad San Pío X,
la revista fideliter , en su número 88, marzo-abril de 2009, publicado exclusivamente
el texto de la carta de agradecimiento que los cuatro obispos de la Fraternidad
se remitió al Supremo Pontífice Benedicto XVI
tras el decreto de 21 de enero 2009

Carta de agradecimiento de los cuatro obispos de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X
al Papa Benedicto XVI


Texto italiano
Texto en francés
el contenido de N º 88 de fideliter



A Su Santidad el Papa Benedicto XVI
Santo Padre,
Está llena de acción de gracias que deseamos expresar a Vuestra Santidad nuestro profundo agradecimiento por el acto de su bondad paternal y su valentía apostólica con la que ha hecho inoperante la medida nos llamó la atención hace veinte años, como resultado de nuestra consagración episcopal.

Su decreto de 21 de enero 2009 rehabilita de alguna manera el venerado fundador de nuestra Fraternidad Sacerdotal de San El arzobispo Marcel Lefebvre.
Nos parece que adquiere un gran bien para la Iglesia, haciendo justicia a los sacerdotes y fieles de todo el mundo, unidos a la tradición de la Iglesia, ya no serán injustamente estigmatizados por haber mantenido la fe de sus padres.
Es debido a esta batalla de fe que asegurar a Vuestra Santidad, como ella espera, a "no escatimar esfuerzos para profundizar las discusiones necesarias con la Autoridad de la Santa Sede las cuestiones pendientes."
En realidad, quiero empezar lo antes posible, con los representantes de Su Santidad, de comercio relativo a las doctrinas de oposición al Magisterio de todos los tiempos.
De esta manera es necesario, que evoca Vuestra Santidad, esperamos ayudar a la Santa Sede para poner el remedio adecuado a la pérdida de fe en la Iglesia.
La Virgen María Inmaculada visiblemente guiado los pasos de Su Santidad para nosotros, y que va a mantener su intercesión bonita.
Es con esa confianza que filialy pedir al pastor universal para bendecir a cuatro de sus hijos más apegado al Sucesor de Pedro ya su misión de apacentar los corderos y las ovejas del Señor.
Menzingen, 29 de enero de 2009, Fiesta de San Francisco de Sales.
+ Bernard Fellay
+ Bernard Tissier de Mallerais
+ Richard Williamson
+ Alfonso de Galarreta

MENDIGANDO EL PERMISO PARA CRITICAR LAS HEREJÍAS

 Ya entraron a la fiesta de la iglesia conciliar, aquí es donde quieren estar, en comunión con esto.........




FSSPX-Roma: Importante - Padre Schmidberger habla de las condiciones y el estado actual de las negociaciones con Roma

Fr. Schmidberger habló en el último Capítulo General, la situación actual de los asuntos entre Roma y la Fraternidad San Pío X, y en la relación con  Müller (director de la Congregación para la Doctrina de la Fe - y Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei).

    
            
                                                              
                     
Lo que sigue es una adaptación, pero razonablemente precisa, resumen del video 17:21 de duración.

Sobre el primer punto, relativo al Capítulo General, P.. Observaciones, Schmidberger sobre la ganancia de la misma Fraternidad San Pío X: "El Capítulo General nos ha proporcionado una nueva unidad dentro de nuestras propias filas, [a la unidad], que había sufrido un poco en los últimos tiempos, y eso es una gran gracia de Dios, lo haría decir ". En cuanto al aspecto externo del Capítulo General, el Padre señala que hay tres puntos que deben ser exigidos a las autoridades en caso de una unión visible con Roma se establecerá. Estos son: en primer lugar, que la Fraternidad San Pío X se le dará la libertad para exponer los errores del Concilio Vaticano II, en segundo lugar, que la Fraternidad San Pío X se le permitirá utilizar sólo los libros litúrgicos de 1962, y en tercer lugar, que siempre debe haber un obispo en la Fraternidad desde dentro de sus propias filas.

La segunda cuestión con la situación entre Roma y la FSSPX. Alrededor de Pentecostés (de este año), la gente pensaba que una unión visible estaba cerca, pero, como observa el padre, la reunión del Cardenal Levada y Mons. Fellay cambiado esto. La propuesta que fue presentada por el cardenal contenía no sólo la propuesta [nota del traductor: para un preámbulo doctrinal] que el obispo Fellay había enviado a Roma antes, pero contribuyó a que la propuesta de nuevos requisitos a cumplir por la Fraternidad San Pío X, pero que el Obispo considera inaceptable que la Fraternidad.

Estos requisitos adicionales se componen, según el padre, del reconocimiento de la "licitud" [en alemán: Lizeität - nota del traductor: ver también el prólogo de alemán de la FSSPX Distrito Mitteilungsblatt nr. 404 de septiembre de 2012, en la que la misma palabra se usa, se refuerza la creencia de que estas palabras se deriva directamente de la propuesta del cardenal Levada] de la nueva liturgia [Nota del traductor: Padre, en primer lugar se presenta la Lizeität término como "permisividad", pero luego inmediatamente se interpreta en el sentido de "legitimidad"], y también del reconocimiento de la continuidad ininterrumpida entre el Vaticano II y todos los consejos anteriores y las declaraciones doctrinales de la Iglesia. Y eso es imposible, según el padre, ya que sin lugar a dudas son rupturas con el Vaticano II y "por lo tanto, no puede aceptar la hermeutic de continuidad como tal" [las cursivas son del traductor].

Tras esa reunión, el obispo Fellay envió una carta al Papa, pidiéndole que si estos requisitos adicionales deseada por Su Santidad, o que eran las demandas de sus compañeros de trabajo lo es. El Papa aseguró Mons. Fellay que él realmente desea que estos requisitos se han cumplido.

La Fraternidad San Pío X le enviará su preocupación acerca de estos requisitos adicionales a Roma con la esperanza de que puedan ser resueltos. Ya con las discusiones doctrinales se hizo evidente que hay grandes diferencias entre la enseñanza de la Iglesia durante los últimos siglos (representados por la Fraternidad San Pío X) y los conceptos doctrinales de los representantes de las autoridades actuales de la iglesia. Siempre y cuando estas no se resuelven, el padre dice que cree que no habrá éxodo real de la Iglesia de los problemas actuales.

La tercera pregunta, entonces, trata de la relación entre el arzobispo Müller, el actual prefecto de la CDF, y la FSSPX. El Arzobispo no ha sido muy favorable de la Fraternidad San Pío X, cuando era el ordinario local de la diócesis en la que la Fraternidad San Pío X tiene su seminario alemán, sin embargo, lo que preocupa Padre mucho más es la heterodoxia del Arzobispo en ciertos puntos de la Fe , mientras que el jefe de la CDF se supone velar por la fe y protegerla.

Padre Steiner preguntó entonces si p. Schmidberger espera excomuniones nuevas, si la Fraternidad San Pío X no cumple con los dos requisitos antes mencionados. Padre Schmidberger, sin embargo, piensa que eso es muy improbable. Él ve la Fraternidad no sólo como una comunidad de unos 570 sacerdotes, hermanas algunos y algunas escuelas católicas, pero - sin querer venir a través como pretencioso - él también cree que la Fraternidad San Pío X es en cierto modo la columna vertebral de todos los que quieren mantener la Tradición viva de la Iglesia. Para todos ellos, la Fraternidad San Pío X es en cierto modo un punto de referencia. Si este punto de referencia se desacreditó de tal manera, esto significaría un enorme "desmoralización" de las fuerzas tradicionales y conservadoras de la Iglesia. Por tanto, sería una catástrofe enorme, no tanto por la Fraternidad, sino por la misma Iglesia.

Finalmente, la última pregunta recabó la opinión del padre. Schmidberger respecto a si las conversaciones con Roma han tenido ningún beneficio. Padre cree que las conversaciones han tenido enormes beneficios. En primer lugar, se ha demostrado que la Fraternidad San Pío X realmente buscar una normalización, que la Fraternidad San Pío X se refiere a su situación actual a la luz de la crisis actual, ya que no es normal, y cada anormalidad persiste para una normalización. La situación actual es anormal, sin embargo, no es culpa de la Fraternidad, sino que es una necesidad en la crisis actual, si se quiere mantener la antigua liturgia, la doctrina antigua, la antigua disciplina integral y si se quiere vivir homogéneamente como católico en esta plenitud.

Por otra parte, los debates han demostrado que no existen diferencias doctrinales, y las desviaciones no existen en el lado de la Fraternidad, pero en el lado de - uno tiene que, lamentablemente, admitir esto - los representantes de la Iglesia que organizan los encuentros de Asís, que la práctica lo que ha sido explícitamente condenado en el pasado por la Iglesia, por los Papas, por los consejos.

