jueves, 28 de enero de 2010

CICLO PASCUAL

El ciclo de Navidad, que hemos terminado con la sexta semana de Epifanía, forma un conjunto hermoso y perfecto, pero es algo inacabado. Todo en él se relaciona con un nuevo ciclo, que va a ser como su complemento, desde el punto de vista dogmático, histórico y litúrgico. Es el ciclo pascual. Hemos adorado, entre explosiones de júbilo, la Majestad del Divino Rey, presente en medio de nosotros; ahora va a aparecer delante de nosotros la figura doliente del Salvador. El Niño que nació en Noche buena no nos salvará sino por los trabajos y la muerte. La escena cambia por completo. La Iglesia, en su Liturgia , va a recorrer ahora un camino de sombras y de dolores,con el fin de asociarse a la Pasión de su Esposo y de participar luego en su pascua y en su vida de resucitado. Esto exige de nosotros un duro combate, una vida de mortificación y renunciamiento, que nos conseguirá infaliblemente la victoria. Nos acompaña la certidumbre de que saldremos vencedores, porque Cristo, que vive en nosotros, lucha y padece en nosotros, que somos sus miembros. Su resurrección será nuestra resurrección. Cristo vino al mundo para vencer el pecado en nosotros; esta victoria es la obra que su Padre le encargó hacer. El nuevo ciclo, el ciclo Pascual, lo mismo que el ciclo de Navidad,se divide en tres grandes periodos: 1.preparación: Septuagésima,Cuaresma y Pasión.2. Pascua:desde el Domingo de Resurrección hasta el de la Trinidad.3. Tiempo después de Pentecostés: desde la Trinidad hasta el Adviento.

La Iglesia va llevando a los fieles a través de este recorrido litúrgico con un tino altamente pedagógico. la preparación se realiza en tres etapas distintas, hasta llegar a las trágicas angustias de la Semana.

Ahora empezamos a recorrer la primera etapa del tiempo de preparación, lo que, del primer Domingo que lo constituye, se llama tiempo de Septuagésima, especie de pórtico colocado antes del tiempo de ayuno. sus tres Domingos, que se llaman:de Septuagésima, Sexagésima y de Quincuagésima, y de una manera general, no con toda exactitud, nos indican que dentro de setenta, sesenta y cincuenta días celebramos la fiesta de Pascua. su Liturgia forma un conjunto bellamente construido. Las estaciones de la Misa nos llevan a las tres grandes Iglesias romanas de San Lorenzo, el gran diácono; de San Pablo, el Apóstol de las gentes, y de San Pedro, el Vicario de Cristo. Las lecturas del Breviario nos recuerdan a los tres grandes patriarcas de los primeros tiempos de la humanidad: Adán, Noé y Abrahan. Adán, el primer padre, autor de la culpa, nos recuerda a Cristo el segundo Adán que la borró; Noé, con su barca, figura la salvación de los hombres por el agua del bautismo, que los introduce en la Iglesia. Abrahan, sacrificando a su hijo , evoca ante nosotros el sacrificio del Calvario. Los Evangelios de estos tres Domingos están también unidos por una lógica secreta y profunda: en el primero, el cristiano recibe la invitación de Dios; en el segundo, el Señor le señala su tarea; en el tercero, le declara la finalidad de su trabajo:la iluminación por el bautismo, la alegría de Pascua, la gloria del cielo. Aunque organizada en vista de los catecúmenos, que por estos días daban ya sus nombres para ser bautizados en la noche del Sábado Santo, esta liturgia señala a todos los fieles un programa de renovación anual, que deben adoptar y vivir con alegría y entusiasmo.

Esta disposición del tiempo de Septuagésima en su forma actual data del tiempo de San Gregorio Magno, aunque ya en algunos textos anteriores se alude a este período de transición entre los júbilos de Epifanía y las austeridades de la Cuaresma. No ha llegado todavía el tiempo del ayuno; pero el color verde es reemplazado por el morado,símbolo de penitencia; se suprime el Gloria en la Misa, y el Aleluya se suspende hasta el día de Pascua. En las lecturas de la noche se nos habla de la caída de nuestros primeros padres, de su expulsión del paraíso terrenal, y recordamos, sin querer, las palabras del Salmo: ¿ Como cantaremos el cántico del Señor en una tierra extraña? El Aleluya es reemplazado por una melodía salmódica, de un canto lento y triste: el Tracto.

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