Y en tercer lugar, las negociaciones han dado lugar a un proceso de clarificación de la sociedad. La sociedad no está de acuerdo con aquellos que, por principio, rechazan las conversaciones con Roma. Padre termina la entrevista diciendo:. "La Fraternidad nunca ha trabajado para sí mismo, nunca se ha considerado como un fin en sí mismo, pero siempre se ha esforzado para servir a la Iglesia, para servir a los Papas Arzobispo Lefebvre siempre ha dicho esto: quiere estar a disposición de los obispos, de los Papas, queremos servirles, queremos ayudarles a dirigir la Iglesia salir de esta crisis, para restaurar la Iglesia en toda su belleza, en toda su santidad, pero esto puede Por supuesto, sólo se dan fuera de cualquier compromiso, de cualquier compromiso falsa. Esto es de gran importancia para nosotros y tenemos en verdad trató de reubicar a este tesoro en la Iglesia, para darle el derecho de residencia de nuevo. Y tal vez uno u otro ha funcionado de una manera determinada. La Fraternidad ha, a través de estas discusiones doctrinales que acabo de mencionar, la gente ciertamente hicieron pensar en el Concilio Vaticano II y sobre determinadas declaraciones de este Consejo. "

[Traducción: IM. Fuente: Pius.info]

LOS ENGAÑOS DEL DIABLO


                                      


Autor: San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia


                                       



Los engaños que el diablo pone en la mente de los Pecadores
                              


                                     

PUNTO 1
 
Imaginemos que un joven, reo de pecados graves, se ha confesado y recuperado la divina gracia. El demonio nuevamente le tienta para que reincida en sus pecados. Resiste aún el joven; mas pronto vacila por los engaños que el enemigo le sugiere. «¡Oh hermano mío!—-Te diré—, ¿qué quieres hacer? ¿Deseas perder por una vil satisfacción esa excelsa gracia de Dios, que has reconquistado, y cuyo valor excede al del mundo entero? ¿Vas a firmar tú mismo tu sentencia de muerte eterna, condenándote a padecer para siempre en el infierno?» «No---me responderá—, no quiero condenarme, sino salvar mi alma. Aunque hiciere ese pecado, le confesaré luego...» Ved el primer engaño del tentador. ¡Confesarse después! ¡Pero entre tanto se pierde el alma!
Dime: si tuvieses en la mano una hermosa joya de altísimo precio, ¿la arrojarías al río, diciendo: mañana la buscaré con cuidado y espero encontrarla? Pues en tu mano tienes esa joya riquísima de tu alma, que Jesucristo compró con su Sangre; la arrojas voluntariamente al infierno, pues al pecar quedas condenado, y dices que la recobrarás por la confesión.
Pero ¿y si no la recobras? Para recuperarla es menester verdadero arrepentimiento, que es un don de Dios, y Dios puede no concedértele. ¿Y si llega la muerte y te arrebata el tiempo de confesarte?
Aseguras que no dejarás pasar ni una semana sin con¬fesar tus culpas. ¿Y quién ha ofrecido darte esa semana? Dices que te confesarás mañana. ¿Y quién te promete ese día? El día de mañana—dice San Agustín—no te le ha prometido Dios; tal vez te le concederá, tal vez no (2) como acaeció a muchos, que fueron sanos de noche a dormir en sus camas y amanecieron muertos. ¡ A cuántos, en el acto mismo de pecar, hizo morir el Señor, y los mandó al infierno! Y si hiciese lo propio contigo, ¿cómo podrías remediar tu eterna perdición?
Persuádete, pues, de que con ese engaño de decir «después me confesaré», el demonio ha llevado al infierno millares y millares de almas. Porque difícilmente se hallará pecador tan desesperado que quiera condenarse a sí mismo. Todos, al pecar, pecan con esperanza de reconciliarse después con Dios. Por eso tantos infelices se han condenado y hecho imposible su remedio.
Quizá digas que no podrás resistir a la tentación que se te ofrece. Este es el segundo engaño que te sugiere el enemigo, haciéndote creer que no tienes fuerza para combatir y vencer tus pasiones. En primer lugar, menester es que sepas que, como dice el Apóstol (2 Co., 10, 13): Dios es fiel y no permite que seamos tentados con violencia superior a nuestro poder.
Además, si ahora no confías en resistir, ¿cómo tienes esperanza de lograrlo después, cuando el enemigo no cese de inducirte a nuevos pecados y sea para ti más fuerte que antes y tú más débil? Si piensas que no puedes ahora extinguir esa llama, ¿cómo crees que la apagarás luego, cuando sea mucho más violenta?... Afirmas que Dios te ayudará. Mas su auxilio poderoso te le da ya ahora; ¿por qué no quieres valerte de él para resistir? ¿Esperas, acaso, que Dios ha de aumentarte su auxilio y su gracia cuando tú hayas acrecentado tus culpas?
Y si deseas mayor socorro y fuerzas, ¿por qué no se los pides a Dios? ¿Dudas, tal vez, de la fidelidad del Señor, que prometió conceder lo que se le pidiere? (Mt., 7, 7). Dios no olvida sus promesas. Acude a Él y te dará la fuerza que necesitas para resistir a la tentación. Dios, como nos dice el Concilio de Trento, no manda cosas imposibles.
Al dar el precepto, quiere que hagamos lo que pudiéremos, con el auxilio actual que nos comunica; y si este auxilio no nos bastare para resistir, nos exhorta a que se lo pidamos mayor, que pidiéndole como se debe, nos le concederá (Ses., 6, c. 13).

(1) Aunque muchos pensamientos incluidos en esta meditación han sido ya considerados en las precedentes, es útil, sin embargo, compendiarlos y reunirlos aquí, a fin de combatir los engaños usuales de que el demonio suele valerse para lograr que los pecadores reincidan en sus culpas.
(2) Crastinum Deus non promisit; fortasse dabit, fortasse non dabit. en sus culpas.


SÚPLICA

¿Y por haber sido Vos, ¡oh Dios mío!, tan benévolo para conmigo, he sido yo tan ingrato con Vos? Como a porfía, Señor, apartaba me yo de Vos, y Vos me buscabais. Me colmabais de bienes, y yo os ofendía.
¡ Oh Señor mío! Aunque sólo fuese por la bondad con que me habéis tratado, debiera yo estar enamorado de Vos, porque a medida que yo acrecentaba las culpas, me aumentabais Vos la gracia para que me enmendase. ¿Acaso he merecido yo la luz con que ilumináis mi alma?
Gracias os doy, Dios mío, con todo mi corazón, y espero que os las daré eternamente en el Cielo, pues los méritos de vuestra preciosísima Sangre me infunden consoladora esperanza de salvación, fundada en la inmensa misericordia que habéis conmigo usado.
Espero, entre tanto, que me daréis fuerzas para no haceros traición, y propongo que con el auxilio de vuestra gracia preferiré mil veces la muerte a ofenderos más. Basta con lo mucho que os ofendí. En la vida que me resta quiero entregarme a vuestro amor. ¿Cómo no amar a un Dios que murió por mí, y me ha sufrido con tanta paciencia, a pesar de las ofensas que le hice?...
Arrepiéntome de todo corazón, Dios de mi alma, y quisiera morir de dolor... Y si en la vida pasada me aparté de Vos, ahora os amo sobre todas las cosas, más que a mí mismo… Eterno Padre, por los merecimientos de Jesucristo, socorred a un miserable pecador que desea amaros...
María, mi esperanza, ayudadme Vos, y alcanzadme la gracia de que acuda siempre a vuestro divino Hijo y a Vos, no bien el enemigo me induzca a cometer nuevos pecados.

PUNTO 2

Dices que el Señor es Dios de misericordia. Aquí se oculta el tercer engaño, comunísimo entre los pecadores, y por el cual no pocos se condenan. Escribe un sabio autor que más almas envía al infierno la misericordia que la justicia de Dios, porque los pecadores, confiando temerariamente en aquélla, no dejan de pecar, y se pierden.

El Señor es Dios de misericordia, ¿quién lo niega? Y, sin embargo, ¡ a cuántas almas manda Dios cada día a penas eternas! Es, en verdad, misericordioso, pero también es justo; y por ello se ve obligado a castigar a quien le ofende. Usa de misericordia con los que le temen (Sal., 102, 11-13).
Pero en los que le desprecian y abusan de la clemencia divina para más ofenderle, tiene que responder sólo la justicia de Dios. Y con grave motivo, porque el Señor perdona el pecado, mas no puede perdonar la voluntad de
pecar.
El que peca—dice San Agustín—pensando en que se arrepentirá después de haber pecado, no es penitente, sino que hace burla y menosprecio de Dios. Además, el Apóstol nos advierte (Ga., 6, 7) que de Dios nadie se burla; ¿y qué irrisión mayor habría que ofenderle cómo y cuándo quisiéramos, y luego aspirar a la gloria?

«Pero asi como Dios fué tan misericordioso conmigo en mi vida pasada, espero que lo será también en lo venidero.» Este es el cuarto engaño. De modo que porque el Señor se ha compadecido de ti hasta ahora, ¿habrá de ser siempre clemente y no te castigará jamás?... Antes bien, cuanto mayor haya sido su clemencia, tanto más debes temer que no vuelva a perdonarte, y que te castigue con rigor apenas le ofendas de nuevo. «No digáis—exclama el Eclesiástico (5, 4)—he pecado, y no he recibido castigo, porque el Altísimo, aunque es paciente, nos da lo que merecemos.»

Cuando llega su misericordia al limite que para cada pecador tiene determinado, entonces le castiga por todas las culpas que el ingrato cometió. Y la pena será tanto más dura cuanto más largo hubiere sido el tiempo en que Dios esperó al culpado, dice San Gregorio.

Si vieras, pues, hermano mío, que, a pesar de tus frecuentes ofensas a Dios, aún no has sido castigado, debes decir: «Señor, grande es mi gratitud, porque me habéis librado del infierno, que tantas veces merecí.» Considera que muchos pecadores, por culpas harto menos graves que las tuyas, se han condenado irremisiblemente, y trata además de satisfacer por tus pecados con el ejercicio de la paciencia y de otras buenas obras.

La benevolencia con que Dios te ha tratado debe animarte no sólo a dejar de ofenderle, sino a servirle y amarle siempre, ya que contigo mostró inmensa misericordia, a otros muchos negada.

AFECTOS Y SÚPLICAS

Jesús mío crucificado, mi Redentor y mi Dios: a vuestras plantas se postra este traidor infame, avergonzándose de comparecer ante vuestra presencia. ¡Cuántas veces os he menospreciado! ¡Cuántas veces prometí no ofenderos más! Pero mis promesas fueron otras tantas traiciones, pues no bien se me ofreció ocasión de pecar, olvídeme de Vos y os abandoné nuevamente. Os doy mil gracias porque me habéis librado del infierno y me permitís estar a vuestros pies, e ilumináis mi alma y me atraéis a vuestro amor.
¡Quiero amaros, Salvador mío, y no despreciaros más, que bastante me habéis esperado! ¡ Infeliz de mí si, a pesar de tantas gracias, volviese a ofenderos! Deseo, Señor, mudar de vida y amaros tanto como os he ofendido, y me llena de consuelo el considerar que sois bondad infinita.
Duéleme de todo corazón de haberos despreciado, y os ofrezco todo mi amor en lo sucesivo. Perdonadme por los merecimientos de vuestra sagrada Pasión; olvidad los pecados con que os injurié, y dadme fuerzas para seros fiel siempre. Os amo, Sumo Bien mío; espero amaros eternamente, y no quiero volver a abandonaros...
¡ Oh María, Madre de Dios, unidme a mi Señor Jesucristo, y alcanzadme la gracia de que yo no me aparte jamás de sus benditos pies!... En Vos confío.

PUNTO 3

«Aún soy joven... Dios se compadece de la juventud, y más tarde me entregaré a Él.» Consideremos este quinto engaño. Eres joven: ¿mas no sabes que Dios no cuenta los años, sino los pecados de cada hombre?... ¿Cuántos has cometido?... Muchos ancianos habrá que no ha¬yan hecho ni la décima parte de los que tú hiciste. ¿Ignoras que el Señor tiene determinados el número y medida de las culpas que a cada pecador ha de perdonar?
«El Señor—dice la Escritura (2 Mac., 6, 14)—sufre con paciencia para castigar a las naciones en el colmo de sus pecados cuando viniere el día del juicio.» Lo cual significa que el Señor es paciente y sufre y espera hasta cierto limite; mas no bien se colma la medida de los pecados que a cada hombre quiere perdonar, cesa el perdón y se ejecuta el castigo, enviando de improviso la muerte al pecador en el estado de condenación en que éste se halle, o abandonándole a su pecado, que es pena peor que la misma muerte (Is., 5).

Si tenéis una tierra de labor y la cercáis con setos, y a pesar de haberla cultivado muchos años y de haber hecho en ella gastos considerables, veis que, con todo eso, no os da fruto alguno, ¿qué haréis?... Le arrancaréis el cercado y la dejaréis abandonada.

Temed que Dios no haga eso mismo con vosotros. Si seguís pecando, iréis perdiendo el remordimiento de conciencia; no pensaréis en la eternidad ni en vuestra alma; perderéis casi del todo la luz que nos guía, acabaréis por perder todo temor... Pues ya con eso quitada está la cerca que os defendía. Ya llegó el abandono de Dios.

Examinemos, en fin, el último engaño. Dices: «Verdad es que por ese pecado perderé la gracia de Dios y quedaré condenado al infierno. Puede, pues, suceder que me condeno ; mas también puede acaecer que luego me confiese y me salve...» Concedo que así pudiera ser. Quizá te salves. No soy profeta, y no me es dado asegurar con certidumbre que después de ese nuevo pecado no habrá ya para ti perdón de Dios.

Mas no me negarás que si con tantas gracias como el Señor te ha concedido todavía vuelves a ofenderle, es sumamente fácil que para siempre te pierdas. Así lo patentiza la Sagrada Escritura (Ecl., 3, 27): «El corazón obstinado mal se hallará en sus postrimerías.» «Los que proceden malignamente serán exterminados» (Sal. 36, 9). «El que siembra pecados, recogerá, al fin, penas y tormentos» (Gal., 6, 8). «Os llamé—dice Dios (Pr., 1, 24-26)—y me rechazasteis... Yo también me reiré en vuestra muerte.» «Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo» Dt., 32, 35).
Así habla de los pecadores obstinados la Sagrada Escritura, y así lo exigen la razón y la justicia. Y, sin embargo, dices que, a pesar de todo, quizá te salvarás. Repetiré que no es imposible; pero ¿no es tremenda locura confiar la eterna salvación a un quizá, y a un quizá tan poco probable? ¿Es negocio éste de tan corto valer, que podemos ponerle en tan grave riesgo?

AFECTOS Y SÚPLICAS

Amadísimo Redentor mío: Postrado a vuestros pies, os agradezco con toda mi alma que, a pesar de mis muchas culpas, no me hayáis abandonado. ¡ Cuántos que os habrán ofendido menos que yo no habrán recibido las inspiraciones que ahora me dais! Bien veo que deseáis salvarme, y yo uno a los vuestros mis deseos. Quiero ensalzar en el Cielo eternamente vuestra misericordia.
Espero, Señor, que me habréis perdonado; pero si todavía no he recuperado vuestra gracia por no haber sabido arrepentirme de mis culpas, ahora me arrepiento de todo corazón, y las detesto sobre todos los males.
Perdonadme, por piedad, y aumentad en mí el dolor de haberos ofendido a Vos, Dios mío, Bondad Suma e inefable. Dadme dolor y amor, pues aunque os amo sobre todas las cosas, harto poco es; quiero amaros más, y a Vos pido y de Vos espero alcanzar ese amor. Oídme, Jesús mío, ya que prometisteis oír al que os suplica...     

                                             

¡Oh Virgen María, Madre de Dios!, el mundo entero afirma que nunca dejáis desconsolado al que a Vos se en¬comienda. Y pues sois, después de Jesucristo, mi única esperanza, a Vos, Señora, acudo, y en Vos confío. Enco-mendadme a vuestro Hijo y salvadme.















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viernes, 21 de septiembre de 2012

ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA



                               



Ignoras quoniam benignitas Dei ad poenitentiam te adducit?
 
¿No sabes que la benignidad de Dios te convida a penitencia?
Ro., 2, 4.


PUNTO 1
Refiérase en la parábola de la cizaña que, habiendo crecido en un campo esa mala hierba mezclada con el buen grano, querían los criados ir a arrancarla. Pero el amo les replicó: «Dejadla crecer: después la arrancaremos para echarla al fuego» (Mi., 13, 29, 30). Infiérase de esta parábola, por una parte, la paciencia de Dios para con los pecadores, y por otra, su rigor con los obstinados.
Dice San Agustín que el enemigo engaña de dos maneras a los hombres: «Con desesperación y con esperanza.» Cuando el pecador ha pecado ya, le mueve a desesperarse por el temor de la divina justicia; pero antes de pecar le anima a que caiga en tentación por la esperanza de la divina misericordia. Por eso el Santo nos amonesta diciendo: «Después del pecado ten esperanza en la misericordia; antes del pecado teme la divina justicia.» Y así es, en efecto. Porque no merece la misericordia de Dios el que se sirve de ella para ofenderle. La misercordia se usa con quien teme a Dios, no con quien la utiliza para no temerle. El que ofende a la justicia—dice él Abulense—, puede acudir a la misericordia; mas el que ofende a la misericordia, ¿a quién acudirá?
Difícilmente se hallará un pecador tan desesperado que quiera expresamente condenarse. Los pecadores quieren pecar, mas sin perder la esperanza de salvación. Pecan, y dicen: Dios es la misma bondad; aunque ahora peque, yo me confesaré más adelante. Asi piensan los pecadores, dice San Agustín (Trac., 33, in Jn.). Pero, ¡oh Dios mío!, así pensaron muchos que ya están condenados.
«No digas—exclama el Señor—la misericordia de Dios es grande: mis innumerables pecados, con un acto de contrición me serán perdonados» (Ecl., 5, 6). No habléis así—nos dice el Señor—. ¿Y por qué? «Porque su ira está tan pronta como su misericordia; y su ira mira a los pecadores» (Ecl., 5, 7).
La misericordia de Dios es infinita; pero los actos de ella, o sea los de conmiseración, son finitos. Dios es clemente, pero también justo. «Soy justo y misericordio¬so;—dijo el Señor a Santa Brígida—, y los pecadores sólo atienden a la misericordia.» «Los pecadores—escribe San Basilio—no quieren ver más que la mitad.» «Bueno es el Señor; pero, además, es justo. No queramos considerar únicamente una mitad de Dios.»
Sufrir al que se sirve de la bondad de Dios para mas ofenderle—decía el Santo Avila—, antes fuera injusticia que misericordia. La clemencia fue ofrecida al que teme a Dios, no a quien abusa de ella. Et misericordia ejus timentibus eum, como exclamaba en su cántico la Virgen Santísima. A los obstinados los amansa la justicia, porque, como dice San Agustín, la veracidad de Dios resplandece aun en sus amenazas (1).
«Guardaos—dice San Juan Crisóstomo (2)—cuando el demonio (no Dios) os promete la divina misericordia con el fin de que pequéis.» «¡Ay de aquel—añade San Agustintín—que para pecar atiende a la esperanza!...(In Sal. 144). i A cuántos ha engañado y perdido esa vana ilusión! > (3). ¡Desdichado del que abusa de la piedad de Dios para ofenderle más!... Lucifer—como afirma San Bernardo— fué con tan asombrosa presteza castigado por Dios, porque al rebelarse esperaba que no recibiría castigo.
El rey Manases pecó; convirtióse luego, y Dios le perdonó. Mas para Amón, su hijo, que, viendo cuan fácil había conseguido el perdón su padre, llevó mala vida con esperanza de ser también perdonado, no hubo misericordia. Por esa causa—dice San Juan Crisóstomo—se condenó Judas, porque se atrevió a pecar confiado en la benignidad de Jesucristo (4).
En suma: si Dios espera con paciencia, no espera siempre. Pues si el Señor siempre nos tolerase, nadie se condenaría; pero la opinión más común es que la mayor parte de los cristianos adultos se condena. «Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él» (Mt., 7, 13).
Quien ofende a Dios, fiado en la esperanza de ser perdonado, «es un escarnecedor y no un penitente»—dice San Agustín—. Por otra parte, nos afirma San Pablo que «Dios no puede ser burlado» (Ga., 6, 7). Y sería bur¬larse de Dios el ofenderle siempre que quisiéramos y lue¬go ir a la gloria. Quien siembra pecados no ha de esperar otra cosa que el eterno castigo del infierno (Gal., 6, 8).
La red con que el demonio arrastra a casi todos los cristianos que se condenan es, sin duda, ese engaño con que los seducía diciéndoles: Pecad libremente, que a pesar de todo ello os habéis de salvar. Mas el Señor maldice al que peca esperando perdón (5).
La esperanza después del pecado, cuando el pecador de veras se arrepiente, es grata a Dios; pero la de los obstinados le es abominable (Jb., 11, 20). Semejante es-peranza provoca el castigo de Dios, asi como provocaría a ser castigado el siervo que ofendiese a su señor precisamente porque éste es bondadoso y amable.
(1) Qui verus est in promittendo, verus est in minando.
(2) Hom., 50 ad pop. Antioch.
(3) Dinumerari non possunt quantos haec inanis spei umbra deceperit.
(4) Fidit in lenitate magistri.
(5) Maledictus homo qui peccat in spe.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Ah Dios mío! ¡Mirad cómo soy uno de los que os han ofendido porque erais bueno con ellos!... ¡ Oh Señor!, esperadme aún. No me abandonéis todavía, que yo espero, con el auxilio de vuestra gracia, no provocaros mas a que me dejéis.
Me arrepiento, ¡oh Bondad infinita!, de haberos ofendido y de haber tanto abusado de vuestra paciencia. Os doy gracias porque hasta ahora me habéis tolerado; Y de hoy en adelante no volveré a ser, como he sido, un miserable traidor. Os amo sobre todas las cosas; aprecio vuestra gracia más que a todos los reinos del mundo, y antes que perderla preferiría perder mil veces la vida.
Dios mío, por amor de Jesucristo, concededme, con vuestro santo amor, el don de la perseverancia hasta la muerte. No permitáis que de nuevo os haga traición ni deje de amaros.
Y Vos, Virgen María, en quien espero siempre, alcanzadme la perseverancia final, y nada más pido.

PUNTO 2

Dirá, quizá, alguno: «Puesto que Dios ha tenido para mi tanta clemencia en lo pasado, espero que la tendrá también en lo venidero.» Mas yo respondo: «Y por haber sido Dios tan misericordioso contigo, ¿quieres volver a ofenderle?» «¿De ese modo—dice San Pablo—desprecias la bondad y paciencia de Dios? ¿Ignoras que si el Señor te ha sufrido hasta ahora no ha sido para que sigas ofendiéndole, sino para que te duelas del mal que hiciste?» (Ro., 2, 4). Y aun cuando tú, fiado en la divina misericordia, no temas abusar de ella, el Señor te la retirará. «Si vosotros no os convirtiereis, entensará su arco y le preparará (Sal. 7, 13). Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo (Dt., 32, 35). Dios espera; mas cuando llega la hora de la justicia, no espera más y castiga.
Aguarda Dios al pecador a fin de que se enmiende (Is., 30, 18); pero al ver que el tiempo concedido para llorar los pecados sólo sirve para que los acreciente, válese de ese mismo tiempo para ejercitar la justicia (Lm., 1, 15). De suerte que el propio tiempo concedido, la misma misericordia otorgada, serán parte para que el castigo sea más riguroso y el abandono más inmediato. «Hemos medicinado a Babilonia y no ha sanado. Abandonémosla» (Jer., 51, 9).
¿Y cómo nos abandona Dios? O envía la muerte al pecador, que así muere sin arrepentirse, o bien le priva de las gracias abundantes y no le deja más que la gracia suficiente, con la cual, si bien podría el pecador salvarse, no se salvará. Obcecada la mente, endurecido el corazón, dominado por malos hábitos, será la salvación moralmen-te imposible; y así seguirá, si no en absoluto, a lo menos moralmente abandonado. «Le quitará su cerca, y será talada...» (Is., 5, 5). ¡Oh, qué castigo! Triste señal es que el dueño rompa el cercado y deje que en la viña entren los que quisieren, hombres y ganados: prueba es de la abandona.
Así, Dios, cuando deja abandonada un alma, le quita la valla del temor, de los remordimientos de conciencia, la deja en tinieblas sumida, y luego penetran en ella todos los monstruos del vicio (Sal. 103, 20). Y el pecador, aban¬donado en esa oscuridad, lo desprecia todo: la gracia divina, la gloria, avisos, consejos y excomuniones; se burlará de su propia condenación (Pr., 18, 3).
Le dejará Dios en esta vida sin castigarle, y en esto consistirá su mayor castigo. «Apiadémonos del impío...; no aprenderá (jamás) justicia» (Is. 26, 10). Refiriéndose a ese pasaje, dice San Bernardo (6): «No quiero esa misericordia, más terrible que cualquier ira».
Terrible castigo es que Dios deje al pecador en sus pecados y, al parecer, no le pida cuenta de ellos (Sal. 10, 4). Diríase que no se indigna contra él (Ez., 16, 42) y que le permite alcanzar cuanto de este mundo desea (Sal. 80, 13). ¡Desdichados los pecadores que prosperan en la vida mortal! ¡ Señal es de que Dios espera a ejercitar en ellos su justicia en la vida eterna! Pregunta Jeremías (Jer., 12, 1): «¿Por qué el camino de los impíos va en prosperidad?» Y responde en seguida (Jer., 12, 3): «Congrégalos como el rebaño para el matadero.»
No hay, pues, mayor castigo que el de que Dios permita al pecador añadir pecados a pecados, según lo que dice David (Sal. 68, 28-29): «Ponles maldad sobre maldad. .. Borrados sean del libro de los vivos»; acerca de lo cual dice San Belarmino: «No hay castigo tan grande como que el pecado sea pena del pecado.» Más le valiera a alguno de esos infelices que cuando cometió el primer pecado el Señor le hubiera hecho morir; porque muriendo después, padecerá tantos infiernos como pecados hubiere cometido.
(6) Serm. 42, in Cant.

AFECTOS Y SÚPLICAS

Bien veo, Dios mío, que en este miserable estado he merecido que me privaseis de vuestras luces y gracias. Mas por la inspiración que me dais, y oyendo que me llamáis a penitencia, reconozco que todavía no me habéis abandonado. Y puesto que así es, acrecentad, Señor mío, vuestra piedad en mi´ alma, aumentadme la divina luz y el deseo de amaros y serviros.
Transformadme, ¡oh Dios mío!, y de traidor y rebelde que fui, mudadme en fervoroso amante de vuestra bondad, a fin de que llegue para mí el venturoso día en que
vaya al Cielo para alabar eternamente vuestras misericordias. Vos, Señor, queréis perdonarme, y yo sólo deseo que me otorguéis vuestro perdón y vuestro amor.

Duéleme, ¡oh Bondad infinita!, de haberos ofendido tanto.
Os amo, ¡oh Sumo Bien!, porque así lo mandáis y porque sois dignísimo de ser amado. Haced, pues, Redentor mío, que os ame este pecador tan amado de Vos, y con tal paciencia por Vos esperado. Todo lo espero de vuestra piedad inefable. Confío en que os amaré siempre en lo sucesivo, hasta la muerte y por toda la eternidad (Sal. 83, 3), y que vuestra clemencia, Jesús mío, será perdurable objeto de mis alabanzas.
Siempre también alabaré, ¡oh María!, vuestra misericordia, por las gracias innumerables que me habéis alcanzado. A vuestra intercesión las debo. Seguid, Señora mía, ayudándome y alcanzadme la santa perseverancia.

PUNTO 3

Refiérese en la Vida del Padre Luis de Lanuza que cierto día dos amigos estaban paseando juntos en Palermo, y uno de ellos, llamado César, que era comediante, notando que el otro se mostraba pensativo en extremo, le dijo: «Apostaría a que has ido a confesarte, y por eso estás tan preocupado... Yo no quiero acoger tales escrúpulos... Un día me dijo el Padre Lanuza que Dios me daba doce años de vida y que si en ese plazo no me enmendaba tendría mala suerte. Después he viajado por muchas partes del mundo; he padecido varias enferme¬dades, y en una de ellas estuve a punto de morir... Pero en este mes, cuando van a terminar los famosos doce años, me hallo mejor que nunca...». Y luego invitó a su amigo a que fuese, el sábado inmediato, a ver el estreno de una comedia que el mismo César había compuesto... Y en aquel sábado, que fué el 24 de noviembre de 1668, cuando César se disponía a salir a escena, dióle de improviso una congestión y murió repentinamente en brazos de una actriz. Así acabó la comedia.
Pues bien, hermano mío; cuando la tentación del enemigo te mueva a pecar otra vez, si quieres condenarte puedes libremente cometer el pecado; mas no digas que deseas tu salvación. Mientras quieras pecar, date por condenado, e imagina que Dios decreta su sentencia, diciendo: «¿Qué más puedo hacer por ti, ingrato, de lo que ya hice?» (Is,, 5. 4). Y ya que quieres condenarte, condénate, pues... tuya es la culpa.
Dirás, acaso, que en dónde está ese modo de misericordia de Dios... ¡Ah, desdichado! ¿No te parece misericordia el haberte Dios sufrido tanto tiempo con tantos pecados? Prosternado ante Él y con el rostro en tierra debieras estar dándole gracias y diciendo: «Misericordia del Señor es que no hayamos sido consumidos» (Lm., 3, 22).
Al cometer un solo pecado mortal incurriste en delito mayor que si hubieras pisoteado al primer soberano del mundo. Y tantos y tales has cometido que si esas ofensas de Dios las hubieses hecho contra un hermano tuyo, no las hubiera éste sufrido... Mas Dios no sólo te ha esperado, sino que te ha llamado muchas veces y te ha ofre¬cido el perdón. ¿Qué más debía hacer? (Is., 5, 4).
Si Dios tuviese necesidad de ti, o si le hubieses honrado con grandes servicios, ¿podría haberse mostrado más clemente contigo? Así, pues, si de nuevo volvieras a ofenderle, harías que su divina misericordia se trocara en indignación y castigo.
Si aquella higuera hallada sin frutos por su dueño no los hubiera dado tampoco después del año de plazo concedido para cultivarla, ¿quién osaría esperar que se le diese más tiempo y no fuese cortada? Escucha, pues, lo que dice San Agustín: «¡Oh árbol infructuoso!, diferido fue el golpe de la segur. ¡ Mas no te creas seguro, porque serás cortado! Fue aplazada la pena—expresa el Santo—, pero no suprimida. Si abusas más de la divina misericordia, el castigo té alcanzará: serás cortado.»
¿Esperas, por tanto, a que el mismo Dios te envíe al infierno? Pues si te envía, ya lo sabes, jamás habrá remedio para ti. Suele el Señor callar, mas no por siempre. Cuando llega la hora de la justicia, rompe el silencio. Esto hiciste y callé. Injustamente creíste que sería tal como tú. Te argüiré y te pondré ante tu propio rostro (Sal. 49, 21). Te pondrá ante los ojos los actos de divina misericordia, y hará que ellos mismos te juzguen y con¬denen.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡ Ah Dios mío! Desventurado de mí si, después de haber recibido la luz que ahora me dais, volviese a ser infiel haciéndoos traición. Esas luces, señales son de que deseáis perdonarme. Me arrepiento, ¡oh Sumo Bien!, de cuantas ofensas hice a vuestra infinita bondad. Por vuestra preciosísima Sangre esperó el perdón ciertamente. Mas si de nuevo me apartara de Vos, reconozco que merecería un infierno a propósito creado para mí.
Tiemblo, Dios de mi alma, por la posibilidad de volver a perder vuestra gracia. Porque muchas veces he prometido seros fiel, y luego nuevamente me he rebelado contra Vos... No lo permitáis, Señor; no me abandonéis en esa inmensa desgracia de verme otra vez convertido en un enemigo vuestro. Dadme otro castigo; pero ése, no. «No permitáis que me aparte de Vos.»
Si veis que he de ofenderos, haced que antes pierda la vida. Acepto la muerte más dolorosa antes que llorar la desdicha de verme privado de vuestra gracia. Ne permitas me separari a Te. Lo repito, Dios mío, y haced que lo repita siempre: «No permitáis que me separe de Vos. Os amo, carísimo Redentor mío, y no quiero separarme de Vos.» Concededme, por los merecimientos de vuestra muerte, amor tan fervoroso que con Vos me una estrechamente y jamás pueda alejarme de Vos.
Ayudadme, ¡oh Virgen María!, con vuestra intercesión y alcanzadme la santa perseverancia y el amor a Cristo Jesús.


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jueves, 20 de septiembre de 2012

MIEMBRO DE NON POSSUMUS CONTESTA POÉTICAMENTE





MIEMBRO DE NON POSSUMUS CONTESTA POÉTICAMENTE A LA RESPUESTA DEL P. CERIANI A SPES

LA RESPUESTA DEL P. CERIANI

Aunque ser ansioso es malo,
me desperte´n madrugada,
pues sabía que´l mentao,
(salvo algún impedimento),
no tardaría en hablar,
y escribiendo sin demoras,
diría unas cuantas cosas
para nuestro “aprendimiento”.
Y asi jué, como esperaba…
Y no duden los que leen,
que este Padre no se calla,
que esta en pie y que da batalla
y da guerra sin cuartel,
y no por “matar” a aquel
del que venimos hablando
sino por serle fiel
a la Verdad eclipsada.
Y espero que lo entendamos…
Se trata de comprender:
es corrección fraterna.
Las cosas son como son,
y no hay nadie que lo cambie.
Por eso es que Monseñor
no es “atacau” por el Padre.
Son puntos sobre las “ies”,
los hechos son innegables.
                                                              En este momentos les pido…
Que miremos para arriba;
discutamos con honor
y en Verdad y sin diatriba.
Porque el Señor nos observa…
¡desde´l cielo esta mirando!,
que no nos vaya pasando
lo que yo tanto he temido:
Más se divida el rebaño,
POR ANDAR TAN CONFUNDIDO.
En estos versos apurados expreso mi posición.
El Padre Ceriani, como el mismo dice, no desprecia a Mons. Williamson, ni mucho menos.
Tampoco lo hace Radio Cristiandad que viene publicando los “Eleison”, esperando que Monseñor endurezca su posición respecto de las autoridades actuales de la FSSPX. Que la endurezca y ACLARE, porque de eso se trata.
Osko en Non Posummus     


fuente: Radio Cristiandad

PADRE JUAN CARLOS CERIANI: RESPUESTAS AL SITIO SPES – NON POSUMMUS

fuente :Radio cristiandad

Portada del sitio SPES
RESPUESTAS DEL PADRE CERIANI
El sitio SPES me formula una serie de preguntas. Ver:
Las mismas fueron retomadas por el sitio NON POSSUMMUS (las dos M son del original). Ver:
Ninguno de los dos sitios proporciona a sus lectores lo que motiva sus preguntas. Es decir, silencian mi artículo publicado en Radio Cristiandad: COMENTARIOS al Comentario Eleison 270 – ¿QUIÉN DIVIDE?
Ninguno de los dos sitios desmiente o refuta mis respuestas afirmativas (CIERTO) a cada uno de los trece interrogantes formulados a Monseñor Williamson.
Es más, en su segunda pregunta admiten, a regañadientes, que Monseñor Williamson ha cometido un error práctico.
Sin embargo, conforme a mis preguntas y respuestas, han sido cinco los errores prácticos; y algunos de ellos implican errores doctrinales, tanto respecto de la Misa bastarda montiniana, como de la Santa Misa Católica de Rito Romano; tanto respecto de la nulidad de la declaración de la Iglesia Conciliar de las inexistentes excomuniones de julio de 1988, como del “coraje apostólico” adjudicado al peor enemigo de la Obra de la Tradición, y todo lo que ambas cosas comportan.
Como lo digo en mi artículo,
podría multiplicar las preguntas y respuestas con el material de los Comentarios Eleison de los años 2009-2012, y hacer ver otros muchos errores, prácticos y doctrinales, de Monseñor Williamson.
Hasta el día de la fecha, de ninguno de ellos se ha retractado el señor Obispo.
Esto sólo bastaría para hacer ver lo injustificado de calificarlo como el único obispo que mantiene intacta la lucha por la Tradición.
Como seguramente estarán esperando mis respuestas, pasemos ellas.
1) ¿Por qué, Padre Ceriani, usted y otras personas cercanas a usted tanto se esfuerzan por tratar de dividir a los que luchan en contra de cualquier acuerdo entre la Tradición y la neo-Iglesia instalada en Roma?
Respuesta:
Si por personas cercanas a mí se entiende Radio Cristiandad, en mi nombre y en el de los responsables de la Radio niego que nos esforcemos por tratar de dividir a los que luchan en contra de cualquier acuerdo entre la Tradición y la neo-Iglesia instalada en Roma.
SPES y NON POSSUMMUS deberían probar primero lo que afirman.
Utilizando las palabras de Monseñor Williamson, digo que,
al enseñar y practicar la verdad de la Tradición Católica, dividimos a los que ahora, tarde e ineficazmente, se oponen tan sólo a un acuerdo práctico.
Pero, claramente la culpa por la división no recae ni sobre el Padre Ceriani ni sobre Radio Cristiandad, sino principalmente sobre aquellas autoridades de la Tradición que están torciendo la verdadera religión.
Una y otra vez les pidieron (el Padre y la Radio) a ellas “juzgar un justo juicio”, para que enfrentasen el problema central creado por su propio adulterio con la Iglesia Conciliar. Hasta el día de hoy, las autoridades de la Tradición rechazan tal confrontación. Una y otra vez la única respuesta de ellos ha sido: “¡Obediencia!” “¡Unidad!”. ¿No es evidente que su carencia de argumentos con respecto a las cuestiones básicas de la verdad sugiere que son ellos los verdaderos rebeldes y responsables de la división en la Tradición?
Recuerden los responsables de estos sitios las palabras de Monseñor Williamson en su Comentario Eleison 165:
“¿No podría la FSSPX, para obtener de Roma la preciada regularización que solamente Roma tiene la autoridad de otorgar, aceptar un acuerdo práctico a través del cual ninguna parte de la doctrina Católica sería negada, pero a través de la cual las diferencias doctrinales entre Roma y la FSSPX se pondrían entre paréntesis por el momento? ¿Necesitaría así existir una traición de aquellas grandes verdades que mencionamos anteriormente?
El mismo Monseñor Fellay contestó a esa pregunta brevemente en una entrevista que dio a Brian Mershon en Mayo de este año, publicado en el diario “Remnant”. Aquí sus palabras: “Es muy claro que cualquier solución práctica que se diera sin un sano fundamento doctrinal conduciría directamente al desastre … Nosotros tenemos todos estos ejemplos ante nuestros ojos – la Fraternidad de San Pedro, el Instituto de Cristo Rey y todos los demás están totalmente bloqueados a nivel de la doctrina porque primero aceptaron el acuerdo práctico.”
Pero ¿tiene que ser así? Interesante pregunta…”
¡Cómo no pensar en Carta Mercenaria!
Recuerden, los responsables de estos dos sitios, que las almas pueden ser salvadas con la disensión, pero no pueden ser salvadas sin la Verdad. Si las autoridades de la Tradición (incluyendo a Monseñor Williamson) están extraviando al pueblo, entonces es cuando la Verdad debe ser afirmada para traer al pueblo de vuelta al camino del Cielo, aún cuando eso sea causa de disensión. Aquí se ve cómo la Verdad está por encima tanto de la autoridad como de la unidad.
2) Aun admitiendo que el obispo Williamson ha cometido un error práctico, ¿no es cierto que él es actualmente el único obispo que mantiene intacta la lucha por la Tradición?
Respuesta:
¡No!. Mientras no se retracte, expresa y públicamente, de sus errores prácticos y doctrinales, y mientras no vuelva a asumir, expresa y públicamente, la misión que le fuera encomendada en junio de 1988 por Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio de Castro Mayer, Monseñor Williamson seguirá dividiendo, pero no por la prédica de la Verdad, sino por torcer de su fin la verdadera Obra de la Tradición.
No mantuvo ni mantiene intacta la lucha por la Tradición.
3) ¿No es cierto que el obispo Williamson es perseguido y atacado por los masones, judíos, liberales, modernistas, neo-conservadores y la propia dirección de la FSSPX –y por usted y otros próximos a usted?
Respuesta:
Es cierto que Monseñor Williamson es perseguido y atacado por los masones, judíos, liberales, modernistas, neo-conservadores y la propia dirección de la FSSPX, pero no siempre por mantener intacta la lucha por la Tradición, muchas veces por su propia culpa.
Como ejemplo puedo presentar su sermón del 17 de octubre de 2004 en Saint-Nicolas-du-Chardonnet, todo consagrado a defender la incipiente rebelión de los Padres Philippe Laguérie, Christophe Héry y Guillaume de Tanoüarn…, fundadores del Instituto del Buen Pastor.
Tampoco es cierto que el Padre Ceriani y Radio Cristiandad persigan al señor Obispo (suena ridículo).
Antes bien, habría que decir que el señor Obispo jamás asumió la defensa ni del que fuera su alumno y penitente, ni de la Radio que desde el principio lucha en contra de cualquier acuerdo entre la Tradición y la neo-Iglesia instalada en Roma.
En cuanto a recibir ataques de parte nuestra, no tantos como se merece por haber dividido las filas de la verdadera Tradición, y por haber promovido la mezcolanza de la Verdad Católica con el error Conciliar…
¡Nos hemos quedado cortos!
4) ¿Nunca erró ninguno de nuestros grandes papas? ¿León XIII? ¿Pío XI? ¿Pío XII? ¿Nunca cometieron errores prácticos? ¿Eso le quitaría su apoyo, Padre Ceriani?
Respuesta:
Los responsables de esta pregunta, ¿no responden a ella? ¿Me dejan la responsabilidad a mí?
Pues bien, no sólo León XIII, Pío XI y Pío XII, también otros Papas han cometido errores prácticos. Pero no se los hubiese podido apoyar en seguimiento de ellos.
En cuanto a Monseñor Williamson, repetimos, no podemos apoyarlo ni en sus errores prácticos ni en sus errores doctrinales, de los cuales todavía no se ha retractado.
Apoyarlo implica reconocer lo bien fundado del Motu proprio y del Decreto del 21 de enero de 2009, con todas sus consecuencias prácticas y doctrinales.
Apoyarlo implica llegar, como mínimo, a las discusiones doctrinales con la Roma anticristo (¡que burla a Monseñor Lefebvre y a las Consagraciones Episcopales del 30 de junio de 1988!) y al Preámbulo Doctrinal del 14 de septiembre de 2011, con Caja de Pandora bien abierta y desparramando atrocidades al interior de la Obra de la Tradición.
5) Además, ¿usted nunca se ha equivocado, Padre Ceriani, práctica o doctrinalmente?
Respuesta:
¿También tendré que responder a tal impertinencia?
Basta haber leído mi Carta de Dimisión, páginas 2 y 3, para hallar la respuesta…
Ella está publicada en Radio Cristiandad desde agosto de 2009…
Pero, tal vez, la mayoría de estos señores no entraban en la Radio para no contaminarse, siguiendo las órdenes de los mismos que hoy fomentan sitios anti…, anti no sé qué…
Pues, allí digo:
Lamento mucho no haber solicitado en aquel entonces a Monseñor Lefebvre una clara y tajante retractación de la firma de ese documento que, incluso hoy en día, es tema de discusión en la Fraternidad y un arma peligrosa en las manos de la Roma conciliar.”
Pido perdón a la Iglesia, a la Obra de la Tradición, a la Fraternidad y a todos los fieles por no haber reaccionado antes. ¡Perdón por mi mal ejemplo!
Y luego pasé a la acción, no me quedé en bellas palabras.
¿Han leído?, señores.
Pues otro tanto esperamos del señor Obispo.
¡Ya estamos cansados de Cartas Mercenarias y Comentarios Eleison bravucones!
6) ¿O es que desprecia a Monseñor Williamson, nuestro verdadero salvador episcopal, porque tiene la certeza de que el fin de los tiempos ocurrirán mañana, y que, por otra parte, contrariamente a lo que dijeron siempre los grandes doctores y el Magisterio de la Iglesia, Cristo viene aquí a reinar durante mil años?
Respuesta:
No desprecio a Monseñor Williamson.
Niego que, hoy por hoy, sea un verdadero salvador episcopal. Todavía pertenece a la F$$PX.
No tengo la certeza de que el fin de los tiempos ocurra mañana. En cambio, Monseñor Williamson lo ha pronosticado, más o menos, para 2018, en una conferencia dada en el Priorato de Buenos Aires.
¿Qué significa la expresión Cristo viene aquí a reinar durante mil años?
Si se refieren a lo que escribió el Padre Leonardo Castellani, demuestren el error.
En esto tienen buena compañía: ¡el Padre Bouchacourt!
7) Pero incluso descontando este último, que nos parece grave error doctrinal, ¿tiene usted las luces proféticas para considerar que la inminencia del fin de los tiempos no es una hipótesis, sino una certeza?
Respuesta:
Lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega.
No tengo ninguna luz profética.
Pero, si hicieran falta luces proféticas para considerar la inminencia del fin de los tiempos, no sólo los católicos serán sorprendidos como los hombres de la época del diluvio, sino que Nuestro Señor, San Pablo, San Pedro, San Judas, habrían dados inútilmente signos y señales para advertirlos, porque nunca sería inminente.
Por último, les repito que vuestro verdadero salvador episcopal lo anunció para el 2018.
Del mismo modo, Bartolomé Holzhauser, de quien el señor Obispo es entusiasta seguidor, anunció el nacimiento del Anticristo para el año 1855, y profetizó que viviría 55 años y medio, con lo cual la Parusía se habría producido ya durante el Pontificado de San Pío X.
De más está decir que hasta 2019, si es que el señor Obispo cometió otro error y allí llegamos, no responderé más preguntas provenientes de ustedes.
Con mis oraciones y mi bendición,
Padre Juan Carlos Ceriani

miércoles, 19 de septiembre de 2012

del Paternóster: «Fiat voluntas tua sicut in coelo et in terra»,


                            
            " EL PATER NOSTER de SANTA TERESA DE AVILA "

                         

palabras del Paternóster: 

 

«Fiat voluntas tua sicut in coelo et in terra», 

 lo mucho que hace quien dice estas palabras con toda determinación, y cuán bien se lo paga el Señor.

1. Ahora que nuestro buen Maestro nos ha pedido y enseñado a pedir cosa de tanto valor, que encierra en sí todas las cosas que acá podemos desear, y nos ha hecho tan gran merced como hacernos hermanos suyos, veamos qué quiere que demos a su Padre y qué le ofrece por nosotros y qué es lo que nos pide; que razón es le sirvamos con algo tan grandes mercedes. ¡Oh buen Jesús, que tampoco dais poco de nuestra parte como pedís para nosotros! Dejado que ello en sí es nonada para adonde tanto se debe y para tan gran Señor, mas cierto, Señor mío, que no nos dejáis con nada, y que damos todo lo que podemos; si lo damos como lo decimos, digo.
2. «Sea hecha tu voluntad; y como es hecha en el cielo, así se haga en la tierra». Bien hicisteis, nuestro buen Maestro, de pedir la petición pasada para que podamos cumplir lo que dais por nosotros; porque, cierto, Señor, si así no fuera, imposible me parece. Mas haciendo vuestro Padre lo que Vos le pedís de darnos acá su reino, yo sé que os sacaremos verdadero en dar lo que dais por nosotros; porque hecha la tierra cielo, será posible hacerse en mí vuestra voluntad. Mas sin esto, y en tierra tan ruin como la mía y tan sin fruto, yo no sé, Señor, cómo sería posible. Es gran cosa lo que ofrecéis.
3. Cuando yo pienso esto, gusto de las personas que no osan pedir trabajos al Señor, que piensan está en esto el dárselos luego. No.hablo en los que lo dejan por humildad, pareciéndoles no serán para sufrirlos; aunque tengo para mí que quien les da amor para pedir este medio tan áspero para mostrarle, le dará para sufrirlos. Querría preguntar a los que por temor no los piden de que luego se los han de dar, lo que dicen cuando suplican al Señor cumpla su voluntad en ellos, o es que lo dicen por decir lo que todos, mas no para hacerlo. Esto, hermanas, no sería bien. Mirad que parece aquí el buen Jesús nuestro embajador y que ha querido intervenir entre nosotros y su Padre, y no a poca costa suya; y no sería razón que lo que ofrece por nosotros dejásemos de hacerlo verdad, o no lo digamos.
4. Ahora quiérolo llevar por otra vía. Mirad, hijas: ello se ha de cumplir, que queramos o no, y se ha de hacer su voluntad en el cielo y en la tierra; creedme, tomad mi parecer, y haced de la necesidad virtud. ¡Oh Señor mío, qué gran regalo es éste para mí, que no dejaseis en querer tan ruin como el mío el cumplirse vuestra voluntad! Bendito seáis por siempre y alaben os todas las cosas. Sea glorificado vuestro nombre por siempre. ¡Buena estuviera yo, Señor, si estuviera en mis manos el cumplirse vuestra voluntad o no! Ahora la mía os doy libremente, aunque a tiempo que no va libre de interés; porque ya tengo probado, y gran experiencia de ello, la ganancia que es dejar libremente mi voluntad en la vuestra. ¡Oh amigas, qué gran ganancia hay aquí, o qué gran pérdida de no cumplir lo que decimos al Señor en el Paternóster en esto que le ofrecemos!
5. Antes que os diga lo que se gana, os quiero declarar lo mucho que ofrecéis, no os llaméis después a engaño y digáis que no lo entendisteis. No sea como algunas religiosas que no hacemos sino prometer, y como no lo cumplimos, hay este reparo de decir que no se entendió lo que se prometía. Y ya puede ser, porque decir que dejamos nuestra voluntad en otra parece muy fácil, hasta que, probándose, se entiende es la cosa más recia que se puede hacer, si se cumple como se ha de cumplir. Mas no todas veces nos llevan con rigor los prelados de que nos ven flacos; y a las veces flacos y fuertes llevan de una suerte. Acá no es así, que sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, y a quien ve con fuerza no se detiene en cumplir en él su voluntad.
6. Pues quiéroos avisar y acordar qué es su voluntad. No hayáis miedo sea daros riquezas, ni deleites, ni honras, ni todas estas cosas de acá; no os quiere tan poco, y tiene en mucho lo que le.dais y quiéreoslo pagar bien, pues os da su reino aún viviendo. ¿Queréis ver cómo se ha con los que de veras le dicen esto? -Preguntadlo a su Hijo glorioso, que se lo dijo cuando la oración del Huerto. Como fue dicho con determinación y de toda voluntad, mirad si la cumplió bien en El en lo que le dio de trabajos y dolores e injurias y persecuciones; en fin, hasta que se le acabó la vida con muerte de cruz.
7. Pues veis aquí, hijas, a quien más amaba lo que dio; por donde se entiende cuál es su voluntad. Así que éstos son sus dones en este mundo. Da conforme al amor que nos tiene: a los que ama más, da de estos dones más; a los que menos, menos, y conforme al ánimo que ve en cada uno y el amor que tiene a Su Majestad. A quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por El; al que amare poco, poco. Tengo yo para mí que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor. Así que, hermanas, si le tenéis, procurad no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, sino esforzaos a pasar lo que Su Majestad quisiere. Porque si de otra manera dais la voluntad, es mostrar la joya e irla a dar y rogar que la tomen, y cuando extienden la mano para tomarla, tornarla Vos a guardar muy bien.
8. No son estas burlas para con quien le hicieron tantas por nosotros. Aunque no hubiera otra cosa, no es razón burlemos ya tantas veces, que no son pocas las que se lo decimos en el Paternóster. Démosle ya una vez la joya del todo, de cuantas acometemos a dársela; es verdad que no nos da primero, para que se la demos. Los del mundo harto harán si tienen de verdad determinación de cumplirlo. Vosotras, hijas, diciendo y haciendo, palabras y obras, como a la verdad parece hacemos los religiosos; sino que a las veces no sólo acometemos a dar la joya, sino ponémossela en la mano, y tornámossela a tomar. Somos francos de presto, y después tan escasos, que valdría en parte más que nos hubiéramos detenido en el dar.
9. Porque todo lo que os he avisado en este libro va dirigido a este punto de darnos del todo al Criador y poner nuestra voluntad en la suya y desasirnos de las criaturas, y tendréis ya entendido lo mucho que importa, no digo más en ello; sino diré para lo que pone aquí nuestro buen Maestro estas palabras dichas, como quien sabe lo mucho que ganaremos de hacer este servicio a su Eterno Padre. Porque nos disponemos para que con mucha brevedad nos veamos acabado de andar el camino y bebiendo del agua viva de la fuente.que queda dicha. Porque sin dar nuestra voluntad del todo al Señor para que haga en todo lo que nos toca conforme a ella, nunca deja beber de ella.
Esto es contemplación perfecta, lo que me dijisteis os escribiese. Y en esto -como ya tengo escrito- ninguna cosa hacemos de nuestra parte, ni trabajamos, ni negociamos, ni es menester más, porque todo lo demás estorba e impide de decir «fiat voluntas tua»: cúmplase, Señor, en mí vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisiereis. Si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y vengan; si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro, Padre mío, ni es razón vuelva las espaldas. Pues vuestro Hijo dio en nombre de todos esta mi voluntad, no es razón falte por mi parte; sino que me hagáis Vos merced de darme vuestro reino para que yo lo pueda hacer, pues él me le pidió, y disponed en mí como en cosa vuestra, conforme a vuestra voluntad.
11. ¡Oh hermanas mías, qué fuerza tiene este don! No puede menos, si va con la determinación que ha de ir, de traer al Todopoderoso a ser uno con nuestra bajeza y transformarnos en sí y hacer una unión del Criador con la criatura. Mirad si quedaréis bien pagadas y si tenéis buen Maestro, que, como sabe por dónde ha de ganar la voluntad de su Padre, enséñanos a cómo y con qué le hemos de servir.
12. Y mientras más se va entendiendo por las obras que no son palabras de cumplimiento, más más nos llega el Señor a sí y la levanta de todas las cosas de acá y de sí misma para habilitarla a recibir grandes mercedes, que no acaba de pagar en esta vida este servicio. En tanto le tiene, que ya nosotros no sabemos qué nos pedir, y Su Majestad nunca se cansa de dar. Porque no contento con tener hecha esta alma una cosa consigo por haberla ya unido a sí mismo, comienza a regalarse con ella, a descubrirle secretos, a holgarse de que entienda lo que ha ganado y que conozca algo de lo que la tiene por dar. Hácela ir perdiendo estos sentidos exteriores, porque no se la ocupe nada. Esto es arrobamiento. Y comienza a tratar de tanta amistad, que no sólo la torna a dejar su voluntad, mas dale la suya con ella; porque se huelga el Señor, ya que trata de tanta amistad, que manden a veces -como dicen- y cumplir El lo que ella le pide, como ella hace lo que El la manda, y mucho mejor, porque es poderoso y puede cuanto quiere y no deja de querer.
13. La pobre alma, aunque quiera, no puede lo que querría, ni puede nada sin que se lo den. Y ésta es su mayor riqueza: quedar mientras más sirve, más adeudada, y muchas veces fatigada de verse sujeta a tantos inconvenientes y embarazos y atadura como trae el estar en la cárcel de este cuerpo, porque querría pagar algo de lo que debe. Y es harto boba de fatigarse; porque, aunque haga lo que es en sí, ¿qué podemos pagar los que, como digo, no tenemos qué dar si no lo recibimos, sino conocernos, y esto que podemos, que es dar nuestra voluntad, hacerlo cumplidamente? Todo lo demás, para el alma que el Señor ha llegado aquí, le embaraza y hace daño y no provecho, porque sola humildad es la que puede algo, y ésta no adquirida por el entendimiento, sino con una clara verdad que comprende en un momento lo que en mucho tiempo no pudiera alcanzar trabajando la imaginación, de lo muy nonada que somos y lo muy mucho que es Dios.
14. Doos un aviso: que no penséis por fuerza vuestra ni diligencia llegar aquí, que es por demás; antes si teníais devoción, quedaréis frías; sino con simplicidad y humildad, que es la que lo acaba todo,decir: «fiat voluntas tua».


En que trata la gran necesidad que tenemos de que el Señor nos dé lo que pedimos en estas palabras del Paternóster: «Panem nostrum quotidianum da nobis hodie».

1. Pues entendiendo, como he dicho, el buen Jesús cuán dificultosa cosa era ésta que ofrece por nosotros, conociendo nuestra flaqueza y que muchas veces hacemos entender que no entendemos cuál es la voluntad del Señor -como somos flacos y El tan piadoso-, y que era menester medio, porque dejar de dar lo dado vio que en ninguna manera nos conviene, porque está en ello toda nuestra ganancia; pues cumplirlo vio ser dificultoso, porque decir a un regalado y rico que es la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones para no entender esto, sino a su propósito; pues decir a un murmurador que es la voluntad de Dios querer tanto para su prójimo como para sí, no lo puede poner a paciencia ni basta razón para que lo entienda; pues decir a un.religioso que está mostrado a libertad y a regalo, que ha de tener cuenta con que ha de dar ejemplo y que mire que ya no son solas palabras con las que ha de cumplir cuando dice esta palabra, sino que lo ha jurado y prometido, y que es voluntad de Dios que cumpla sus votos, y mire que si da escándalo que va muy contra ellos, aunque no del todo los quebrante; que ha prometido pobreza, que la guarde sin rodeos, que esto es lo que el Señor quiere; no hay remedio aun ahora de quererlo algunos, ¿qué hiciera si el Señor no hiciera lo más con el remedio que puso? No hubiera sino muy poquitos que cumplieran esta palabra que por nosotros dijo al Padre, de «fiat voluntas tua».
Pues visto el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos pidió esta petición: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor».
Entendamos, hermanas, por amor de Dios, esto que pide nuestro buen Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrida por ello, y tened en muy poco lo que habéis dado pues tanto habéis de recibir.

2. Paréceme ahora a mí -debajo de otro mejor parecer- que visto el buen Jesús lo que había dado por nosotros y cómo nos importa tanto darlo y la gran dificultad que había -como está dicho- por ser nosotros tales y tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez, sino cada día, que aquí se debía determinar de quedarse con nosotros. Y como era cosa tan grave y de tanta importancia, quiso que viniese de la mano del Eterno Padre. Porque, aunque son una misma cosa, y sabía que lo que El hiciese en la tierra lo haría Dios en el cielo y lo tendría por bueno, pues su voluntad y la de su Padre era una, era tanta la humildad del buen Jesús que quiso como pedir licencia, porque ya sabía era amado del Padre y que se deleitaba en El. Bien entendió que pedía más en esto que ha pedido en lo demás, porque ya sabía la muerte que le habían de dar, y las deshonras y afrentas que había de padecer.

3. Pues ¿qué padre hubiera, Señor, que habiéndonos dado a su hijo, y tal hijo, y parándole tal, quisiera consentir se quedara entre nosotros cada día a padecer? -Por cierto, ninguno, Señor, sino el vuestro. Bien sabéis a quién pedís..¡Oh, válgame Dios, qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del Padre! Aun no me espanto tanto del buen Jesús, porque como había ya dicho «fiat voluntas tua», habíalo de cumplir como quien es. ¡Sí, que no es como nosotros! Pues como sabe la cumple con amarnos como a Sí, así andaba a buscar cómo cumplir con mayor cumplimiento, aunque fuese a su costa, este mandamiento. Mas Vos, Padre Eterno, ¿cómo lo consentisteis? ¿Por qué queréis cada día ver en tan ruines manos a vuestro Hijo? Ya que una vez quisisteis lo estuviese y lo consentisteis, ya veis cómo le pararon.
¿Cómo puede vuestra piedad cada día, cada día, verle hacer injurias? ¡Y cuántas se deben hoy hacer a este Santísimo Sacramento! ¡En qué de manos enemigas suyas le debe de ver el Padre! ¡Qué de desacatos de estos herejes!

4. ¡Oh Señor eterno! ¿Cómo aceptáis tal petición? ¿Cómo lo consentís? No miréis su amor, que a trueco de hacer cumplidamente vuestra voluntad y de hacer por nosotros, se dejará cada día hacer pedazos. Es vuestro de mirar, Señor mío, ya que a vuestro Hijo no se le pone cosa delante, por qué ha de ser todo nuestro bien a su costa. ¿Porque calla a todo y no sabe hablar por sí sino por nosotros? Pues ¿no ha de haber quien hable por este amantísimo Cordero?
He mirado yo cómo en esta petición sola duplica las palabras, porque dice primero y pide que le deis este pan cada día, y torna a decir «dádnoslo hoy, Señor». Pone también delante a su Padre. Es como decirle que ya una vez nos le dio para que muriese por nosotros, que ya nuestro es, que no nos le torne a quitar hasta que se acabe el mundo; que le deje servir cada día. Esto os enternezca el corazón, hijas mías, para amar a vuestro Esposo, que no hay esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra de ello.

5. ¡Oh Padre Eterno! ¡Qué mucho merece esta humildad! ¿Con qué tesoro compramos a vuestro Hijo? Venderle, ya sabemos que por treinta dineros; mas para comprarle no hay precio que baste. Como se hace aquí una cosa con nosotros por la parte que tiene de nuestra naturaleza y como señor de su voluntad, lo acuerda a su Padre, que pues es suya, que nos la puede dar. Y así dice: «pan nuestro». No hace diferencia de El a nosotros; mas hacémosla nosotros de El, para no nos dar cada día por Su Majestad.

Prosigue en la misma materia. -Es muy bueno para después de haber recibido el Santísimo Sacramento.

1. Pues en esta petición, «de cada día» parece que es «para siempre». Estando yo pensando por qué después de haber dicho el Señor «cada día», tornó a decir «dánoslo hoy, Señor», ser nuestro cada día, me parece a mí porque acá le poseemos en la tierra y le poseeremos también en el cielo, si nos aprovechamos bien de su compañía, pues no se queda para otra cosa con nosotros sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros.

2. El decir «hoy», me parece es para un día, que es mientras durare el mundo, no más. ¡Y bien un día! Y para los desventurados que se condenan, que no le gozarán en la otra, no es a su culpa si se dejan vencer, que El no los deja de animar hasta el fin de la batalla; no tendrán con qué se disculpar ni quejarse del Padre porque se le tomó al mejor tiempo. Y así le dice su Hijo que, pues no es más de un día, se le deje ya pasar en servidumbre; que pues Su Majestad ya nos le dio y envió al mundo por sola su voluntad, que El quiere ahora por la suya propia no desampararnos, sino estarse aquí con nosotros para más gloria de sus amigos y pena de sus enemigos; que no pide más de «hoy», ahora nuevamente; que el habernos dado este pan sacratísimo para siempre, cierto lo tenemos. Su Majestad nos le dio -como he dicho- este mantenimiento y maná de la Humanidad, que le hallamos como queremos, y que si no es por nuestra culpa, no moriremos de hambre; que de todas cuantas maneras quisiere comer el alma hallará en el Santísimo Sacramento sabor y consolación. No hay necesidad ni trabajo ni persecución que no sea fácil de pasar, si comenzamos a gustar de los suyos.

3. Pedid vosotras, hijas, con este Señor al Padre que os deje «hoy» a vuestro Esposo, que no os veáis en este mundo sin El; que baste, para templar tan gran contento, que quede tan disfrazado en estos accidentes de pan y vino, que es harto tormento para quien no tiene otra cosa que amar ni otro consuelo; mas suplicadle que no os falte y que os dé aparejo para recibirle dignamente..

4. De otro pan no tengáis cuidado las que muy de veras os habéis dejado en la voluntad de Dios; digo en estos tiempos de oración, que tratáis cosas más importantes, que tiempos hay otros para que trabajéis y ganéis de comer. Mas con el cuidado no curéis gastar en eso el pensamiento en ningún tiempo; sino trabaje el cuerpo, que es bien procuréis sustentaros, y descanse el alma. Dejad ese cuidado -como largamente queda dicho- a vuestro Esposo, que El le tendrá siempre.

5. Es como si entra un criado a servir; tiene cuenta con contentar a su señor en todo. Mas él está obligado a dar de comer al siervo mientras está en su casa y le sirve, salvo si no es tan pobre que no tiene para sí ni para él. Acá cesa esto; siempre es y será rico y poderoso. Pues no sería bien andar el criado pidiendo de comer, pues sabe tiene cuidado su amo de dárselo y le ha de tener. Con razón le dirá que se ocupe él en servirle y en cómo le contentar, que por andar ocupado el cuidado en lo que no le ha de tener no hace cosa a derechas.
Así que, hermanas, tenga quien quisiere cuidado de pedir ese pan; nosotras pidamos al Padre Eterno merezcamos recibir el nuestro pan celestial de manera que, ya que los ojos del cuerpo no se pueden deleitar en mirarle por estar tan encubierto, se descubra a los del alma y se le dé a conocer, que es otro mantenimiento de contentos y regalos y que sustenta la vida.

6. ¿Pensáis que no es mantenimiento aun para estos cuerpos este santísimo manjar, y gran medicina aun para los males corporales? Yo sé que lo es, y conozco una persona de grandes enfermedades que, estando muchas veces con graves dolores, como con la mano se le quitaban y quedaba buena del todo. Esto muy ordinario, y de males muy conocidos que no se podían fingir, a mi parecer. Y porque de las maravillas que hace este santísimo Pan en los que dignamente le reciben son muy notorias, no digo muchas que pudiera decir de esta persona que he dicho, que lo podía yo saber y sé que no es mentira. Mas ésta habíala el Señor dado tan viva fe, que cuando oía a algunas personas decir que quisieran ser en el tiempo que andaba Cristo nuestro bien en el mundo, se reía entre sí, pareciéndole que, teniéndole tan verdaderamente en el Santísimo Sacramento como entonces, que ¿qué más se les daba?

7. Mas sé de esta persona que muchos años, aunque no era muy perfecta, cuando comulgaba, ni más ni menos que si viera con los.ojos corporales entrar en su posada el Señor, procuraba esforzar la fe, para que, como creía verdaderamente entraba este Señor en su pobre posada, desocupábase de todas las cosas exteriores cuanto le era posible, y entrábase con El. Procuraba recoger los sentidos para que todos entendiesen tan gran bien, digo, no embarazasen al alma para conocerle. Considerábase a sus pies y lloraba con la Magdalena, ni más ni menos que si con los ojos corporales le viera en casa del fariseo. Y aunque no sintiese devoción, la fe la decía que estaba bien allí.

8. Porque, si no nos queremos hacer bobos y cegar el entendimiento, no hay que dudar; que esto no es representación de la imaginación, como cuando consideramos al Señor en la cruz o en otros pasos de la Pasión, que le representamos en nosotros mismos como pasó. Esto pasa ahora y es entera verdad, y no hay para qué le ir a buscar en otra parte mas lejos; sino que, pues sabemos que mientras no consume el calor natural los accidentes del pan, que está con nosotros el buen Jesús, que nos lleguemos a El. Pues, si cuando andaba en el mundo, de sólo tocar sus ropas sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará milagros estando tan dentro de mí, si tenemos fe, y nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje.

9. Si os da pena no verle con los ojos corporales, mirad que no nos conviene, que es otra cosa verle glorificado, o cuando andaba por el mundo; no habría sujeto que lo sufriese, de nuestro flaco natural, ni habría mundo ni quien quisiese parar en él; porque en ver esta verdad eterna, se vería ser mentira y burla todas las cosas de que acá hacemos caso. Y viendo tan gran majestad, ¿cómo osaría una pecadorcilla como yo, que tanto le ha ofendido, estar tan cerca de El? Debajo de aquel pan está tratable; porque si el rey se disfraza no parece se nos daría nada de conversar sin tantos miramientos y respetos con El; parece está obligado a sufrirlo, pues se disfrazó. ¡Quién osara llegar con tanta tibieza, tan indignamente, con tantas imperfecciones!

10. ¡Oh, cómo no sabemos lo que pedimos, y cómo lo miró mejor su sabiduría! Porque a los que ve se han de aprovechar de su presencia, El se les descubre; que aunque no le vean con los ojos corporales, muchos modos tiene de mostrarse al alma por grandes sentimientos interiores y por diferentes vías. Estaos vos con El de buena gana. No perdáis tan buena sazón de negociar como es la.hora después de haber comulgado. Si la obediencia os mandare, hermanas, otra cosa, procurad dejar el alma con el Señor; que si luego lleváis el pensamiento a otra y no hacéis caso ni tenéis cuenta con que está dentro de vos, ¿cómo se os ha de dar a conocer? Este, pues, es buen tiempo para que os enseñe nuestro Maestro, y que le oigamos y besemos los pies porque nos quiso enseñar, y le supliquéis no se vaya de con vos.

11. Si esto habéis de pedir mirando una imagen de Cristo que estamos mirando, bobería me parece dejar la misma persona por mirar el dibujo. ¿No lo sería, si tuviésemos un retrato de una persona que quisiésemos mucho y la misma persona nos viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener toda la conversación con el retrato? ¿Sabéis para cuándo es muy bueno y cosa en que yo me deleito mucho? Para cuando está ausente la misma persona, o quiere darnos a entender lo está con muchas sequedades, es gran regalo ver una imagen de quien con tanta razón amamos. A cada cabo que volviésemos los ojos, la querría ver. ¿En qué mejor cosa ni más gustosa a la vista la podemos emplear, que en quien tanto nos ama y en quien tiene en sí todos los bienes? Desventurados estos herejes que han perdido por su culpa esta consolación, con otras.

12. Mas acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma y miraros al corazón; que yo os digo, y otra vez lo digo y muchas lo querría decir, que si tomáis esta costumbre todas las veces que comulgareis, y procurad tener tal conciencia que os sea lícito gozar a menudo de este bien, que no viene tan disfrazado que, como he dicho, de muchas maneras no se dé a conocer, conforme al deseo que tenemos de verle. Y tanto lo podéis desear, que se os descubra del todo.

13. Mas si no hacemos caso de El, sino que en recibiéndole nos vamos de con El a buscar otras cosas más bajas, ¿qué ha de hacer? ¿Hanos de traer por fuerza a que le veamos que se nos quiere dar a conocer? No, que no le trataron tan bien cuando se dejó ver a todos al descubierto y les decía claro quién era, que muy pocos fueron los que le creyeron. Y así harta misericordia nos hace a todos, que quiere Su Majestad entendamos que es El el que está en el Santísimo Sacramento. Mas que le vean descubiertamente y comunicar sus grandezas y dar de sus tesoros, no quiere sino a los que entiende que mucho le desean, porque éstos son sus.verdaderos amigos. Que yo os digo que quien no le fuere y no llegare a recibirle como tal, habiendo hecho lo que es en sí, que nunca le importune porque se le dé a conocer. No ve la hora de haber cumplido con lo que manda la Iglesia, cuando se va de su casa y procura echarle de sí. Así que este tal, con otros negocios y ocupaciones y embarazos del mundo, parece que lo más presto que puede, se da prisa a que no le ocupe la casa el Señor de él.